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¿Mostrará Occidente algo de firmeza en Siria?

El ardiente empeño del presidente en permanecer fuera de Siria ha creado una brecha por la que Rusia ha podido entrar.

Max Boot
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EFE

Noticias sorprendentes procedentes Siria; es decir, resultan sorprendentes si se es tan crédulo como para creer lo que diga Vladímir Putin. El 27 de febrero, el mandatario ruso, en compañía de Estados Unidos, entre otros, anunció un alto el fuego en Siria. Y el 14 de marzo comunicó que Rusia retiraba la mayor parte de sus fuerzas de territorio sirio. Pero la realidad se aleja sustancialmente de ambas afirmaciones.

El Washington Post advierte que "el actual nivel de actividad [rusa] indicaría que la retirada ha sido mínima, en el mejor de los casos". Sí, puede que hayan disminuido los ataques realizados por aviones rusos y que parte de esas aeronaves hayan vuelto a Rusia. Pero aumentan los ataques efectuados por helicópteros Mi-28N; uno de ellos se estrelló esta semana y sus dos tripulantes resultaron muertos. Moscú achaca lo sucedido a las condiciones meteorológicas. Entretanto, hay Fuerzas Especiales Spetsnaz en el frente, solicitando ataques aéreos, y los asesores rusos se dedican a adiestrar a las fuerzas sirias.

Se dice que los rusos están preparándose para ayudar al Gobierno sirio y a sus aliados iraníes a tratar de recuperar Alepo, la mayor ciudad del norte de Siria, actualmente en poder de los rebeldes. El New York Times informa de que el alto el fuego –que ha traído consigo una reducción, que no la desaparición, de la violencia–, amenaza con colapsar. En realidad, pese a latregua (de la que están excluidos el ISIS y el Frente Al Nusra), el Gobierno no interrumpió en ningún momento su ofensiva militar; Asad podría alegar, en cualquier caso, que atacaba a miembros de esos dos grupos terroristas. Para el dirigente sirio, cualquiera que se le oponga, por muy pacíficamente que sea, es, por definición, un terrorista. Naturalmente, los rebeldes contraatacaron y también violaron el alto el fuego.

El Washington Post señalaba en un editorial de la semana pasada cómo la violación de la tregua revela la ineficacia norteamericana:

Con la tregua amenazando con romperse por completo, el grupo de trabajo establecido por Rusia y Estados Unidos para controlar las violaciones de la misma parece prácticamente inútil. Al no existir ningún mecanismo que asegure el cumplimiento [del alto el fuego], no ha habido respuesta a los ataques ni al bloqueo de la ayuda humanitaria. El lunes, el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, declaró que "lo que hemos visto es que el régimen de Asad sigue siendo el principal infractor, entre comillas". Pero, por lo que respecta a las consecuencias, admitió: "No se han producido".

Según el Wall Street Journal, puede que las consecuencias estén a punto de producirse. Anteayer, Adam Entous escribía en dicha publicación:

La Agencia Central de Inteligencia y sus socios regionales han trazado planes para suministrar armas más potentes a los rebeldes moderados de Siria que combaten al régimen respaldado por Rusia, en caso de que la tregua, que lleva en vigor seis semanas, se rompa.

Esperemos que la CIA y sus socios puedan llevar a cabo esos planes. De ser así, sería prácticamente la primera vez que el presidente Obama adoptara una postura firme respecto a Siria, que se ha convertido en el peor desastre humanitario y estratégico del mundo; una guerra en la que ha muerto medio millón de personas y que ha expulsado de sus hogares a millones de sirios (el New Yorker cuenta en un artículo fascinante cómo los investigadores internacionales están documentando los crímenes de guerra de Asad).

Por desgracia, ni siquiera ahora hay indicios de que Obama esté considerando en serio medidas como zonas de exclusión aérea y zonas de seguridad, que deberían haberse adoptado hace cinco años y que podrían haber impedido el auge del Estado Islámico, el derramamiento masivo de sangre y el éxodo de refugiados, que desborda a los países vecinos. En cambio, en la entrevista que Jeff Goldberg le hizo para el Atlantic, el presidente afirmó estar "orgulloso" de su falta de respuesta ante la línea roja siria y de su fracaso generalizado a la hora de implicarse más activamente en la catástrofe del país.

El ardiente empeño del presidente en permanecer fuera de Siria ha creado una brecha por la que Rusia ha podido entrar. Vladímir Putin es un sinvergüenza al que no le importan ni la verdad ni la ética, pero está dando una lección a Obama: ha demostrado cómo usar de manera eficaz y en dosis comedidas el poder militar para alcanzar sus objetivos, que no son la paz y una transición a un futuro en el que Asad no esté presente, sino más bien blindar en el poder al régimen alauita y permitirle seguir cometiendo crímenes de guerra.

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