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Pedro de Tena

Asco, gentuza y kétchup

Sí, España es un asco, está dominada por aparatos donde la gentuza, no las personas de buena voluntad, es la que manda en casi todo.

Pedro de Tena
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Todos somos candidatos a asquerosos, dice Santiago Lorenzo en su novela Los asquerosos. Pero hay asquerosos supremos, no asquerosos sin más, sino los que más. Esos son los que, en lugar de retirarse del mundo o multiplicarse por cero para no contagiar su asquerosidad a los demás y desaparecer del mapa, se empeñan en infectar su enfermedad moral a todos los demás. Véase por ejemplo como campeón de la semana en asquerosidad a Pablo Echenique, que, tras conocer la pedrada sufrida por Rocío de Meer, diputada de Vox, en Sestao durante un acto político, comentaba que la sangre que sale de su ceja sólo es un poco de kétchup y que lo ocurrido sólo es un bulo de la extremaderechafake. Y luego añadía en tono solemne que nuestra democracia tiene un boquete.

Claro, claro. Es que la derechona de antes e incluso el PSOE más digno, que quisieron vivir de pie y no de rodillas ante la gentuza asesina de ETA, gastaron muchos botes de kétchup en simular la sangre que manó de los cuerpos de los 829 asesinados por estos criminales que ahora presumen de democracia. Que el asqueroso éste de Echenique, que, con su asqueroso jefe, Pablo Iglesias, y su cúpula asqueante decidan ser intermediarios entre los asesinos y este Gobierno de España blanqueando crímenes y propagando la amnesia ante sus ejecuciones sumarísimas ya da mucho asco. Pero que, cuando una diputada española es agredida por los demócratas amigos de ETA, diga que la sangre que recorrió su cara era kétchup es más que asqueroso.

De este modo, mintiendo y deformando como le da la gana, habla de que nuestra democracia tiene un boquete. Eso es cierto porque por ese boquete han entrado él y muchos de los que usurparon a los ingenuos indignados a los que manipularon hasta hacerse con el control político, como siempre hicieron los comunistas, tanto leninistas, como bolivarianos como castristas. Por ese boquete se nos ha colado su jefe, Pablo Iglesias, que ha mentido ante un tribunal sobre el caso de la tarjeta sim del teléfono de otra mentirosa de la gentuza, la tal Dina Bousselham, que primero dijo que se la había dañado a conciencia el asqueroso supremo, luego que no, y todo ello con algún fiscal ironman de por medio que, de confirmarse que sopló en la oreja judicial de Podemos las intenciones de un juez, será otro asqueroso supremo.

La verdad es que estamos siendo gobernados a golpe de decreto, no por una izquierda con un propósito, errado o no, de promover el interés general. Estamos siendo gobernados por una gentuza inmisericorde donde mienten a todas horas, acumulándose sus falsedades en forma de un Himalaya, como retrató al comunismo patrio el socialista Julián Besteiro. Ya se ha repetido mucho lo de la tesis doctoral cum fraude de todo un presidente del Gobierno que en cualquier país digno ya habría dimitido sólo por aquella trola y la que le siguió, la del falso comunicado de la Moncloa. Y luego dijo que nunca pactaría con Podemos, que le quitaba el sueño la coleta de su ahora vicepresidente. Y luego ese aspirante a Gran Hermano supremo que quiere controlar desde el CNI a la asquerosa TVE, poco después de presumir moralmente de un pisito en Vallecas se compró una mansión en Galapagar con un dinero que nadie tiene claro de dónde salió. Y lo de Irán, y lo de la Venezuela chavista y tantas y tantas mentiras y asquerosidades que puestas todas en pie –cosa que es menester concentrar en un libro–, y lo de Marlaska y lo del vírico Simón y… (y no volvemos la vista atrás desde el caso Guerra a los ERE, pasando por otro Himalaya de corrupción).

Sí, España es un asco, está dominada por aparatos donde la gentuza, no las personas de buena voluntad, es la que manda en casi todo. Pero a veces el asco es tan demasiado, como el que ha causado Echenique, que Vox comienza a hacerse simpático e incluso necesario. ¿Extrema derecha y violenta? Aquí el violento ha sido el o la de la pedrada a Rocío de Meer. Quienes han reventado actos, cercado sedes de partidos y escracheado a personas han sido otros, los que siguen las consignas de la gentuza. Alguien tiene que plantarse para que España se cure de esta epidemia de gentuza asquerosa que sufrimos desde hace demasiados años.

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