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Pedro de Tena

Podemos no es tal como éramos

Han pasado directamente de la manipulación de millones de indignados a la nomenclatura sin control que apagará lo que no interese que siga encendido.

Algunos más bien pocos de los sesentones que aún poblamos esta desgraciada nación –desgraciada porque no se quiere a sí misma–, que es España, tuvimos una juventud no sé si romántica o estulta en la que nos propusimos cambiar el mundo, la vida y España. Eran los tiempos del final de la dictadura y la pequeña oposición al régimen franquista estaba influida intelectualmente por el marxismo de bolsillo y por la Iglesia y sus reinterpretaciones del anarquismo pacifista –de donde surgió la CNT que, como saben, ha sido aniquilada conscientemente por los herederos de Lenin– y del personalismo de Mounier. Ciertamente Podemos desciende en línea directa de aquellos comunistas descarriados que se desgajaban del barco del PCE, PCI, PTE, Joven Guardia Roja, OMLE, etc... cuya diferencia con el útero materno es que querían mandar ellos y en exclusiva. Como Podemos ha hecho con IU. Nada nuevo bajo el sol. Toda la parafernalia del discurso de "las bases", ahora círculos, no es más que la reedición, mucho más breve, del asambleísmo que convenía a unos comunistas expertos en manipular las reuniones masivas. De hecho, en menos de dos años, casi los han liquidado a todos.

Pero hubo otra juventud, situada en las antípodas del marxismo leninismo, si bien buena conocedora de sus doctrinas, que bebió intelectual y, sobre todo, moralmente del libertarismo pacifista más puro, muy alejado de la FAI (versión anarquista del totalitarismo) y de la interpretación cristiana del socialismo en general. Hasta Niezsche sabía que el socialismo no era otra cosa que un cristianismo laico. Tenía un fundamento kantiano, esto es, liberal en origen, defensor de cada ser humano como fin en sí mismo y no meramente como un medio. Trataba de aliviar la situación de "los pobres", he ahí lo cristiano, una categoría en la que entraba naturalmente "la clase obrera", mediante una organización social diferente y participativa en la que todos y cada uno de los dependientes (hay unos que tienen, otros que no tienen y los que no tienen trabajan para los que tienen) pudieran participar con su trabajo y sus decisiones. Frente a quienes proclamaban la conquista del poder político para establecer una dictadura con el Estado como único propietario y guardián, se trataba de hacer ascender un poder legítimo condicionante de los demás poderes reales y fácticos, gradualmente desde la propia asociación de los trabajadores –ahorro, consumo, salud, trabajo...– con el debido respeto a la esencia individual y personal de la base. Esto es, a los pobres había que promocionarlos, no que manipularlos y siempre desde la ejemplaridad personal, la moralidad.

Ha llovido mucho, sobre todo en contra de esta ingenua utopía, pero una cosa está clara. Podemos no tiene nada que ver con esta segunda juventud rebelde nacida en la clandestinidad y aniquilada en la transición. Se dirá que muchos de aquellos jóvenes éramos imbéciles en el peor sentido de la palabra imbécil, bobos, ignorantes, lo que se quiera. Pero no éramos malos ni perversos ni aprendices de dictadores. Quizá lo que se perseguía era imposible y quizá lo que algunos en las élites políticas deseaban era frenar como fuese el terremoto comunista que muchos temían entonces. Recuerdo, por poner un ejemplo relevante, que en la empresa en la que trabajé seis años, González Byass, las decisiones sobre huelgas o convenios se votaban individualmente en urnas de manera secreta. Donde dominaba el sindicalismo comunista o socialista, la mano alzada vencía con el estruendo de la piquetería organizada.

Lo cierto es que para nosotros el Primero de Mayo era una conmemoración de la rebelión de los trabajadores por los tres ochos derivada de una tragedia ocurrida en Chicago en 1886 y los excesos de la industrialización: ocho horas de descanso, ocho de educación y familia y ocho de descanso. ¿Cómo se ha podido llegar a una celebración del Primero de Mayo donde nadie ha recordado nada de lo importante? Porque las organizaciones sindicales derivadas del marxismo han cumplido su papel de anestésico social, de poner su potencia al servicio de los partidos de la izquierda y se han corrompido en el intento vía subvenciones. Ni en esto Podemos es tal como éramos. Si se repasa su estructura y su composición, no hay trabajadores, obreros, en su dirección. Han pasado directamente de la manipulación de millones de legítimos indignados a la nomenclatura sin control que apagará lo que no interese que siga encendido. Como decía un viejo profesor, son el precipitado de unas ideologías frías, a veces, gélidas hasta la muerte.

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