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Tonterías, numeritos y maniobras en el futuro inmediato andaluz

Si realmente se pretende desmontar la tela de araña tejida por un PSOE a lo largo de casi 40 años, será preciso contar con "ingenieros" capacitados.

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Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo | EFE

Las primeras horas de la nueva legislatura del Parlamento andaluz, la XI desde 1982, que inaugura un nuevo tiempo en el que el PSOE no podrá controlar ni el Parlamento ni el Gobierno andaluces, ya han exhibido algunos comportamientos que prefiguran cuál va a ser el nivel y los conflictos de este nuevo tiempo.

El más llamativo de ellos, el del PSOE andaluz y en especial, de su secretaria general, Susana Díaz, llamando "pacto de la vergüenza" al establecido por el PP y Ciudadanos con el apoyo muy condicional de Vox y calificando a Ciudadanos como "felpudo naranja" para la extrema derecha en Andalucía. Sólo fue superada por su compañero de partido, Rafael Simancas, calificando los acuerdos para la Mesa del Parlamento andaluz como "traición a España".

Si a esto unimos la proclama españolista de la trianera en los días precedentes contra su propio Gobierno, que es quien pacta con la extrema izquierda, los golpistas separatistas, el separatismo nacionalista vasco e incluso con los herederos de ETA, resulta evidente que ni siquiera hará falta que alguien trame cortarle la cabeza porque, al parecer, ya la ha perdido.

Susana Díaz, que sigue sin aceptar responsabilidad alguna por los resultados electorales, no ha parado de perder votos y eventos desde 2013. Perdió su batalla decisiva, las primarias socialistas y ahora es la primera personalidad socialista andaluza en perder la joya de la corona, la Junta de Andalucía. Los sanchistas le recomendaron ceder la presidencia a Ciudadanos a cambio de mantener el régimen, pero no quiso. Ahora, está a centímetros de la puerta para cerrarla… por fuera.

Por si fuera poco, evidenció este jueves un acercamiento a Podemos e IU con su voto favorable a una candidata a la presidencia del Parlamento perteneciente a la coalición de extrema izquierda, contradiciendo todo su discurso anterior y todo su comportamiento a lo largo de estos años. En una democracia seria, pueden ganarse o perderse las elecciones. Lo que no puede perderse es la identidad y el respeto a las reglas. Pero la cosa no pinta bien. Parece que la democracia sólo debe respetarse cuando es la izquierda la que gana las elecciones, no cuando las pierde.

Los numeritos de la doble A

Tampoco pinta bien la estrategia de la tensión diseñada desde este jueves por la formación morada aliada con Izquierda Unida. Conociendo perfectamente el reglamento del Parlamento andaluz y lo que ocurrió en 2015, decidieron montar un numerito para hacerse notar desde el principio en el nuevo Parlamento. Negándose a acuerdos para evitar su exclusión, lograron finalmente ser excluidos para protestar luego por ello.

Lo que no parecieron percibir, y por ello podemos incluir su comportamiento en el capítulo de tonterías, es que tal decisión hizo que PP y Ciudadanos no necesiten a Vox para tener el control de una Mesa en el que sus cuatro puestos son suficientes para ganar siempre a un PSOE que sólo tiene dos. Dicho de otro modo, si querían identificar a PP y Ciudadanos con la supuesta extrema derecha de Vox, han tirado por la borda la oportunidad.

Además, está su comportamiento escasamente democrático. Ya en la noche electoral salieron a la calle para protestar por un resultado que evidencia que han perdido 400.000 votos y 3 escaños desde 2015. Y este jueves, salieron a la palestra parlamentaria con un desacato a la nueva presidenta del Parlamento andaluz que dejó claro cuál es el camino que quieren recorrer. Todo ello, sin que ni Teresa Rodríguez ni Antonio Maíllo, gran perdedor y enterrador del grupo parlamentario de IU, asuman responsabilidad alguna por su descalabro.

Las maniobras para la formación del nuevo gobierno

De todos es conocido que el PP andaluz está dividido en tres grandes sectores. El que apoyó a Pablo Casado, pro-cospedalianos inclusos, el que apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría y el que, al margen de lo anterior y de todo, sostiene Javier Arenas que, por cierto, no estuvo presente ayer en la sesión constitutiva. Ayer mismo se comprobó cómo Esperanza Oña, del grupo de Casado, era marginada, por ahora, de toda opción en el nuevo gobierno ocupando un puesto en la Mesa de la Cámara andaluza a la espera quizá de un más alto destino.

Habrá que ver qué decisión adopta Pablo Casado y cómo la coordina con las decisiones de quien ya es virtual presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, que apoyó expresamente a la entonces vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Haber aceptado ceder la mitad del gobierno a Ciudadanos, además de la presidencia del Parlamento, reduce los puestos y las opciones para el PP andaluz, aunque, naturalmente, hay una larga relación de cargos para ser distribuidas entre las familias.

Como bien señala hoy José Alejandro Vara, sin la presencia de Casado en la campaña, el resultado electoral del PP podría haber sido mucho peor del que ha sido, 300.000 votos menos y 7 escaños perdidos. Ahora se trata de ver cómo Javier Arenas, que sigue teniendo poder real en el PP andaluz y en todas las provincias, aunque especialmente en Sevilla y Almería, trata de colocar a los propios, por ejemplo, a Antonio Sanz, presidente del PP de Cádiz y su mano derecha más que servicia durante más de una década. En el mismo caso está la almeriense Carmen Crespo o la presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, arenista alineada con Juanma Moreno. Y la ex ministra sorayista Fátima Báñez, y Teófila Martínez y...

Por parte de Casado, tiene que decidir qué papel va a jugar su muy cercano José Ortiz Galván, alcalde de Vejer, que sustituyó a Arenas en la portavocía del Senado. Tiene además una larga lista de candidatos próximos a Juan Ignacio Zoido, que apoyó a Cospedal con la que llegó a un acuerdo de apoyo mutuo.

Claro que queda el equipo directo e íntimo de Moreno Bonilla, desde Elías Bendodo a su jefa de gabinete Pamela Hoyos, pasando por Toni Martín, su comunicador o la gaditana, a caballo entre el arenismo y el sorayismo, Ana Mestre.

Queda por ver qué se hará con José Luis Sanz, alcalde de Tomares, liberado ya de los problemas que lo han tenido en un segundo plano, pero que fue candidato alternativo de Juan Manuel Moreno para presidir el PP andaluz. Y ahí está asimismo José Antonio Nieto, exalcalde de Córdoba y ex alto cargo de Interior. Y la cualificada Alicia Martínez o la sacrificada exdiputada por Cádiz, casadista y meritoria, María Teresa Ruiz Sillero, martillo pilón de la corrupción socialista en la pasada legislatura.

Por parte de Ciudadanos, que parece bien unido en torno a Juan Marín, tiene en su seno importantes discrepancias, como se ha demostrado en el caso de Luis Salvador, desaparecido en la taifa de Granada y del que poco se sabe y el portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Sevilla, Javier Millán, perjudicado por su testimonio en el caso ERE contra el régimen socialista que, dicho por él mismo, organizó una "cacería" para eliminarlo.

En el actual funcionamiento de Ciudadanos, es el clan de la Manzanilla, dirigido por familiares y amigos sanluqueños de Juan Marín, el que corta el bacalao, pero la presencia importantísima de Inés Arrimadas en la campaña electoral permite deducir que no todo el reparto será del gusto de Juan Marín. Además, estarán los compromisos, cómo no, de Albert Rivera, en la distribución de cargos, muchos, por cierto, de los que dispondrá Ciudadanos.

Un nombre que parece indiscutido es el de Javier Imbroda para la consejería de Cultura, Deportes y Turismo, o como vaya a llamarse en adelante. Nadie dice nada sobre la posibilidad de que Luis Salvador sea titular de alguna consejería con lo que parece destinarse a la alcaldía de Granada.

Fuera de este juego quedará Vox que no ha querido participar en el reparto de consejerías ni altos cargos pero que también tendrá vela en la novena larga que queda hasta la sesión de investidura porque, en algún caso, podría vetar algunos nombramientos decididos por las otras dos cúpulas. El más que estrecho control que Santiago Abascal ejerce sobre su partido en Andalucía así parece indicarlo. Por si fuera poco, blande con ardor la bandera de unas "nuevas elecciones andaluzas" si Ciudadanos, vía Manuel Valls, sigue equiparando a Vox con partidos golpistas. Cuidado.

De todas formas, si realmente se pretende desmontar la tela de araña tejida por un PSOE a lo largo de casi 40 años, será preciso contar con "ingenieros" muy capacitados para diseñar, no un remiendo, sino un proyecto de futuro que impida a ningún partido ocupar espacios sociales y civiles para impedir la alternancia democrática.

Ahora es el centro derecha el que debe demostrar capacidad, talante y eficacia y dar voz a las muchas personas y empresas que fueron marginadas, sin respeto alguno a la legalidad y a la pluralidad, de toda presencia en la vida andaluza. Por poner un ejemplo cercano, esRadio es una muestra de la exclusión de los discrepantes que ha asolado la vida andaluza desde hace años.

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