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Pedro de Tena

Veto sí y veto no: maquíllate, maquíllate

Todo el mundo acusa ya, o terminará acusando, a Albert Rivera de tener más disfraces que Fantômas y más trucos que Houdini.

Pedro de Tena
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Todo el mundo acusa ya, o terminará acusando, a Albert Rivera de tener más disfraces que Fantômas y más trucos que Houdini. No soy precisamente alguien que haya simpatizado con Ciudadanos desde que consintió en mantener el régimen andaluz durante una legislatura más apoyando a Susana Díaz, ahora, cada vez más, una dolorosa de Triana. Como muchos otros, confié en su voluntad de regeneración. Sin embargo, comprobé, tras una memorable reunión en su sede de Sevilla con varios diputados recién electos en 2015, que el carácter esencial de ese partido, tan digno y admirable en Cataluña durante un tiempo, era el funambulismo ideológico, si es que hay alguna idea sincera en sus cabezas, y el maquillaje sistemático para aparentar ser lo que conviene en cada momento. Pero demonizarlo porque veta y deja de vetar es injusto.

Bienaventurados los políticos porque se vetan los unos a los otros, podría escribirse en un evangelio negro de los partidos españoles. Es lo que se deduce, no sólo de sus sermones planificados y falaces, sino de sus comportamientos sistemáticos. Pondré sólo unos ejemplos recientes. ¿Acaso no fue Pedro Sánchez el primero que vetó a Rajoy como presidente del gobierno y le llamó indecente en diciembre de 2015? ¿Acaso no es cierto que lo vetó hasta el punto de acabar con él en una moción de censura actuando de mamporrero el propio PP? ¿No es verdad que Pedro Sánchez, además de a Vox, ha vetado a Pablo Iglesias de manera pública y notoria? ¿No se aviene con los hechos que Pablo Iglesias vetó a Íñigo Errejón en la cúpula de Podemos?

Sigamos un poco. ¿Es tal vez falso que entre Pablo Casado y Soraya Saénz de Santamaría hubo vetos mutuos y vetos a mansalva en las famosas primarias que acabaron con la pequeña saltamontes? ¿Es tal vez falso que Susana Díaz vetó a todo sanchista conocido para las candidaturas de las elecciones andaluzas que ganó perdiendo la Junta? ¿No es acaso acorde con la verdad que Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta por carambola divina, ha vetado a todo aquel que le haya siquiera criticado? ¿Es que se miente cuando se dice que Vox veta también a Ciudadanos y a otros, según? Vetar no es democrático porque es inmisericorde con la necesaria oposición e irrespetuoso con las minorías. Pero es lo que hay en esa España enferma.

Por eso, ahora que, aunque con condiciones aparentes, Albert Rivera levanta el veto a Pedro Sánchez –algo que nos ha costado unas nuevas elecciones porque inexplicablemente no ha sido posible antes–, no importa demasiado. Vetar es algo que hacen todos los políticos –y muchos otros actores sociales, Iglesia inclusa–, desde hace mucho tiempo. Es más, vetar a los adversarios es el único modo de sostener una supuesta democracia interna en partidos y organizaciones varias, democracia que es una patraña. No existe tal cosa. Con la excusa de evitar el galimatías y el desgobierno que acarrearía, la democracia en el interior de los grandes entes sociales y políticos no existe. Actuar como Caifás rasgándose las vestiduras por el levantamiento blasfemo de un veto político es de risa.

Que los políticos y otros sujetos sociales, no sólo en España, se disfrazan cada día maquillándose a conveniencia es cosa de andar por casa en la democracia y en las dictaduras. Pero podemos ser hipócritas y no reconocer que el arte del disfraz es el arte propiamente humano, dado que es el ser humano el único ser de la naturaleza, que sepamos, que puede mentir simulando unas intenciones que no tiene. Rivera se disfraza ahora de centro-izquierda, cuando hasta hace dos días se disfrazaba de centro-derecha. Pero Casado se disfrazaba de derecha fuerte no hace tanto y Pedro Sánchez se ha disfrazado de españolista bajo una superbandera de España mientras proclamaba su nación ininteligible de naciones y se cargaba el movimiento españolista en Cataluña. Ahora se disfraza de mártir de la izquierda mientras Pablo Iglesias se ha disfrazado de modesto acólito cuando le impidieron ser sumo sacerdote. Y así, todos sin excepción. Vox, por ejemplo, se atavía con un traje de anticorrupción nacional mientras con la mano izquierda admite el blanqueo de todos los interinos (muchos de ellos enchufados) en las diferentes Administraciones por todos los partidos y en toda España.

Seamos serios. La única manera de sobrevivir en este caos moral es vetar a quienes no sirven a nuestros intereses –que hay que saber cuáles son, oigan–, y maquillarnos bien para que ninguno de los que pueden vetarnos a nosotros lo hagan. Eso de la verdad, la integridad, la sinceridad, la honradez y la coherencia es algo de otro mundo. Los que llevamos décadas siendo carne de limbo porque no entendemos de cielos ni de infiernos y hemos sido, y seguimos siendo, tontos de remate podemos perseverar en engañarnos, pero es tan cansino…

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