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Pedro Schwartz

Reformas económicas

EEUU está financiando la guerra contra el terrorismo principalmente con deuda pública, como desgraciadamente ha ocurrido desde la aparición del Estado moderno

Pedro Schwartz
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El programa económico de George W. Bush para su segundo mandato es ambicioso y parece positivo en su conjunto, si es capaz de llevarlo adelante. La reforma del sistema fiscal, la creación de cuentas personales en la Seguridad Social, la reducción de indemnizaciones judiciales por daños y perjuicios serían mejoras radicales y necesarias. El programa de calidad de la enseñanza pública, sin embargo, no es un programa tan bueno como la introducción del bono escolar de la que habló en la campaña electoral de 2000. También hay que preguntarse si el abultado déficit presupuestario, así como el de la balanza de pagos y consiguiente depreciación del dólar, pueden dar al traste con la ansiada recuperación de la economía "useña" y la del mundo entero.
 
¿Qué es esto de "useña"? Pues "de USA", adjetivo que copio de Pío Moa, por evitar trabalenguas como "estadounidense" o imprecisiones como "yanquis", que éstos eran los del Norte en la Guerra de Secesión. Ya dirán mis lectores si les parece bien. Entrando en harina, diré que la limitación de las indemnizaciones otorgadas por los jurados en los juicios por daños es una medida ampliamente esperada que quedó sin aprobar en el primer mandato de Bush: allí se pasan la vida en los tribunales.
 
También es necesaria una transformación del sistema fiscal y no sólo en EEUU. En el primer mandato, el cambio tomó el camino fácil de recortar impuestos, principalmente sobre beneficios del capital. Ahora su plan es más ambicioso. Pretende que el Congreso simplifique las reglas del impuesto sobre el ingreso de las personas físicas, para, rebajando tipos, animar el ahorro y premiar el riesgo empresarial. Seguramente no se atreverá a proponer un tipo único en la tarifa del impuesto (como, ¡oh maravilla!, nos prometen los jóvenes turcos del equipo de Solbes para 2006). También ha puesto la condición de que esta reforma sea neutra por lo que toca a los ingresos, es decir, que no multiplique el déficit público: para ello quiere Bush ampliar la base del impuesto suprimiendo deducciones, excepto la de intereses por la compra de vivienda y la de donaciones culturales y de caridad. Para soslayar obstáculos, ha propuesto que una Comisión apolítica estudie la reforma. Además le ayuda el que hay un impuesto que debe reformarse inmediatamente: se trata del Impuesto mínimo sobre el ingreso (Alternative Minimum Tax) creado para que los muy ricos no pudieran evitar del todo el pago del impuesto alegando pérdidas en la Bolsa. El aumento aparente de los ingresos de la clase media, por efecto de la inflación, la expone a esta exacción mínima obligatoria. Precisamente aprovechando la supresión de esta figura impositiva, puede Bush tener el gusto de suprimir la deducción de los impuestos locales en la declaración del impuesto federal, lo que castigaría a los residentes en estados como Nueva York, que en su mayoría votaron por Kerry.
 
Propone Bush permitir a los trabajadores más jóvenes colocar parte de sus contribuciones a la Seguridad Social en cuentas personales de inversión en activos financieros. A corto plazo, ello supondría un aumento de la deuda, por la necesidad de seguir pagando las pensiones de los mayores, con un ingreso menor en la Caja de las pensiones de reparto. A medio plazo, sin embargo, la inversión del ahorro forzoso de los jóvenes aumentaría la capacidad de crecimiento de la economía. Además sería aceptable reducir las futuras pensiones públicas de los titulares de esas cuentas de ahorro forzoso. La reforma sería valiente y oportuna, si el Gobierno de EEUU la consiguiera, pues el actual sistema de pensiones públicas está en quiebra técnica.
 
En su primer mandato, el presidente Bush consiguió la aprobación de la Ley "No dejar atrás a ningún niño" (No Child Left Behind Act). Cada estado establecería unas pruebas de calidad de la enseñanza y la Federación ayudaría entonces a los colegios que no alcanzaran el mínimo con fondos y formación profesoral. Pero después de un año, si no mejoraban los colegios, tendrían que permitir que los padres se llevaran a sus hijos a otros institutos o les pagaran clases particulares. Ahora quiere extender este programa a toda la enseñanza media. En vez de tanta complicación, sería mejor que las familias pudieran elegir el colegio que quisieran, con ayuda de un bono escolar.
 
EEUU está financiando la guerra contra el terrorismo principalmente con deuda pública, como desgraciadamente ha ocurrido desde la aparición del Estado moderno. Esa deuda la coloca entre sus ciudadanos y entre bancos centrales extranjeros. La compra de deuda en el interior reduce la capacidad de gasto de los particulares y reduce el crecimiento potencial de la economía. Los bancos centrales extranjeros, sobre todo los de China y Japón, ayudan así sin querer a financiar la guerra y reducen el déficit de la balanza de pagos de EEUU. Pero la generosa política monetaria de Greenspan está contribuyendo a depreciar el dólar. ¿Qué puede ocurrir si un día empiezan a vender esos bonos porque su valor se reduce demasiado? No quiero ni pensarlo.
 
© AIPE
 
Pedro Schwartz es profesor de la Universidad San Pablo CEU y académico asociado del Instituto Cato.

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