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"A por ellos, como en Paracuellos"

El Gobierno subvenciona esa promoción del terrorismo. Robando para ello el dinero de todos. El Gobierno talibán.

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Este lunes tuve una experiencia curiosa en la universidad Carlos III, una de las muchas degradadas moral e intelectualmente por nuestra izquierda descerebrada. Fui a dar una conferencia en la que hice notar que la izquierda española, marxista y no marxista, no había producido un solo pensador, una sola obra de pensamiento digna de recuerdo, solo propaganda. Esto es un hecho constatable, como lo es que esa gente culturalmente estéril y esterilizante ha inventado el cuento (siempre la propaganda) del "páramo cultural franquista". O como, siendo la gente más corrupta de España en el siglo XX –dato también constatable– no cesaba de acusar de corrupción a otros, y de arrogarse con increíble desvergüenza "cien años de honradez".

Como explico en La Transición de cristal (en librerías desde este martes), el secreto del paso a la democracia sin demasiados traumas está en la moderación, la reconciliación y la prosperidad que dejó como herencia el franquismo, y en la derrota del rupturismo por la reforma de la ley a la ley. Un rupturismo en el que se apalancaron la ETA, el PNV y otros, mientras el resto de la izquierda se resignaba a la reforma, al verse sin fuerzas para conseguir una ruptura que pretendía saltar sobre cuarenta años de historia para enlazar con el Frente Popular, al que llaman democrático con la misma razón con la presumen hoy de honrados o de demócratas. Y desde el mayor atentado de la historia de España, esta descerebrada izquierda, en el espíritu del "miliciano sudoroso", vuelve do solía, es decir, al rupturismo.

No debe tomarse como una anécdota la exigencia, por los subvencionados de la "memoria histórica", de volar el Valle de los Caídos, propósito típicamente terrorista y talibanesco; ni sus gritos "¡A por ellos, como en Paracuellos!". Dirigen su exigencia a un Gobierno que los subvenciona y colabora franca y desvergonzadamente con el terrorismo, secundado por un PP que finge no enterarse. Y el llamamiento expone de forma cruda el fondo de la idea implícita en la ley (totalitaria) de memoria histórica, aunque hipócritamente disfrazada en ella. Con cosas así se produjo la deriva de la república hacia la catástrofe. No hay broma ni hablan en broma cuando invocan Paracuellos, aunque de momento no puedan transformarlo en hechos. Baste recordar, tan reciente, el "¡ETA, mátalos!", coreado por tantos izquierdistas.

Recordé en la conferencia aquellos gritos y exigencias, y replicó una chica que los del otro bando también habían estado en el mismo plan, porque habían cantado el Cara al Sol. Cantar ese himno es perfectamente legítimo en democracia, lo mismo que cantar La Internacional, pese a ser este el himno del Gulag. Para que hubiera similitud, los falangistas tendrían que haber exigido la voladura de los monumentos de izquierda en España y amenazado con repetir la matanza de Badajoz. Pero no hubo nada de ello, quizá porque no hubo nada parecido a Paracuellos en el bando nacional, pues la célebre matanza de la plaza de toros pacense es una simple invención de propaganda, como he demostrado en Los mitos de la Guerra Civil y acaba de documentar exhaustivamente el libro, muy recomendable, La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, de F. Pilo y otros dos autores. Incitar a una repetición de Paracuellos o a volar la Cruz de los Caídos no es admisible en democracia, y debía llevar consigo, por lo menos, una fuerte multa –por ahora sería suficiente– que calmara sus ímpetus talibanescos y asesinos. Por el contrario, el Gobierno subvenciona esa promoción del terrorismo. Robando para ello el dinero de todos. El Gobierno talibán.

Otro estudiante estragado por la propaganda arguyó que la ley de memoria histórica proscribe todos los símbolos "fascistas", incluidos los cánticos. Como que es una ley totalitaria, propia de países tipo la Cuba de Castro, donde la versión de la historia es impuesta desde el poder. Y en esa dirección circula hoy no toda, pero sí la mayor parte de la izquierda, impulsada por el Gobierno, por los estalinistas de IU y por los separatistas.

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