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Rodríguez y las mujeres

El problema de Rodríguez, que todos pagamos, es que nunca entendió la democracia ni la igualdad. La única igualdad posible entre hombres y mujeres es la igualdad ante la ley y ese logro no se debe en absoluto a él.

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Ha dicho alguien por ahí que a Rodríguez se le recordará siempre por una cosa: lo que ha hecho por la mujer. Desde luego, se le recordará también por muchas otras cosas: su colaboración con la ETA y conversión del asesinato en un medio eficaz de hacer política, socavando el Estado de derecho; su intento de acallar a las víctimas del terrorismo; sus campañas de falsificación de la historia y su ley totalitaria al respecto; su asunción orgullosa de toda la brutal historia de su partido; su turbio, cuando menos, papel cuando el 11-M e intento posterior de oscurecer la verdad sobre la matanza; su premio a los terroristas de Irak; su colaboración con Castro, Evo, Chávez y otros dictadores de izquierda; el debilitamiento de la posición española en Ceuta, Melilla y Gibraltar; su apoyo al antisemitismo; su política de medios; su demagogia económica que ha ahondado y ahonda la crisis, después de declararla imposible; sus fechorías en materia de educación; sus ataques a la independencia judicial; su constante mentira y embaucamiento... Se le recordará por muchas cosas, sin duda, incluida su increíble suerte de haber carecido de oposición, gracias a Rajoy.

También, desde luego, por lo que ha hecho por la mujer: corroer la familia con todas sus secuelas de divorcio y aborto masivo, malos tratos domésticos, gran número de niños en condiciones familiares precarias y sus derivados de difusión de las drogas, el alcohol, la expansión del botellón, de la prostitución, de los embarazos de adolescentes, de la delincuencia juvenil, del fracaso escolar, del embrutecimiento del varón. El persistente ataque a la familia, de la que la mujer siempre ha sido el núcleo, tiene estas y otras consecuencias, seguramente ninguna positiva.

Naturalmente, Rodríguez no desea estas consecuencias, pero su oposición a ellas recuerda a la reivindicación de la cultura por la izquierda: nadie ha destruido más cultura que los izquierdistas en España, porque su forma de pensar llevaba a ello y a sustituirla por su mediocre demagogia. No, Rodríguez no quiere las consecuencias, pero sí las causas.

Ahora bien, mientras millones de mujeres sufren un deterioro de su posición familiar, no sólo directamente, sino por sus hijos y mil otros problemas, mientras se pretende ignorar las diferencias constitutivas de hombres y mujeres y que unas y otros se comporten del mismo modo, se ha promovido a un montón de personajes grotescos como Aido, Pajín, Chacón, Vicevogue, Maleni, y tantos más a cargos ministeriales o de la máxima responsabilidad política. Eso es lo que ha hecho Rodríguez por la mujer. Pero, ¿representan a la mujer esas personas? La representan tanto como la Pasionaria, que también fue en su día ensalzada como modelo de lo que la mujer puede conseguir en política. O como representa a los hombres Stalin. Lo único que puede decirse a favor de esas señoras o señoritas es que su nivel intelectual y responsabilidad personal están a la altura de su protector Rodríguez.

El problema de Rodríguez, que todos pagamos, es que nunca entendió la democracia ni la igualdad. La única igualdad posible entre hombres y mujeres es la igualdad ante la ley y ese logro no se debe en absoluto a él. En lo demás la naturaleza ha puesto unas diferencias, de matiz pero importantes y en general afortunadas, aunque disgusten a algunos iluminados que, no por nada, fomentan intensivamente la homosexualidad e intentan imponerla desde la escuela. De acuerdo con las concepciones de esta gente, la sexualidad es básicamente un agradable pasatiempo, que puede ejercerse con cualquiera, incluso con animales. A eso lo llaman liberación. Como llaman liberación de la mujer a promover a ese tipo de féminas que Unamuno llamaba "tiorras".

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