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Sensibilidades heridas

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Aunque Zapatero, por puro electoralismo, ha dado marcha atrás en la polémica iniciada, no cabe duda de que Caldera ha expresado los verdaderos sentimientos dominantes en el PSOE cuando dijo que el homenaje a la bandera “puede herir sensibilidades” en Cataluña y Vasconia. Y tiene razón, aunque se queda corto. En realidad, la bandera española ha herido siempre la sensibilidad de los nacionalistas –no de los catalanes y los vascos, a quienes Caldera identifica implícitamente con aquellos–, hasta el punto de que la han quemado infinidad de veces, la vejan de mil maneras y la eliminan de lugares y edificios públicos, vulnerando la Constitución. Estos hechos, en cambio, jamás han herido la sensibilidad de Caldera, Zapatero, González, Guerra o Polanco, pues los consideran tan normales como anormal les parece ahora el homenaje a la bandera común de los españoles.

También tiene razón Caldera, y también se queda corto, al afirmar que en España hay “una serie de culturas con entidad propia que merecen el mismo respeto”. La bandera española simboliza, entre otras cosas, el respeto del que disfrutan las culturas regionales, la garantía de la permanencia de las libertades y los derechos de todos, pese a las vulneraciones y persecución sufridas por estos derechos a manos de los nacionalismos balcanizantes. Por eso mismo, en Cataluña y Vasconia la cultura común española es perseguida y no recibe ni muy de lejos, el respeto que merece. Pero a Caldera (o a Zapatero, Guerra, Polanco o González) nunca les ha preocupado el hostigamiento sistemático a la cultura común, ese intento de borrar a España, desde la enseñanza a cualquier manifestación pública. Al revés, les preocupa que tal hecho pueda cambiar.

Vuelve a acertar Caldera, aunque otra vez a medias, al recordar cómo el PSOE siente el “patriotismo constitucional” de otra manera. Y tanto. En sus tiempos en el poder, el PSOE degradó la independencia del poder judicial, inundó España de corrupción, tratando de institucionalizarla a la mejicana, es decir, intentando imponer leyes que hicieran imposible su denuncia, apoyó los desmanes separatistas, y no se le ocurrió otra cosa para acabar con el terrorismo que copiar los métodos de éste. El PSOE tiene una muy alta responsabilidad en la crítica situación a que hemos llegado con su forma de entender –de no entender, más bien– a España y a la democracia.

El homenaje a la bandera es una excelente iniciativa ahora que España se ve hostigada peligrosamente por los nacionalistas balcanizantes y por nuestro “amigo” Mohamed, en curiosa sintonía de hecho. La opinión española debe hacerse consciente de un peligro real y en constante agravamiento. Hay muchos indicios de que esa conciencia está aumentando. Prueba de ello son los intentos de anestesiarla por parte de los Caldera, Blanco, Zapatero, Guerra, Polanco y tutti quanti, cuya demagogia, por la misma razón, debe se denunciada sin descanso.

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