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Una mala tradición del PSOE

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En verano de 1934 se conjuntaron el PNV, la Ezquerra catalana y el PSOE para desestabilizar al gobierno republicano centrista, presidido por Samper, so pretexto de un pleito secundario (unas tasas sobre el vino) que afrontó Samper con ánimo conciliador. La alianza entre el PNV y el PSOE, enemigos irreconciliables en Vasconia, a cuya autonomía se había opuesto Prieto, resultaba en verdad extraña. No menos la amistad entre los ultracatólicos nacionalistas vascos y la Ezquerra, que había saludado la victoria electoral de la derecha, en 1933, declarándose “en pie de guerra” contra “el obispo y su tropa siniestra”. La cordialidad entre los tres partidos hizo pensar en una acción común en la insurrección de octubre de 1934, inicio de la guerra civil, pero a última hora el PNV quedó prudentemente a la expectativa. Parece bien asentada en él la tradición de dejar que otros sacudan el árbol para recoger luego las nueces.

¿Es posible hoy una alianza pareja? Indicios hay de ello. La defensa del PNV por González, olvidando que los nacionalistas han optado por la vía anticonstitucional y proterrorista, o las marrullerías de Guerra para desgastar al Gobierno explotando un asunto muy peligroso para la estabilidad de la democracia, indican que una alianza con el PNV en esta sensible cuestión es, como mínimo, una opción sobre la mesa. Al respecto conviene recordar que las libertades, la democracia o la unidad nacional nunca han pesado demasiado en la “cultura” del PSOE, a pesar de que otra cosa hayan hecho creer a la gente sus excelentes equipos de imagen, (los de los cien años de honradez), y que esa deficiencia, por así llamarla, está en el origen de la guerra civil.

Naturalmente, los socialistas actuales no son los de la república, pero ciertos tics persisten. Ahora defienden algunos al PNV como “partido democrático” y rechazan que se le “satanice” –aunque el PNV, como el PSOE, nunca ha cesado de satanizar a sus contrarios. Muy bien, pero las declamaciones democráticas del PNV no han impedido que bajo su gobierno –largo tiempo compartido con el PSOE– Vasconia viva una realidad de privación de libertades, opresión y pasividad pública frente a la agresión nacionalista y el terrorismo.

Habiendo llegado las cosas tan lejos, ¿cambiarán de línea los socialistas y presionarán a sus antiguos aliados para que, a su vez, cambien? No acabamos de verlo, pese a las declaraciones de Zapatero. Por el contrario, hablan de “diálogo” en abstracto mientras levantan insidias contra el PP por no ser lo bastante dialogante y democrático. Una vez más, el PSOE no parece tener claras cuáles son las cuestiones “de Estado” y cuáles las de oportunismo electoral. En estos casos nunca está de más recordar la historia, por encima de las campañas de imagen.

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