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Rogelio Biazzi

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Los políticos, ni los que son más de derechas, se atreven a advertir que esta cuenta no se puede pagar más. Que lo que fue sostenible durante años ya no es viable.

Rogelio Biazzi
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Nadie dice nada. Y cuando se habla sobre el tema, nadie se atreve a decir la verdad completa, sino sólo a medias. El verdadero tembladeral en que se ha convertido la economía del euro sí es consecuencia del incremento de la deuda pública y la poca confianza en la viabilidad económica de algunos países. ¿Pero es esto culpa de la crisis mundial? La media verdad que se dice es que está relacionada con la crisis; muchos países han debido gastar ingentes sumas de dinero en mantener o sanear sus sistemas financieros llenos de activos basura. Es el caso de Irlanda, por ejemplo. ¿Pero por qué no arrancan otros países que tienen, aparentemente, sistemas financieros más sólidos? Es la media verdad que se calla. Se ha gastado y se sigue gastando más, mucho más, de lo que se tiene. Cuando los ingresos disminuyen y no lo hace el gasto es el momento en que hay que financiarse con deuda. Y allí empieza la cadena donde cada vez tenemos menos vecinos a los que pedir que nos presten plata. Entonces hay que acudir a los no tan vecinos, que no se fían tanto de nosotros porque no saben si les devolveremos su dinero y así nos cobran un precio más alto por dejárnoslo...

Pero no hemos llegado a la madre del cordero. ¿Por qué se gasta tanto en Europa, más allá de los fondos que han debido utilizarse para recuperar los sistemas financieros? Es el famoso Estado de Bienestar. Es la sanidad, gratis y universal, también la educación pública con libros de texto incluidos. Pero también son los cientos de subsidios o transferencias que el Estado da a los ciudadanos. Viviendas de protección oficial, generosos subsidios por desempleo, supervacaciones pagadas para todo el mundo... En España la cosa se complica aún más: todo o casi todo, servicios y estructuras, está multiplicado, no ya por diecisiete, en algunos casos por cientos y cientos, si tomamos en cuenta además del Estado nacional, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Mucho me temo que se acabó el tiempo de que los europeos paseemos por nuestros países con los DNI como si fueran esas pulseritas de colores que te ponen en los resorts del Caribe y que te dan acceso a barra libre de lo que quieras sin tener que sacar del bolsillo ni un solo céntimo.

Los políticos, ni los que son más de derechas, se atreven a advertir que esta cuenta no se puede pagar más. Que lo que fue sostenible durante años ya no es viable. Lo sé, es duro decirle a la gente, a los votantes, que en alguna medida la mayoría debería pagar al menos una parte de la mensualidad del colegio de sus hijos, del precio de los medicamentos que consume o de la factura del médico a cuya consulta acude. Así, desde luego, no se ganan elecciones. No, si lo malo, no es querer ganar elecciones. Lo malo es quererlas ganar a cualquier precio, a costa de un engaño, un oasis que algún día va a esfumarse, en lugar de querer ganar unas elecciones demostrando la capacidad para gestionar, también, en medio de estrecheces.

Los padres pueden decirles a sus hijos que les recortarán la paga, que no pueden comprarle las zapatillas de Messi o que a partir de ahora deberán utilizar menos el móvil. Esto siempre va acompañado de la explicación más cierta: no nos lo podemos permitir, créeme, lo hago por tu bien y el de la familia... Los políticos tendrían que tomar similares decisiones y por las mismas razones: esto ya no se puede sostener, es por nuestro bien y del país... pero no lo hacen. Lo que ocurre es que nuestros hijos nos creen porque nos quieren y nos seguirán queriendo pase lo que pase. En cambio los políticos saben que esas medidas les costarían el "cariño" de sus votantes. Claro, a los presidentes no se les quiere como a un padre, sería una aberración. A menos que seas la hija gótica de ZP, ¡qué karma!

Rogelio Biazzi profesor de Economía de la Universidad Complutense de Madrid.

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