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Clinton y su amigo Boris

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El reciente informe presentado por la mayoría republicana en el Congreso de Estados Unidos, que acusa al presidente, Bill Clinton, de haber favorecido la corrupción en Rusia, no es nada sensacional. De sobra se sabe en el mundo que el podrido y vicioso régimen del antiguo presidente ruso, Boris Yeltsin, sobrevivió durante ocho años, en parte, gracias al apoyo incondicional que le prestaba su “friend Bill”.

Se trataba de un apoyo político, moral, financiero y económico que Washington ofrecía a Yeltsin cerrando los ojos ante los casos de corrupción que hasta dañaban los intereses de los mismos Estados Unidos. Se debe recordar, por ejemplo, que durante la crisis financiera rusa de agosto de 1998, consecuencia de la política fraudulenta, centenares de empresarios estadounidenses perdieron sus millonarias inversiones.

Clinton, tan celoso por las violaciones de los derechos humanos en cierta isla caribeña o en algún país africano, se callaba ante las atrocidades cometidas por las tropas de Yeltsin en Chechenia y se limitaba a dar “consejos amistosos” para acabar cuanto antes con las hostilidades en aquella zona.

Y por si todo esto fuera poco, el propio Clinton en persona se desplazaba a Rusia para apoyar a su amigo enfrentado a millones de rusos arruinados y hambrientos. Es evidente también que el alcoholizado régimen no hubiera sobrevivido tantos años sin los créditos que el Fondo Monetario Internacional le proporcionaba con el beneplácito de la Casa Blanca.


Por cierto, de sobra se sabía también que una parte de estos créditos, destinados a las reformas económicas, iban directamente al bolsillo de los altos funcionarios corruptos y a tapar las brechas en el presupuesto surgidas, entre otras causas, por los gastos de la guerra en Chechenia.

“La Rusia de hoy es más corrupta, más anárquica, más pobre, menos democrática y más inestable desde que el presidente Clinton y el vicepresidente Gore han llegado al poder”, indica el informe, hecho público en plena campaña electoral estadounidense. Según el mismo documento, la política de la Administración ha acelerado la crisis económica en Rusia, ha bloqueado cualquier cambio político y ha tenido como resultado la caída del prestigio de Estados Unidos.

Añadiremos a esta sentencia que los autores del informe, los republicanos, ni se imaginan hasta qué nivel cayó el prestigio de su país en Rusia. Ni en los tiempos de la guerra fría un ruso de la calle odiaba tanto al “maldito yanqui” como ahora, a quien acusa de todos sus males y hasta del hundimiento del submarino “Kursk”.

Un generoso “aporte” a este odio lo hace la emisora “Radio Liberty”, financiada por el Departamento de Estado. Esta radio, principal portavoz de Estados Unidos en Rusia, ha apoyado con sus informaciones a los políticos yeltsenistas más criticados por los rusos, como el antiguo primer-ministro, Yegor Gaidar, o el vice-primer ministro, Anatoli Chubais, “padre” de las escandalosas privatizaciones. Ha organizado campañas de apoyo a los no menos polémicos estafadores financieros como Mihail Mavrodi, etc.

La única pregunta que surge de todo esto es: ¿Clinton apoyaba al régimen de Yeltsin a propósito, o creía de verdad que favorecía la causa democrática? Lo último sería mucho peor, porque demostraría que quien lidera el país más poderoso del mundo es un ingenuo.

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