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A favor del Documento Transitorio

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Las palabras sacadas de contexto, muchas veces, aparentan decir todo lo contrario a lo que dentro del texto pretendían. Dudo mucho que los que se han precipitado a criticar el Documento Transitorio de Osvaldo Payá lo hayan leído íntegramente. Se han ido a buscar directamente las palabras que podrían suponer una omisión al exilio o un aparente olvido o perdón para los esbirros de la dictadura.
 
Es cierto que anteriormente se han hecho proyectos y programas de transición para lograr una Cuba democrática –el de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) fue uno de los más completos– pero no han tenido el eco que tendrá el propuesto por Payá. Las  causas no solo se la debemos achacar al interés de la prensa europea por cualquier iniciativa tomada desde el interior de la isla, más bien es el éxito mediático de Castro en Europa. Muchos europeos están convencidos de la existencia de la “Cosa Nostra” cubana en Miami. El exilio cubano no ha podido vencer las aventuras mediáticas de Castro en el mundo, que utiliza sus redes –entiéndase partidos políticos y organizaciones afines– para dar una imagen que dista mucho de la realidad de nuestra Cuba.
 
Partiendo de la realidad de que el exilio no ha sido capaz de aglutinarse y converger  para luchar de forma efectiva contra la dictadura, podría ser una buena idea convertir el nuevo “Documento de Transición” –aún no es Programa– en la punta de lanza a la que unir diferentes posturas e ideas. El documento menciona en su preámbulo claramente: “Es importante comprender que este Documento de Trabajo (DT), no es el Programa Transitorio (PT), es solamente un instrumento para la realización del Diálogo Nacional. Por lo que el DT puede ser transformado en todos los aspectos y servirá como un punto o una zona de partida para lograr un programa de consenso construido con la participación de todos los cubanos. No se excluye a ningún cubano, de ninguna posición o experiencia política e ideológica, es para todos, también para los que viven en el extranjero en cualquier condición”.
 
La claridad de esta parte del preámbulo la puntualiza más esta otra: “No pretende imponer una línea de pensamiento obligatoria, todo es discutible y cambiable, pero no podemos esconder la complejidad de esta tarea y la responsabilidad que implica para todos los que participen en el Diálogo Nacional. Observen que propone reorganizar y mejorar la vida nacional. Se ocupa de todos los campos fundamentales, la salud, la educación, el gobierno, la economía, el orden público y las fuerzas armadas, la vivienda y todos los campos sociales, políticos y económicos, en bien del pueblo. Podrán ser añadidos otros y modificados los que están. Dicho en palabras bien claras: proponemos un proceso de participación ciudadana del que saldrá un Programa Transitorio justo y realista, que regirá y orientará la sociedad cubana en una etapa corta pero definitiva para nuestro futuro”.
 
La lectura del documento plantea, cierto, muchas interrogantes. De eso debemos debatir y expresar opiniones, pues eso es lo que se pretende. Debemos aprender civismo y prepararnos para el cambio inminente. No pretendamos trivializar y decir que Payá se preocupa de cosas sin importancia ahora. Todo es importante y más si eso provoca que muchos en Europa y en el mundo se sientan atraídos. Aprovechemos esta nueva idea sin que por ello olvidemos denunciar los crímenes del Castrismo. Y recordemos las palabras del político y economista estadounidense Henry George: “Toda idea nueva pasa inevitablemente por tres fases: primero es ridícula, después es peligrosa, y después... ¡todos la sabían!”.
 

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