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Xavier Reyes Matheus

Venezuela y la ‘moderación’ de Podemos

El régimen usurpador de Maduro se mantiene hoy por la fuerza de las balas, mientras que el Gobierno legítimo de Juan Guaidó únicamente espera que los militares dejen de servir al narcoestado chavista y se posicionen al lado de los ciudadanos.

Xavier Reyes Matheus
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Pablo Iglesias y Alberto Garzón | EFE

El combate contra el fascismo es en nuestro tiempo la más épica de las luchas ciudadanas, comparable únicamente a la epopeya que ahora se libra contra enemigos del género humano tan espantables como el gluten o la lactosa. Con celo celiaco, la gente hurga en la composición de los partidos y discursos políticos para encontrar trazas de aquella ideología que hoy no paga derechos de autor a Mussolini o a Gentile, pero que ha ampliado su campo semántico hasta alcanzar todo lo que puede disgustar a ciertos estómagos intolerantes. Parece que ahora –tras las elecciones– hay un disgusto general por no haber tomado en cuenta esas sensibilidades tan irritables; y así, con humildad propia de un camarero atento (y temeroso de Tripadvisor), se va a proceder entre zalemas y excusas a cambiarle el plato al cliente, prometiéndole que a continuación se le servirá otro mucho más liviano.

Lo curioso del caso es que esos mismos estómagos de niños-burbuja muestran en cambio una resistencia de necrófago cuando se trata de detectar signos de extrema izquierda. De hecho, en un programa televisivo se caracterizaba así el panorama de nuestros partidos en liza: "La extrema derecha, la derecha, el centro, la izquierda y… Podemos". Y no sólo eso: si sus indulgentes seguidores habían sido capaces de reconocer el desafío que el chalet de Galapagar planteaba a las leyes de la lógica, decían los medios que Pablo Iglesias se había resarcido a raíz de los debates por dar ¡ejemplo de moderación y por erigirse en principal glosador de la legalidad constitucional!

A dos días de los comicios vemos de nuevo aparecer al apóstol de la paz y del derecho con este mensaje en Twitter: "A Trump y a sus aliados no les interesa la democracia y los derechos humanos en Venezuela, les interesa su petróleo. España y Europa deben defender la legalidad internacional, el diálogo y la mediación pacífica, no un golpe de Estado". Unas palabras llenas de sentido, si se piensa en el manifiesto aprecio que en cambio tiene Maduro por la democracia y los derechos humanos en Venezuela. Ayer mismo, una tanqueta de las fuerzas armadas chavistas pasaba por encima de la gente, y hace apenas unos días desaparecían en el mar veintiuna personas que intentaban huir del hambre en Venezuela alcanzando las costas de Trinidad. Esa hambre que, según Errejón (otro representante del moderantismo podemita), niegan las "tres comidas" de las que él tiene constancia.

En cuanto al petróleo de Venezuela, no sabemos si a Maduro le interesa tanto como dice Iglesias hablando de Trump, pero al menos sí consta el colosal saqueo que él y sus secuaces han hecho de sus rentas. Erigirse en azote de la corrupción defendiendo el chavismo es, dijéramos, como si alguien denunciase el enchufismo poniendo a su esposa de segunda en el partido, o como si un profeta del feminismo confesase en privado que quiere azotar a una mujer hasta que sangre. Vamos, por imaginar un caso.

No hay, pues, razones para poner en duda el apego de Iglesias a la Constitución española, convertida en su chuleta durante los debates. Si en tal lealtad se detectan salvedades –como, nada más y nada menos, el reconocimiento de la Monarquía parlamentaria– es porque todo el mundo entiende que no cabe apoyar a un régimen dinástico que nadie ha votado. ¿Y Cuba? Bueno, hombre, no es igual: total, no es lo mismo ser un monarca absoluto que ordena prisiones y fusilamientos (como Felipe VI) que una sucesión a dedo de presidentes que, como los Castro o Díaz Canel, se dedican mayoritariamente a inaugurar exposiciones y a entregar el premio Casa de las Américas.

Con la liberación de Leopoldo López, en Venezuela ha comenzado una imparable reacción contra un régimen brutal y depredador, que ha pulverizado la calidad de vida de los venezolanos y que ha convertido a los grandes jerarcas del chavismo en dueños de multimillonarias fortunas ocultas en paraísos fiscales de todo el mundo. El régimen usurpador de Maduro se mantiene hoy por la fuerza de las balas, mientras que el Gobierno legítimo de Juan Guaidó, derivado de las instituciones constitucionales y democráticas, y reconocido por la comunidad internacional, únicamente espera que los militares dejen de servir al narcoestado chavista y se posicionen al lado de los ciudadanos. No hay más. Como no hay más que cinismo y complicidad con los tiranos en las alusiones de Iglesias al diálogo y la mediación pacífica.

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