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Cebrián culpa a "la insidiosa Reconquista" de que no floreciese una civilización común con el Islam

La Alianza de Civilizaciones cuenta, al fin, con la contribución filosófica de Juan Luis Cebrián. El consejero delegado de PRISA sostiene, en un artículo publicado este domingo en El País –resumen de su intervención en un homenaje a Juan Goytisolo, el pasado 11-S en Marraquech–, la tesis de que el Islam y el Cristianismo han hecho lo mismo por impedir el florecimiento de una civilización común. A su juicio, "sin las Cruzadas y la Inquisición, sin la insidiosa Reconquista ibérica, podríamos –¿quién sabe?– haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina, lo mismo que conviven hoy las dos Europas, la de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva, en una sola idea de democracia". Cebrián cree que todavía estamos a tiempo.

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La Alianza de Civilizaciones cuenta, al fin, con la contribución filosófica de Juan Luis Cebrián. El consejero delegado de PRISA sostiene, en un artículo publicado este domingo en El País –resumen de su intervención en un homenaje a Juan Goytisolo, el pasado 11-S en Marraquech–, la tesis de que el Islam y el Cristianismo han hecho lo mismo por impedir el florecimiento de una civilización común. A su juicio, "sin las Cruzadas y la Inquisición, sin la insidiosa Reconquista ibérica, podríamos –¿quién sabe?– haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina, lo mismo que conviven hoy las dos Europas, la de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva, en una sola idea de democracia". Cebrián cree que todavía estamos a tiempo.
Juan Luis Cebrián. Archivo
(Libertad Digital) El ex director de El País y antiguo jefe de los Servicios Informativos de TVE durante el Gobierno franquista de Carlos Arias Navarro cuestiona el concepto de civilización ligado a las religiones. Para Juan Luis Cebrián, las civilizaciones son "el fruto indeciso, y aun difuso, del devenir de la sociedad", un relativismo incompatible con la "ambición" de cristianos y musulmanes de asumir "siempre la civilización propia como la más avanzada y deseable para la humanidad".
 
Cebrián cree que ideas como "cristiandad", "islamismo", "Oriente" u "Occidente" son "un dislate", y propone, en su lugar, un ideal de civilización multiculturalista basada en el progreso y la libertad; valores que, por otra parte, el cristianismo hace suyos y el islam rechaza, aunque el académico sólo culpa a los "imperios coloniales europeos" de construir la contraposición conceptual de Oriente y Occidente de la que hoy se sirve Bin Laden. Según Cebrián, se debe al imperialismo europeo, que el líder de Al Qaeda señale sus objetivos terroristas en función de un choque de Occidente y Oriente.
 
Frente a las civilizaciones como "sistemas cerrados, autárquicos, incomunidados entre sí", el autor de La Rusa presenta una civilización progresista en la que la identidad no se impone ni se hereda, sino que se elige, justo lo que prohíben los regímenes y movimientos islamistas.
 
Para llegar a ese ideal multiculturalista, opina Cebrián, "la escuela pública debe instruir acerca de las diversas religiones y su papel histórico, político y social, pero desde el punto de vista democrático es inadmisible establecer en ella aulas para el adoctrinamiento religioso, cualquiera que sea la confesión que se propague".
 
Civilización es progreso, sostiene Cebrián. Pero, incluso cuando constata que ni por ésas ligan Occidente y el Islam, vuelve a culpar al cristianismo. La diferencia de progreso a una y otra orilla del Mediterráneo, sostiene, "se debió fundamentalmente a las imposiciones del poder" de Roma.
 
"Sin las Cruzadas y la Inquisición, sin la insidiosa Reconquista ibérica, podríamos –¿quién sabe?– haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina, lo mismo que conviven hoy las dos Europas, la de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva, en una sola idea de democracia", postula el denso novelista.
 
En una conclusión apoteósica de su ensayo, Cebrián cree que "lo único que podemos decir ahora es que no tuvo que ser así, y que todavía podría no ser así. Ojalá (ua xa Alah) que la Alianza de Civilizaciones, impulsada por Rodríguez Zapatero y las Naciones Unidas, sirva al menos para reflexionar al respecto".
 
 

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