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EL "RIESGO DE IMPAGO" CRECE EN EEUU

Robert Higgs: "AIG, Fannie, Freddie, bancos... todos deberían haber quebrado"

Robert Higgs, economista del Independent Institute, desvela en una entrevista exclusiva a LD las claves de la gran crisis. Higgs dice lo que casi nadie defiende: rechaza los rescates gubernamentales, desmonta el miedo a la deflación y advierte sobre el riesgo de impago de EEUU.

El economista Robert Higgs.
Ángel Martín

Los acontecimientos actuales requieren de los analistas económicos de una teoría económica sólida, amplitud de miras y una buena dosis de humildad, para adentrarse en el frondoso bosque de los complejos fenómenos y datos económicos, y salir de él con una aceptable comprensión de lo que está pasando.

Pero, además, el conocimiento detallado de la historia económica puede ayudar a tener una mejor y más amplia perspectiva de los hechos recientes. No en vano, la crisis actual ha sido comparada con otros periodos anteriores, como la Gran Depresión de los años 30, y ha sido calificada en más de una ocasión como la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Todas estas cualidades son las que cumple a la perfección el economista e historiador norteamericano Robert Higgs, a quien Libertad Digital entrevista en exclusiva.

Higgs es investigador sénior en economía política del think-tank californiano The Independent Institute, y es autor de numerosas obras relacionadas con la historia económica norteamericana y la evolución y desarrollo moderno del gobierno estadounidense, de entre los que destacan Crisis and Leviathan (Episodios críticos en el crecimiento del gobierno norteamericano) y Depression, War, and Cold War (Cuestionando los mitos sobre el conflicto y la prosperidad).

Pregunta (P): No hay consenso sobre las causas de la crisis. ¿Cuál es su postura?

Respuesta (R): La crisis tiene múltiples causas. En los Estados Unidos, las más importantes fueron las siguientes: la política monetaria de dinero fácil de la Reserva Federal (FED) entre 2001 y 2005, que estimuló el boom inmobiliario; las presiones que muchos burócratas y agencias gubernamentales ejercieron sobre los bancos y otros prestamistas para rebajar los estándares crediticios sobre la concesión de hipotecas, con el fin de prestar más a quienes querían comprar casa y carecían de las cualidades suficientes para recibir préstamos bajo los criterios de evaluación bancaria tradicionales; el rápido crecimiento de las muy apalancadas empresas semi-gubernamentales (GSE, government-sponsored enterprises) Fannie Mae y Freddie Mac, que actuaban como compradoras de hipotecas en el mercado secundario y emisoras de títulos para financiar sus propias operaciones; el fracaso de las (oficialmente privilegiadas) agencias de calificación para identificar los riesgos reales asociados con muchos de los derivados financieros que estaban basados en el flujo futuro esperado de los pagos de préstamos hipotecarios; y el fracaso de muchas instituciones financieras a la hora de reconocer los riesgos reales de sus inversiones, y evitar esos riesgos o protegerse o asegurarse adecuadamente de ellos.

De estas causas, las dos primeras -la mala política de la Fed y las diversas intervenciones gubernamentales en la industria financiera e inmobiliaria- fueron, probablemente, las más importantes.

P: Se han justificado las masivas intervenciones públicas con el pretexto de salvar al capitalismo. El sistema financiero se hubiera colapsado de no haber rescatado e intervenido el gobierno en numerosas entidades financieras. ¿Hay algo de cierto en todo esto?

R: El capitalismo genuino no ha existido en los Estados Unidos desde la primera parte del siglo XX, así que cualquier cosa que el gobierno se pueda haber imaginado estar salvando, eso no es el capitalismo.

De hecho, las intervenciones del gobierno se han centrado en salvar a la gigante aseguradora AIG, a Fannie Mae y Freddie Mac, a los grandes bancos comerciales y de inversión, y a las compañías automovilísticas General Motors y Chrysler -de las cuales, todas deberían haber sido liquidadas-, además de centrarse en dar dinero a miembros del sindicato United Auto Workers (uno de los más importantes en EEUU), a varios sindicatos del sector público, y a otros solicitantes de favores públicos con influencia política.

El riesgo sistémico es vastamente exagerado, como una estratagema de los lobbies; el sistema en su conjunto como tal nunca estuvo en sustancial peligro. Un sector de mercado de la economía, para ser genuino, debe ser un sistema de beneficios privados y pérdidas privadas, no un sistema de beneficios privados y pérdidas públicas.

Las intervenciones del gobierno han creado un gran número de empresas zombies, que están realmente en bancarrota, pero que se mantienen en funcionamiento mediante inyecciones de fondos del gobierno.

P: Los niveles de deuda y déficit públicos actuales preocupan a los analistas. ¿Cómo cree que puede evolucionar?


R: La actual deuda y los déficits proyectados crean un riesgo sustancial de impago sobre el servicio de la deuda del gobierno de los EEUU. Incluso si la actual crisis no hubiera sucedido, las promesas del gobierno de proporcionar prestaciones para las personas jubiladas y la asistencia sanitaria no pueden mantenerse durante mucho tiempo más.

El gobierno probablemente tratará con esta situación insostenible tomando una serie de pasos marginales, y a veces escondidos, para subir los impuestos y minimizar las prestaciones prometidas. Otra posibilidad es la inflación elevada, que reduciría el valor real de los pagos de intereses sobre la deuda del gobierno, y que equivale a una forma de impago indirecto.

El impago abierto y declarado es el resultado menos probable, pero aun así es imaginable. Al fin y al cabo, el Tesoro de los EEUU ha impagado antes, cuando el gobierno abandonó el patrón oro en 1933 y el Tesoro rechazó mantener sus promesas de pagar a sus compradores de bonos en oro como era lo prometido.

P: Muchos temen la deflación como el peor mal posible, y actúan para evitarla casi a cualquier coste, mediante estímulos monetarios y otras medidas. ¿Es la deflación tan peligrosa?

R: El miedo moderno a la deflación es irracional. La deflación gradual que refleja continuadas mejoras en la productividad es por lo general una situación deseable. Entre 1865 y 1897 una deflación gradual redujo los precios de consumo en alrededor de un 50%.

Durante esos mismos años, los Estados Unidos experimentaron una fase de muy rápido crecimiento de la producción real per cápita. Los precios cayeron significativamente entre 1920 y 1922, y habrían caído más, de no haber sido por la (errónea) actuación de la Fed para estabilizar el nivel general de precios de las mercancías y servicios finales durante el resto de la década de los años 20.

Sin embargo, una rápida e inesperada deflación, causada o bien por cambios en la demanda o en la oferta de dinero, no es deseable y puede causar daños sustanciales, como sucedió en los Estados Unidos entre 1929 y 1933.

No obstante, equivocarse constantemente en el lado de la inflación, como ha hecho la Fed desde la década del 30, es una mala política porque resulta en una pérdida del poder adquisitivo del dólar a largo plazo. Desde que la Fed fue creada en 1913, el dólar ha perdido más de un 95 % de su poder adquisitivo.

P: Usted elaboró el concepto de “incertidumbre de régimen” para explicar por qué la Gran Depresión se prolongó durante tantos años. ¿Puede estar pasando algo parecido actualmente con las políticas de Obama?

R: “Incertidumbre de régimen” es el nombre que le doy a los temores extendidos de que la naturaleza del orden económico se vea modificada. Esto tiene que ver principalmente con el temor de que los derechos de propiedad privada sean alterados a peor debido a impuestos más altos, regulaciones más gravosas, tratamiento más hostil de los funcionarios gubernamentales, y quizás, en el peor de los casos, abierta confiscación de la propiedad privada.

Cuando los inversores sienten esta incertidumbre de régimen son reacios a realizar inversiones de largo plazo porque temen que no serán capaces de recibir las rentas que esas inversiones generarán o incluso podrían llegar a perder el mismo capital invertido. Entre 1935 y 1940, muchos inversores norteamericanos temían que la economía de mercado iba a ser transformada en un tipo de fascismo, socialismo, o algún otro sistema dominado por el gobierno.

Durante los dos o tres últimos años, se han levantado similares temores debido a las muchas intervenciones gubernamentales a gran escala (o probablemente debido a futuras intervenciones) sobre los mercados financieros, el sistema de asistencia sanitaria, la regulación de las emisiones de gases, y la industria automovilística, además de la imposición de impuestos más altos y regulaciones más onerosas en general.

Sin embargo, debido a que la economía estadounidense ya estaba sujeta a una intensa intervención del gobierno en muchos aspectos, la situación presente no es totalmente comparable a la situación de la segunda parte de los 30.

P: Obama ha dado gran importancia a su reforma sanitaria. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esta medida?

R: La ley que se acaba de aprobar de reforma del sistema sanitario se demostrará como un desastre, tanto para el funcionamiento de la industria del sector como para las finanzas del gobierno. También conducirá a una gran pérdida en las libertades de los norteamericanos, ya que decenas de millones de éstos se verán forzados a comprar “seguros” de asistencia sanitaria que no desean comprar, o bien pagar abultadas multas.

Las compañías aseguradoras se verán beneficiadas en el corto plazo al ganar a millones de clientes nuevos (forzados), pero en el largo plazo, el conjunto de la industria aseguradora sanitaria será probablemente comida por el gobierno, debido a que el sistema “mixto” (fascista) no funcionará bien y llevará a una tremenda insatisfacción del público -fracaso del que, por extraño que parezca, se culpará al “sistema del mercado”-, un marco institucional que no ha existido en esta área desde hace décadas por las penetrantes intervenciones de los gobiernos estatales y federal.

P: Usted también ha estudiado con detalle la cuestión de las guerras de EEUU, y es muy crítico con la política exterior norteamericana actual. ¿En qué se basa? ¿Había alternativa tras los ataques del 11S?

R: Las políticas exteriores agresivas de los EEUU han sido siempre dañinas para los intereses de la mayoría de los norteamericanos, pero importantes élites políticas y falsos capitalistas se han beneficiado de las aventuras de las fuerzas militares en el extranjero y las han defendido como esenciales para la seguridad nacional del país.

Desde la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense ha mantenido una presencia militar ingente y por todo el mundo, que usa para intimidar a varios grupos y gobiernos y para crear condiciones favorables para la operación de inversores extranjeros con lazos cercanos con el gobierno americano, especialmente, en las industrias petrolíferas y financieras.

Estas intervenciones exteriores pueden generar enemigos a los Estados Unidos. Los ataques del 11 de Septiembre deberían haber sido tratados como actos criminales, no como excusas para una “guerra contra el terrorismo” (un concepto sin sentido en todo caso, porque el terrorismo es una clase de acción, no un enemigo que se pueda matar). La policía (de varios países) y cazadores de recompensas privados autorizados por el gobierno deberían haber salido a la busca y captura de los culpables de los atentados y traerlos a la justicia.

En cambio, la Administración Bush usó los ataques del 11-S como un pretexto para atacar Afganistán e Iraq, país este último que no tenía nada que ver con los ataques. Estas guerras, que continúan arrastrándose de forma indefinida, han sido desastrosas para la gente de Afganistán e Iraq, y una terrible carga, tanto económica como moral, para el pueblo americano. Cuando antes el gobierno estadounidense retire a sus fuerzas militares de Afganistán e Iraq, mejor será la situación para casi todos.

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