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Zapatero en una viñeta

Desintegración moral y ruptura nacional

Tengo un amigo que el viernes pasado consiguió liberarse por un rato de su melancolía veraniega. Leyó la prensa y halló citado su nombre con precisión. Dio gracias a Dios por tener amigos inteligentes. Pero el día aún le depararía otra alegría, porque pasó la página del periódico y captó en una viñeta, en un chiste, que sólo el humor supera la capacidad de síntesis, de crear conceptos, que tiene la filosofía. Además, constató que sólo el humor depura la sobredosis de intuición que albergan los razonamientos forzados. Le bastó leer un chiste en el periódico, un sufrimiento soportable, para salir de la tortura intelectual de quien cree que por leer más periódicos, y más revistas de actualidad será más sabio. Su risa no dolía en exceso. Era una sonrisa filosófica.

Vio en una viñeta del periódico lo estudiado durante muchos años en sesudos libros de filosofía. Un chiste de Mingote sintetizaba el Teeteto de Platón y la concepción de la amistad de Aristóteles. Vio, en efecto, que si uno no se lleva bien consigo mismo, difícilmente podrá tener relaciones soportables con los otros. Si uno no es capaz de hablarse a sí mismo con sensatez, difícilmente podrá hablar limpiamente, sin estridencias, con los otros. En otras palabras, se percató de que si uno se tortura a sí mismo, corre un grave peligro; más aún, basta que uno se amenace a sí mismo para situarse al borde del abismo, del delirio, de perder el equilibrio, la integridad, entre el sujeto y su yo.

Así de filosófico, o sea, de exacto, ha retratado Mingote en ABC, el día 10 de agosto, a un señor que le dice con el dedo levantado, es decir, crispado, a su imagen reflejada en un espejo, lo siguiente: "He enfrentado a la derecha con la izquierda, a unas regiones con otras, a los socialistas de aquí con los de allá... Y tú ándate con ojo." ¡Genial! Sobre todo, si tenemos en cuenta que el señor dibujado por Mingote no es otro que Rodríguez Zapatero. El final de la frase es la apoteosis de la irracionalidad, del peor ataque que un hombre puede hacerse a sí mismo... Quien destruye al interlocutor que uno lleva adentro, su eterno acompañante, a la vez destruye la capacidad de pensar, eso que los clásicos llamaban el dialogo callado del alma, el pensar.

Además, el chiste de Mingote, termina confesándome mi amigo, le ha recordado el principio básico del pensamiento ético occidental: "Es mejor sufrir el daño que hacerlo." El sufrimiento de este hombre que se trata tan mal a sí mismo, que incluso se amenaza con destruirse, tiene que ser mucho más duro que el de los ciudadanos, porque a estos todavía les asiste la capacidad de pensar, o sea, son conscientes de que viven con alguien que no es un "asesino" de guante blanco, ni un traidor a su patria, ni un falsario... Los verdaderos ciudadanos saben que por su integridad mental tienen que llevarse bien con su eterno "amigo", el otro yo que acompaña a todo sujeto desarrollado. Por suerte, todavía quedan muchos españoles que jamás se atreverían a levantar el dedo contra ellos mismos.

En fin, si la integridad moral, el pensar con la cabeza lo que se siente con el corazón, no es otra cosa que el diálogo silencioso, callado, que cada uno de nosotros mantiene a lo largo de la vida con su yo, entonces resulta de capital importancia, insisto, llevarse bien consigo mismo. Un hombre enfrentado a sí mismo, incapaz de dialogar con su otro yo, siempre estará al borde del precipicio. Es un hombre digno de lástima. Es un hombre necesitado de ayuda. Pero, por desgracia, si ese hombre fuera el presidente de una nación de 45 millones de habitantes, de un país al borde de la ruptura nacional, más que cura necesitaría reclusión...

Reclusión psiquiátrica para el retratado es la sugerencia moral, o sea, humorística, que extraigo de la viñeta del gran Mingote.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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