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Cataluña

El Carmelo

El Carmelo vale más que toda la chusma nacionalista de Cataluña. El Carmelo ha puesto en su sitio al señorito de Cataluña. El Carmelo es el rostro golpeado de España por los descerebrados nacionalistas del PSC y de CiU, de Esquerra y de IC. El Carmelo, barrio proletario de Barcelona, es la España real. El Carmelo no es, como quiere el señorito Maragall, el Prestige. No, por Dios, no haga el bruto, señorito Maragall, con esas comparaciones. Nadie espera mucho de un nacionalista, especialmente si de finura intelectual se trata, pero tenga algún gesto de hombría y reconozca que el barrio del Carmelo no es el Prestige, sino una parte profunda, seria y trabajadora de España. El Carmelo es la España que a usted lo mantiene en el poder. Es la gente que usted engaña con el cuento del socialismo y la izquierda. Es la buena gente que le da su voto, pero que usted no quiere mirarlos de frente por si descubren su cruel juego, su terrorífico nacionalismo, que, al fin, tiene como objetivo crear ciudadanos de cuarta, como los que viven en el Carmelo, y ciudadanos nacionalistas, gentes de pata negra descendientes de no sé qué Conde de Barcelona.
 
Maragall ha tardado en visitar la zona. Ha tardado en decir algo coherente sobre el suceso. Ha tardado en dar la cara, o sea, en comportarse como un hombre civilizado. Quizá tenía miedo a mirar de frente las calamidades que produce su nacionalismo. ¡Quizá! Tenía miedo de oír que el nacionalismo no maltrata a España fuera de Cataluña, sino fundamentalmente en Cataluña. Tenía miedo de oír, y sobre todo de ver en directo, que Cataluña es España. Los vecinos del Carmelo en la puta calle por las obras de los señoritos nacionalistas son la imagen viva de una España maltratada en una Cataluña de cartón piedra. Pobre Cataluña, disminuida España, en manos de maragalles y pujoletes. Machacada y encerrada en un agujero la ciudadanía del Carmelo parecía más un gueto español que la Cataluña de la tele y la prensa.
 
Al lado de esas imágenes de la zona cero del Carmelo, las elites políticas de Barcelona no son nada. Puros fantasmas. Lo real, la vida, la desgraciada vida de los españoles en Barcelona estaba en las calles del Carmelo. Vecinos a la intemperie, sacados a empujones de sus pisitos, porque se derrumbaban las casas por las obras del metro, eran la verdadera imagen de Barcelona. Tampoco la prensa basura de Barcelona, casi toda, conectada al poder de la Generalidad o del Ayuntamiento, es nada al lado de los rostros horrorizados de los ciudadanos del Carmelo en la calle, desorientados, sin saber dónde ir. Estaban solos. La soledad de los rostros de estas personas valía más que todos los traficantes en derechos humanos del Foro de Barcelona. Las palabras de auxilio, pronunciadas en castellano, de cualquiera de estos vecinos contándonos cómo tuvo que salir de su casa, valían más que las paparruchadas de las oenegés. Las familias del Carmelo sin saber qué hacer ni a quién recurrir es lo mejor de la sociedad civil en la Comunidad Autónoma de Cataluña. Las palabras de queja y dolor, pronunciadas en castellano, de los ciudadanos del Carmelo reflejaban la España abandonada a su destino por quienes viven de sus votos.