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Presupuestos y "cultura" del odio

Se rompe los pactos de Gobierno con el PP, primero, en Canarias y, seguramente, también en el País Vasco. Zapatero sabe lo que es romper y fracturar, utilizar el odio y la ira para obtener altos réditos políticos.

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Los nuevos Presupuesto Generales del Estado puede que sean un desastre desde el punto de vista de la economía nacional, según destacan reputados economistas, pero son, sin duda alguna, un excelente negocio político para el PSOE y los separatistas del País Vasco y Canarias. La inversión de Zapatero es mínima, pero bien utilizada pudiera obtener unas ganancias relevantes en lo que a poder y política se refiere. ¿Qué invierte Zapatero en el negocio con los separatistas? Arriesga sólo una pequeña parte de su gran capital acumulado, durante estos últimos siete años, en el banco del PSOE, pero obtendrá beneficios a corto y largo plazo: no sólo se asegura unos meses más en el poder sino que también acrecentará su gran capital político.

¿Cuál es el preciado capital del PSOE de Zapatero? A la altura de esta legislatura, y a tenor de todas las leyes de carácter ideológico aprobadas en los mandatos de Zapatero, nadie puede dejar de reconocer que el odio, la ira y la venganza son, en efecto, los componentes principales del preciado tesoro que se guarda celosamente en el banco del PSOE. Desde que Zapatero llegó al poder, sólo tuvo un objetivo romper todos los grandes consensos políticos de la Transición y, de paso, dividir y fragmentar la viabilidad de un Estado de Derecho basado en el Estado-nación. España, la nación española, ha pasado ya a un segundo plano, o peor, ha sido totalmente sustituida por un extraño Estado-partido cuyo principal capital es el odio al discrepante. La política, el negocio político, sólo se puede hacer con el afín o seguidor.

Empieza a ser una obviedad para cualquier analista político serio reconocer que, una vez más en nuestra historia, se ha instalado el odio entre españoles. La ley de Memoria Histórica es sólo un ejemplo de ese canto al odio y la ira entre españoles. Zapatero está triunfando. Ahora empieza a recoger los frutos de lo sembrado en estos años pasados. Resulta, sí, una obviedad reconocer que este odio entre españoles empieza a ser el denominador común de la actual vida política y social de España. Naturalmente, todos los agentes políticos tienen contraídas graves responsabilidades con esta "cultura del odio": en primer lugar, el PSOE y los separatistas serán mirados con rigor por los futuros historiadores de la democracia por atizarla sin ningún tipo de límite y, en segundo lugar, los de la derecha, especialmente el PP, serán juzgados por no querer, o peor, no saber detenerla.

Lo cierto es que este asentamiento de la cultura del odio en España, consolidada por Zapatero merced a la ruptura de los grandes consensos políticos de la Transición, le permite aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado con la ayuda de unos actores políticos que, lejos de importarle la nación, sólo quieren la creación de odio para su destrucción. Todos salen, pues, ganando. El odio trae más odio. Se rompe los pactos de Gobierno con el PP, primero, en Canarias y, seguramente, también en el País Vasco. Zapatero sabe lo que es romper y fracturar, utilizar el odio y la ira para obtener altos réditos políticos; por ejemplo, fractura a su propio partido en el País Vasco, además de eliminar a Patxi López como un posible competidor para liderar el PSOE, pero eso no significa que disminuya su capital político; por el contrario, parece que el odio crece sin que nadie lo pueda detener.

La acumulación de rabia y cólera, guardada colectivamente, adquiere una forma de reserva, tesoro o crédito del que podrían vivir durante mucho tiempo los partidos de la izquierda. De hecho, como ha dicho recientemente Sloterdijk, desde las revoluciones francesa y, sobre todo, soviética los partidos de izquierda se han convertido en los grandes bancos de la ira que, cuando saben hacer su negocio, obtienen con las aportaciones de sus clientes ganancias relevantes en lo que a poder, política y "thimótica" se refiere. La cuestión para la España de aquí y ahora es la siguiente: ¿Podrán sobrevivir el PSOE con esa acumulación de ira y, sobre todo, habrá algún partido político decente capaz de demostrar que eso no es un capital apto para la inversión democrática?

No sabría responder la pregunta. Pero, por desgracia, me temo lo peor. Zapatero podría con esta maniobra de los Presupuestos no sólo ganar tiempo, cosa decisiva en política, sino quizá consiga también un cúmulo de ira imposible de derrotar en futuras competencias electorales o de gobernabilidad.

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