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El túnel

La música es gratis

Me encuentro, en mi lectura diaria de noticias, con unas declaraciones de un joven cantante que afirma de manera categórica que "la música en Internet no puede ser gratis". Instintivamente, busco algún smiley, algún guiño en la expresión que matice con un toque de humor las palabras del joven, pero no soy capaz de encontrarlo. Es como... lo sé, no puede ser, pero... realmente... ¡parece como si hablase en serio! Ay, chiquitín, chiquitín, ¿pero de verdad no te has dado cuenta todavía? Tu música, la música en general, ¡ya es gratis! Lo es desde hace mucho tiempo, y nada, ni la "regulación" que pides, puede evitar que así sea.

Te lo demostraré. Veamos, imagínate, por un momento, que en lugar de haberte visto desarrollando la actividad de hacer declaraciones y midiendo tan poco tus palabras, te hubiese visto en otro de tus quehaceres, uno que –según dicen– haces bastante mejor: el de cantar. Si en ese momento, por lo que fuese, me hubiese encaprichado de una de tus canciones, ¿qué precio habría tenido que pagar para obtenerla? ¿A dónde crees que me habría dirigido para hacerme con ella? Pues simplemente, a la red.

Mis posibilidades de encontrar esa canción en la red, y de poder descargármela sin pagar nada por ella son enormes, ilimitadas. En la red puedo dirigirme a cientos de plataformas P2P, puedo enviarle un e-mail a un amigo, puedo explorar el disco duro de otros usuarios y puedo llevar a cabo infinidad de métodos que concluirán invariablemente con un resultado: tu canción grabada en mi disco duro para mi uso y disfrute, sin haber pagado nada a cambio. Créeme, puedo hacerlo. Tantas veces como me dé la gana. Mediante un inmenso y creciente abanico de tecnologías, cada día más eficientes, cada día más sencillas. Y te pongas como te pongas, no puedes impedirlo. De ninguna manera.

Si el hecho de que tu música sea gratis es algo que, de alguna manera, hace que te sientas molesto, lamento comunicarte que yo sólo soy el portador de la noticia. El hecho está ahí, no lo he inventado yo. Es, simplemente, una realidad. Tan palpable como los millones de usuarios que, cada año con mayor pujanza que el anterior y a pesar de los estériles esfuerzos de las discográficas, se dedican a bajarse música de la red. Millones y millones de canciones, totalmente gratis. Sí, también se venden canciones en plataformas de pago, y ello prueba que hay mercados para todo tipo de clientes: los que prefieren pagar una cantidad por obtener música, y los que piensan que la comodidad obtenida no compensa ese pago y prefieren conseguir la música por su cuenta. El que, como tú dices, "probablemente bajen cosas que ni escuchen" es un problema exclusivamente suyo, no tuyo. Así es la vida.

Esa regulación que tan alegremente invocas, ese "que la ley regule un poco Internet", perdóname que te diga que es algo imposible e incompatible con un régimen de libertades propio de un país civilizado. La ley puede decir lo que quiera, pero mientras no estés dispuesto a cosas tan impensables como no garantizar el secreto de las comunicaciones o la inviolabilidad de los domicilios, todo lo que diga esa ley que tan inconscientemente pides será algo completamente imposible de ejecutar. Eso sí, si no te gusta ese panorama, siempre podrías emigrar a un país que no respete las libertades fundamentales, que tristemente todavía los hay. Aunque francamente, dudo que sea eso lo que pretendes.

Antes de que montes en cólera, déjame ponerte algunas cosas claras: estoy firmemente convencido de que crear tus canciones es algo que precisa de un importante esfuerzo. Un esfuerzo que comienza con la creación de la canción, su música, su letra, sus acordes y melodías, sus acompañamientos; que prosigue con sus arreglos y trabajo de estudio, su grabación una y otra vez hasta obtener el resultado deseado; de verdad, creo firmemente que supone un gran esfuerzo de muchos profesionales obtener ese producto llamado "canción", y ese trabajo me merece un gran respeto. Creo además que la canción creada te pertenece y que, una vez que la has creado, pasa a formar parte de tu inalienable patrimonio. Eres su propietario. No creo en la abolición de la propiedad, ni ninguna idea revolucionaria por el estilo, no ridiculizo el trabajo de otros o pretendo aprovecharme en modo alguno de él. No soy lo que la economía clásica llama un free‑rider, un agente económico improductivo que consume más de un recurso de lo que debería en justicia consumir.

Es más, si me bajase gratis tu canción, esa que inalienablemente te pertenece, estaría haciéndote un favor. El favor de dedicarte mi atención, un bien escaso por el que muchos compiten como locos. Es más: me ha dicho un pajarito que lo que tú pretendías cuando, con tu duro trabajo, creaste dicha canción, aparte de tu interés por expresarte artísticamente, era que la escuchase cuanta más gente mejor. Y fíjate tú por donde, llega Internet y te concede precisamente ese deseo: un lugar en el que poder exponer tu música a un mercado enorme de gente, para que la escuchen y la disfruten. Como cuando antes te ibas a la tele a cantar para que te escuchase gratis cualquiera que tuviese un aparato de televisión. Pero ahora, mejor.

En lo sucesivo, medita tus palabras antes de que salgan por esa boquita cantarina. Los hechos son que la música es gratis para todo aquel que la quiera disfrutar. No lo es, y con ello te avanzo un tema muy interesante, para quienes quieran lucrarse con ella. El hecho de lucrarse con ella desencadena una transacción económica, y dicha transacción puede ser trazada, identificada y debería, si todo va bien, dejarte sustanciosas plusvalías que te compensasen por tu esfuerzo creativo. En eso es en lo que te tienes que centrar, y no en perseguir –o, como tú dices, "regular"– a aquellos que escuchen tu música gratis a través de Internet. Tú dedícate a crear y a cantar, que dicen que es lo que sabes hacer, y que otros te ayuden a crear negocio con ello, apoyándote en Internet, la plataforma más valiosa e impresionante jamás creada. Te garantizo –palabra de profesor– que puede hacerse, sobre todo si no te anclas en los modelos del pasado, esos que tu compañía discográfica no sabe ni quiere abandonar. Pero que no te engañen más: tu música, la música en general, para millones de personas en todo el mundo, para cualquiera que se la quiera bajar y tenga los recursos para ello, ya es gratis.

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