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Piñera: el mundo que le espera

Sebastián Piñera tendrá una favorable acogida internacional y una mayor libertad para desplegar su diplomacia. Es pragmático, y en su conglomerado, a diferencia de lo que ocurría en la Concertación, no hay presiones favorables a la Cuba castrista, la Venezuela de Chávez o la Bolivia de Evo Morales.

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Tampoco está sujeto a cuoteo en los nombramientos, ni tiene razones partidistas para incurrir en errores del gobierno saliente, como ése de entrometerse en campañas presidenciales extranjeras para apoyar a Romano Prodi y Ségolène Royal, por lo que gratuitamente se echó encima a Nicolás Sarkozy y a Silvio Berlusconi.

En Europa tendrá buena recepción en las principales naciones: en Alemania, Francia e Italia gobierna la derecha, y pronto lo hará en Gran Bretaña. En EEUU.tiene afinidades con la influyente comunidad de negocios. En el resto del mundo priman los intereses económicos, y Chile está retomando el crecimiento y cuenta con numerosos acuerdos comerciales. El ocaso de Chávez y la recuperación económica mundial también ayudarán, pues permitirán despolitizar los organismos internacionales, en particular Unasur.

Los desafíos internacionales del nuevo presidente provendrán de las relaciones regionales, que no parecen fáciles. Los tres vecinos tienen demandas territoriales. La boliviana es la más seria: Morales amenaza poner término al tratado de paz o multilateralizar su reclamación si no se acoge favorablemente su demanda de una salida al mar. Habrá una ofensiva de Evo, pero Piñera ha sido claro en que, sin ceder soberanía, favorecerá la cooperación y la conectividad con Bolivia.

Con Argentina, la mejoría vendrá del gobierno que suceda a los Kirchner, que se supone irá hacia el centro. En cuanto a Alan García, ha manifestado su deseo de iniciar con Piñera una nueva etapa, aunque sabemos que las etapas con el Perú nunca son duraderas. Brasil, potencia mundial, probablemente gire también al centro y se interese por la región.

En este cuadro complejo es fundamental una Cancillería mejor articulada, con más recursos y una diplomacia profesional. En las relaciones económicas, el atributo empresarial del presidente exigirá reformas desburocratizadoras para mejor aprovechar los mercados.

Otro gran desafío es la coordinación de la política exterior, de los medios públicos y privados, de las instituciones de la defensa. A veces, las descoordinaciones han causado desencuentros con los vecinos. En esta tarea, el presidente no tiene sustituto: los cancilleres no pueden imponerse a los demás ministerios.

La política exterior tiene principios e intereses permanentes que configuran la política de Estado, que trasciende a los distintos presidentes y a la que se debe contribuir sin partidismos, como ha ocurrido en sucesivos gobiernos. Lo variable son las condiciones externas, las prioridades y la gestión de los intereses nacionales. Pues bien, a este respecto Piñera puede hacer una diferencia, y tiene vientos favorables.


© AIPE

HERNÁN FELIPE ERRÁZURIZ, ex ministro chileno de Relaciones Exteriores.