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A Zapatero lo dejan fuera

Aunque sólo fuese por cortesía diplomática ante quien ostenta la presidencia semestral de la UE, los que de verdad mandan en Europa deberían haber dejado entrar a Zapatero a esa determinante reunión, aunque sólo fuese como oyente.

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Por mucho que nuestro Gobierno exagere el muy relativo voto de confianza que le ha brindado el Financial Times tras la visita de Salgado, el clamoroso desprecio que Sarkozy, Merkel y los presidentes del Consejo y la Comisión Europea han demostrado este jueves a Zapatero al dejarlo fuera del decisivo encuentro que ha diseñado el plan de ayuda a Grecia, roza la bofetada política.

Aunque sólo fuese por cortesía diplomática ante quien ostenta la presidencia semestral de la UE, los que de verdad mandan en Europa deberían haber dejado entrar a Zapatero a esa determinante reunión, aunque sólo fuese como oyente. El caso es que ni siquiera le han dejado que apareciera en la foto en el momento en que Van Rompuy y Durao Barroso han anunciado lo acordado.

Desgraciadamente, no podemos, sin embargo, reprochárselo. Una cosa es que España no sea Grecia, tal y como admite el Financial Times, y otra muy distinta que las cuentas públicas de España dejen por ello de ser alarmantes para nuestros socios comunitarios. Un presidente de un Gobierno como Zapatero, que es responsable de uno de los déficits públicos más elevados de la UE, el de mayor ritmo de crecimiento de su deuda y el del mayor número de desempleados, no es el mejor portavoz para transmitir un mensaje de rigor, seriedad y disciplina como el que se quiere transmitir y exigir a Grecia. Una cosa es –insistimos– que España no esté –todavía– tan enferma como Grecia –por ejemplo, en su nivel de endeudamiento–, y otra muy distinta que nuestro presidente de Gobierno pueda transmitir una imagen de sanador.

Téngase en cuenta que lo que el eje franco-alemán ha venido a ofrecer a Grecia en nombre de la UE es básicamente un "compromiso político" que, si bien puede llegar a ser "de solidaridad, si fuera necesario", por ahora se reduce, afortunadamente, a fiscalizar las cuentas del Gobierno griego y a exigirles que haga los deberes necesarios. Para transmitir un mensaje de esta naturaleza, la imagen de Zapatero es tan inapropiada como lo sería la de Herodes para fomentar el cuidado de la infancia.

Es por ello por lo que, a pesar de que Salgado anunciara que los españoles íbamos a ser "protagonistas de la solución", no lo hemos sido ni en la forma ni en el fondo, ni siquiera en la condición de ostentar la presidencia rotativa de la UE.

Cosa muy distinta es que, en el caso de que ese "compromiso político" exigiera en el futuro conceder a Grecia avales, préstamos u otro tipo de ayuda, el Gobierno de Zapatero sea capaz de prestar hasta el dinero que debemos con tal de figurar y sostener la ficción de que somos parte de la solución y no del problema.

Que nadie crea que exagero. Recuerden que Zapatero nada más llegar al Gobierno, y con tal de sostener la ficción de que con él nos dirigíamos al "corazón de Europa", cedió ante el eje franco-alemán todas las posiciones favorables que el Gobierno de Aznar había logrado para España en el acuerdo de Niza.

Por la foto y la propaganda, Zapatero es capaz de todo. Hasta de chuparse un desayuno de oración y hasta de recibir un balón de oxigeno –aunque sea por poco tiempo– del mismísimo Financial Times.

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