Historia
Noticias y opinión en la red
CEROS Y UNOS

El nacimiento de la industria del software

Bill Gates se convirtió en el hombre más rico del mundo vendiendo programas de ordenador. Pero, claro, no fue el pionero en este campo, aunque la industria daría sus primeros pasos muchos años después de que los ordenadores estuvieran en el mercado.

La razón era clara: los fabricantes hacían buena parte de los programas necesarios para sus clientes, y se los daban gratis. Además, las máquinas eran caras, por lo que el desarrollo de software era un gasto menor en comparación, y generalmente incompatibles entre sí, de modo que el programa hecho para una no funcionaba en otra. No era raro en aquellos primeros tiempos que incluso compañías que competían fieramente en un sector determinado compartieran sus esfuerzos en el campo de la programación.

Pero los tiempos fueron cambiando y los ordenadores empezaron a tener un precio suficientemente bajo como para que empresas menos grandes y pudientes pudieran permitirse tener uno; lo que no podían era permitirse un departamento dedicado a programarlos a la medida de sus necesidades. Así que empezaron a surgir compañías dedicadas a eso, precisamente. El punto de inflexión llegó cuando una de ellas, ADR, hizo un programa en 1964 para que el fabricante de ordenadores RCA lo ofreciera gratis a sus clientes, como era la costumbre.

El programa se llamó Autoflow y ADR pidió por él 25.000 dólares, pasta que RCA se negó a pagar. La aplicación hacía diagramas de flujo, unos esquemas que mostraban lo que sucedía dentro de un programa. ¿Ha visto en internet esos gráficos frecuentemente chistosos de cajas unidas por flechas etiquetadas con un y un no, que llevan de una situación a otra? Pues eso, pero en serio, es un diagrama de flujo. En aquella época formaban parte de la documentación que tenían que hacer los programadores para explicar cómo funcionaban los programas que hacían. Como a los desarrolladores nunca nos ha gustado documentar nuestro trabajo, lo normal es que no lo hicieran o que lo hicieran una sola vez, de modo que si se reescribía el programa, como es lo habitual, el diagrama ya no se correspondía. Pues bien, Autoflow cogía el código de un programa e imprimía automáticamente el diagrama. La leche, vamos.

Como RCA no quiso pagar, ADR lo vendió por su cuenta, a 2.400 dólares la unidad. Colocó sólo dos, pero Martin Goetz, el responsable del desarrollo de Autoflow, no cejó en su empeño. Lo reescribió para el lenguaje más popular, Autocoder, del ordenador más vendido del momento, el IBM 1401, y ahí la cosa cambió. Pero no demasiado, no crean. Muchos clientes esperaban que el gigante azul terminara produciendo un programa similar. Así que ADR patentó el suyo para asegurarse de tener la exclusiva. Y para prevenir que sus clientes copiaran el programa, en lugar de venderlo hizo firmar contratos de arrendamiento en cuyas condiciones se incluía la prohibición de copiarlo. Para 1970, el programa tenía un par de miles de usuarios, cifra bastante alta para una época en que no había ordenadores personales.

Otros siguieron la estela. El programa que marcaría la línea que seguiría la mayoría de empresas a partir de entonces se llamó Mark IV, y fue puesto a la venta por la empresa Informatics en 1967. Era un gestor de ficheros, es decir, un precursor de las modernas bases de datos, como las que vende Oracle, escrito para la gama de computadores System/360 de IBM, lo que le permitía un público potencial muy alto. A un precio de 30.000 dólares, alcanzó el millón en ventas el primer año, y los términos en que ofrecía su software, similares a los de Autoflow, se convirtieron en el estándar que seguiría la industria hasta nuestros días: alquiler indefinido del programa y unos términos y condiciones que prohibían la copia a terceros. Al principio ofrecía gratuitamente a sus clientes las mejoras al programa, pero tras cuatro años decidió cambiar de política y cobrar por las versiones nuevas. Lo mismito que ahora.

Pero tanto ADR como Informatics eran pioneros, y pioneros a los que no seguía ni el tato. Hasta que en 1969 IBM, presionado por una investigación de las autoridades antimonopolio, decidió separar el hardware del software y venderlos por separado. No afectaba a todo, pues los sistemas operativos y los lenguajes de programación seguían incluidos en el precio de la máquina, pero con este movimiento los programas del principal vendedor de ordenadores se ponían a la par que las de otros proveedores, que inmediatamente se lanzaron a competir. Si en aquel año la industria ingresó unos 20 millones de dólares, para 1975 la cifra se había disparado hasta los 400. De ese dinero, 7,4 millones correspondían a Mark IV.

Pese a que la imagen que todos tenemos en mente cuando se habla de software es Microsoft, lo cierto es que todo el negocio de la industria entonces se correspondía a aplicaciones destinadas a empresas. Hoy en día las principales empresas del ramo, quitando la compañía de Bill Gates, tienen nombres tan poco conocidos como SAP, Computer Associates, Software AG, Sybase, Informix... y algunos algo más familiares como IBM, HP, Oracle o Ericsson. Pero todos ellos se dedican al aburrido trabajo de hacer programas útiles para que los usemos en la oficina. Un coñazo de empresas, vamos.

 

Pinche aquí para acceder al resto de la serie CEROS Y UNOS.

Lo más popular