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ENIGMAS DE LA HISTORIA

1. ¿Cuál fue la causa del escándalo Matesa?

El verano de 1969 la España gobernada por Franco se vio sacudida por las noticias relativas a un escándalo financiero. En apariencia, uno de los empresarios ejemplares de la época, Juan Vilá Reyes, era protagonista de un gigantesco fraude cuyas últimas ramificaciones llegaban hasta el mismo gobierno.

Sin embargo, lo más sorprendente era que la prensa de la época se permitiera no sólo airear el asunto sino también pedir cabezas. El asunto Matesa marcó así un antes y un después pero, en realidad, ¿cuál fue la causa del escándalo?

El 5 de abril de 1969, los telespectadores españoles asistieron a la consagración mediática de un personaje llamado Juan Vilá Reyes. En el curso del programa de TV, “Ésta es su vida”, presentado por Federico Gallo, Vilá, inventor del telar sin lanzadera Iwer, fue presentado como un verdadero empresario modelo que a su notable juventud —cuarenta y cuatro años a la sazón— sumaba talento y éxito. Lo que ignoraban los millones de personas que contemplaban el programa era que tan sólo tres meses antes el ministro de Hacienda había ordenado una investigación sobre Maquinaria Textil del norte de España (Matesa), la empresa de Vilá Reyes.

El pistoletazo de salida para dar ese paso había sido la visita a España del ministro argentino de Industria. En el curso de una entrevista con su homónimo español, éste le había dado las gracias por haber comprado 1.500 telares Iwer. El argentino restó importancia al hecho y además precisó las cifras. Tan sólo se había tratado de 120, el resto —1.380— se encontraban, como se sabría después, en una nave situada cerca de Buenos Aires. Se habían exportado, eso era verdad, pero aún no tenían comprador. En apariencia, al menos Matesa estaba cobrando créditos de ayuda a la exportación, una exportación que, en realidad, no existía. A finales de julio de 1969, la revista Garbo, dedicada fundamentalmente a corazón y moda, se había atrevido a señalar que “una importante industria” conocida “por su capacidad exportadora” era objeto de vigilancia policial y añadido que “de producirse una situación judicial embarazosa... un banco no privado se vería fuertemente perjudicado por la misma”.

El 13 de agosto de 1969 debía celebrarse el Consejo de Ministros de verano en el pazo de Meirás. El día antes tenía lugar en el Hotel Finisterre de La Coruña una especie de consejo oficioso presidido incluso por el presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco. El tema que salió inmediatamente a la luz fue Matesa. Espinosa San Martín, ministro de Hacienda, indicó que el saldo deudor de la sociedad al Banco de Crédito superaba ya los diez mil millones de pesetas, una cantidad que, por ejemplo, superaba el presupuesto del Ministerio de Agricultura. Después de él habló Faustino García Moncó, ministro de Comercio y responsable de la exportación. García Moncó señaló la necesidad de recuperar los créditos y de ventilar responsabilidades. Con tal finalidad, apuntó que la solución sería proceder a la incautación de la empresa. En apariencia, la solución técnica era la más sensata pero Manuel Fraga Iribarne, flamante ministro de Información y Turismo, la desechó señalando que “se trataba de una cuestión exclusivamente política y como tal había que tratarla”. La afirmación de Fraga no se correspondía con la verdad pero indicaba de manera meridiana lo que iba a ser la actitud del sector azul con él a la cabeza.

Matesa fue contemplada por la gente de Falange —cada vez más relegada en relación con los miembros del Opus Dei— como una oportunidad de oro para recuperar un terreno perdido en los últimos tiempos. No en vano hacía muy poco que Juan Carlos de Borbón había sido jurado sucesor del Jefe del Estado, un paso que el Opus consideró un éxito y que los azules vieron como una derrota. Ahora parecía llegado el momento del desquite y, a fin de aprovechar la situación, la prensa cercana a Falange insistió en que Vilá Reyes pertenecía al Opus —algo que siempre negaría el empresario a pesar de reconocer que contaba con numerosos amigos en el grupo— y no dejó de señalar a los supuestos responsables. Así, mientras El Noticiero de Zaragoza defendía la banca privada (no en vano, la nacionalización de la banca era uno de los aspectos ideológicamente defendidos por la Falange), SP sacaba pecho a favor de la banca pública y en contra de la privada. Un asunto de características dudosas se convertía de esa manera en la excusa para cargar contra los tecnócratas del Opus. Sin embargo, las piezas que iban a caer en aquella imprudente partida de ajedrez no resultarían escasas.

La próxima semana César Vidal seguirá desvelando el ENIGMA del escándalo Matesa.

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