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CIENCIA... Y POLÍTICA

A vueltas con el calentamiento global

El calentamiento global es un enigma. La ciencia no sabe con certeza cuál es su origen, ni cuáles sus causas y efectos. Algunos científicos advierten de que, si no se adoptan urgentemente drásticas medidas para reducir los gases de efecto invernadero que resultan del uso de combustibles fósiles, el mundo sufrirá desastres de dimensiones apocalípticas, como muestran sus modelos climáticos. Otros científicos aseguran que aquéllos y sus modelos están equivocados, y que las medidas obligatorias, como el Protocolo de Kioto, serán funestas.

Al igual que China y Estados Unidos, Canadá se niega ha ratificar el Protocolo de Kioto porque causaría una fuerte recesión en su economía y la pérdida de 275.000 empleos. En lugar de ello, formará parte del grupo AP6 (junto a dichos países, Australia, Japón, la India y Corea del Sur), que busca reducir la emisión de gases de efecto invernadero mediante innovaciones tecnológicas y recortes voluntarios. La solución al calentamiento global, sostienen, no debe pasar por restringir el uso de la energía y poner freno al crecimiento.
 
Estos países están preocupados no sólo por el exagerado costo de las medidas, sino porque algunos estudios climáticos revelan que el Protocolo de Kioto es un error. No existe prueba alguna de que el calentamiento haya sido causado por los gases de efecto invernadero originados por las actividades del hombre. Las evidencias muestran que el calentamiento tiene causas naturales, como la actividad solar, y la situación no experimentaría cambios con las restricciones impuestas por Kioto a las emisiones de CO2, ni con el uso de combustibles antieconómicos como el etanol y el hidrógeno, ni con la generación de electricidad por medio de  fuentes solares, eólicas y la biomasa. Además, muchos creen que contar con un clima más cálido puede ser beneficioso para la Humanidad.
 
Pero lo más enigmático del calentamiento global es que, pese a tratarse de un dilema científico, el debate se ha trasladado al campo ideológico y es dirigido por políticos como Al Gore. Los socialistas, sin excepción, sostienen que el hombre es culpable del cambio climático y que urge aplicar el Protocolo de Kioto para restringir la activad industrial y el uso de combustibles fósiles, ya que el desastre es inminente. La derecha defiende una postura unánimemente opuesta.
 
Estas posiciones no son un capricho de la izquierda y la derecha. Las ideologías sólo tratan de ser coherentes. La izquierda persiste en la amenaza del calentamiento global porque sabe que las "soluciones" serán anticapitalistas: restricción del desarrollo industrial, freno al libre comercio y a la globalización, fortalecimiento del intervencionismo, aumento del poder de la burocracia en la economía mundial. La derecha, en cambio, tiende a proteger las instituciones capitalistas: desarrollo industrial, aumento de la productividad, apertura comercial, crecimiento económico sostenido.
 
Los socialistas y ecologistas radicales alientan el miedo al calentamiento global con el propósito de afianzar su agenda política y extender su control sobre la sociedad. Su agenda es increíblemente antihumana. "Alimentar a los niños hambrientos –dicen– supone exacerbar el problema global de la población". Se trata de los mismos principios que en la lucha contra la contaminación y el calentamiento global les inducen a limitar la producción y el consumo y a frenar el progreso.
 
A las élites ecologistas y de izquierda no les preocupa que las políticas que pretenden reducir el calentamiento global terminen condenando a los países atrasados a seguir en la pobreza, dado que el desarrollo requiere expandir la industrialización, el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero. No ven que el ser humano no es el enemigo, sino el factor más importante en la solución de los problemas climáticos, por lo que previamente hay que liberar a todos los pueblos de la indigencia.
 
Algunos economistas sostienen incluso que el calentamiento podría tener efectos positivos, mejorar el ingreso y la calidad de vida de la gente. En cualquier caso, sería un crimen dilapidar los escasos recursos globales en combatir un fenómeno cuyas causas y efectos se desconocen y dejar de lado el más urgente problema de la Humanidad: la pobreza.
 
 
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PORFIRIO CRISTALDO AYALA, corresponsal de AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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