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Columna publicada el 29-10-2002
¡Ya se ha acabado todo! La fiesta del 28 de octubre ha dejado a los socialistas borrachos de su propio entusiasmo del pasado, y a los populares resacosos por sus propios errores del presente. A estas alturas nos queda una cosa clara. Las celebraciones socialistas del 28-O nos han servido para confirmar, sin dudas para nadie, que detrás del actual guión de Rodríguez Zapatero se mantiene el espíritu del 82 con todos sus matices: os buenos y los malos. Detrás de Rodríguez Zapatero permanece intocable la sombra de Felipe González.
El pasado domingo, el actual secretario general del PSOE hablaba del llamado "espíritu de Vistalegre" como el punto de arranque de una nueva etapa de los socialistas. Un espíritu, decía Zapatero, de alegría e ilusión. Pero realmente, ¿que hay detrás de ese "nuevo espíritu"?. Pues sencillamente encontramos lo de siempre: mucho humo y poca concreción. Todo efectismos, pero poco fondo
Ante este diagnóstico sobre la situación interna del PSOE, accesible para cualquier observador político, el Partido Popular está tropezando una y otra vez en la misma piedra. Con una oposición que no ha presentado un verdadero proyecto, respaldado por un programa; con una oposición que recurre al "felipismo" más duro para recuperar la ilusión; con una oposición parapetada en el permanente "golpe de efecto"; el Gobierno del Partido Popular no termina de levantar cabeza. Ese es el verdadero problema. El Gobierno, de forma poco explicable, ha perdido la iniciativa. El presidente Aznar, que es bien consciente de la situación, intentó parar el golpe antes del verano con una fuerte crisis de Gobierno. Entonces, parecía que tomaban aire. Pero después de las vacaciones, el Ejecutivo ha vuelto a las andadas. No consiguen vender convenientemente la gestión y se tropiezan con el mismo problema: ofrecen un mensaje cansado y previsible. Han perdido la capacidad de improvisación, han perdido la capacidad de sorprender. Ahora es Zapatero quién sorprende con simplonas estrategias parlamentarias.
Este lunes, tras la "borrachera socialista", el presidente ha intentado atajar la situación en la tradicional reunión de "maitines". Aznar ha sometido a los suyos a una "terapia de choque", intentando buscar los resortes para que puedan recuperar la ilusión por la gestión política.
Pero antes o después volvemos a chocar con lo de siempre: la sucesión. El Partido Popular se encuentra abotargado por el interrogante de su futuro. Todas las estrategias terminan desembocando en la misma historia, todo termina atrofiado ante el interrogante del elegido.
No nos engañemos. El problema no está en el PSOE. El problema está en el Partido Popular. Los socialistas están cogiendo forma gracias a los errores de los populares. El PP, con una generosa mayoría absoluta, tiene todos los resortes necesarios para ganar en las próximas generales. Y sus propios tropezones están facilitando que los socialistas tomen fuerza. Al final, lo dicho: unos, borrachos de pasado, otros resacosos del presente. ¡Ese es el espectáculo!

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