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Columna publicada el 10-10-2003
La noticia, mejor dicho, la filtración interesada por algunos protagonistas de la cena celebrada en el Palacio de la Moncloa por el presidente Aznar con cuarenta cachorros del Partido Popular, no es lo que parece. Aunque alguno de esos "cachorritos" se empeñe en "autobautizarse" como el "clan de Becerril", nada tiene que ver con la realidad. Es cierto que en Moncloa estuvieron un buen grupo de jóvenes militantes del PP que ocupan importantes puestos de responsabilidad, es cierto también que en buena parte pasa por ellos el futuro del Partido Popular, es cierto que algunos de ellos ya han demostrado la valía política en muchos avatares, pero no es menos cierto que con este movimiento –promovido por unos pocos–, al intentar involucrar a otros, están rompiendo las reglas básicas que el presidente Aznar impuso hace catorce años: "en el PP no hay familias ni sectores". En Moncloa han cenado unos pocos que intentan aprovecharse de la situación, y otros muchos –la mayoría– que no quieren verse mezclados con los promotores.
Seamos claros. El "clan de Becerril" no existe. Sólo existe en la imaginación de unos pocos "fantasiosos" cachorros que intentan hacer su carrera a rebufo del presidente Aznar, aprovechándose de lo que uno nunca debe de aprovecharse, y utilizando a otros compañeros que en sus mismas condiciones humanas y políticas tienen muy claro que en el Partido Popular no debe de haber ni grupos, ni clanes. Estos chiquitos, que por cierto tienen nombre y apellidos de sobra conocidos dentro del PP, pretenden crecer y "enchufarse" al calor del presidente del Gobierno. Piensan que con salir en la foto ya vale, se creen que con salir saludando al "Jefe" otros pesos pesados del partido les van a respetar, y eso no es así. En la política, salir en la foto no es suficiente; el valor no se presupone, hay que demostrarlo con muchas horas de vuelo y de contrariedades. Y algunos –sólo algunos pero muy vanidosos– se creen que esto de la política es fácil y cómodo, sin otra complicación más que el coche oficial tenga o no tenga gasolina.
Desde luego, reuniones como la del Palacio de la Moncloa no hacen ningún favor a Mariano Rajoy. No es bueno que antes de que asuma de forma definitiva su liderazgo en exclusiva, algunos que se creen que tienen un "plus" de valía por su "relación" con el presidente intenten colocarse con el nuevo secretario general. Es bueno que esos "listillos" sepan que Mariano Rajoy no tiene ninguna obligación de asumir herencias personales; es más, aunque es evidente que la prudencia de Rajoy le va a llevar a guardar silencio, con toda seguridad que al nuevo secretario general del PP no le habrán gustado nada estas "cenas de influencias".
Lo siento, pero esto no es lo que parece. Con Aznar se acaba una época en el PP, y las fotografías con el tiempo se quedarán en eso, en viejas imágenes para el álbum de los recuerdos. La política es una cosa, el sentimiento es otra; pero desde luego, si algo no se puede permitir el Partido Popular en un momento de transición es que un grupo de "amiguetes" intenten hacer "lobby" de la política. Eso a Rajoy no le gusta; y a Aznar, estén seguros, tampoco. En fin, los cuatro de siempre siguen sin aprender la lección.

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