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Columna publicada el 08-06-2002
La política tiene, como es sabido, un claro ingrediente de espectáculo. Por lo mismo, el espectáculo no puede serlo todo en política. Con la dinámica de los mítines, de los actos públicos, de las militancias entregadas, la política, ficticia y luminosa, se parece a un circo ambulante. Pero esta parte, la más superficial y que tanto gusta a los políticos, debe siempre estar respaldada por los contenidos, por la experiencia, por la gestión, por el trabajo y, en todo caso, por un buen programa electoral.
Con la presentación a bombo y platillo de Adolfo Suárez Illana como candidato del Partido Popular a la presidencia de la Comunidad autonóma de Castilla-La Mancha, nos situamos en el escenario de la política-espectáculo. Todo se ha preparado de forma muy cuidadosa. Se ha escogido Toledo, la capital, principal feudo del Partido Popular; un polideportivo fácil de llenar, pero que al mismo tiempo ofrece una apariencia de masas enfervorecidas; con la presencia y respaldo de José María Aznar y con un gesto que, por lo inusual, deberá ser muy tenido en cuenta: el secretario general del PP, Javier Arenas, que ha aceptado ser telonero del candidato, cederá su lugar de intervención en el mitin a Suárez Illana, que lo hará pues delante del propio Aznar. Para esta cita hay acreditados más de trescientos periodistas de todos los medios de comunicación españoles y varios corresponsales extranjeros. En definitiva, la maquinaria de luz y de sonido está perfectamente engrasada.
Ahora ya sólo falta conocer los contenidos, quizá lo más aburrido, pero sin duda lo más importante. Una vez montado el espectáculo, habrá que desentrañar al candidato, para quien empieza la hora de la verdad. Por un lado tendremos que estar muy pendientes de sus formas y maneras en un acto de estas características. Tendremos que analizar lo que dice y cómo lo dice. Será muy importante la intensidad y la visualización del apoyo del presidente del Gobierno y, por su puesto, será imposible no hacer todas las comparaciones imaginables con el padre del candidato, es decir, con quien fuera primer presidente del Gobierno de la Transición: Adolfo Suárez González.
Además desde este pistoletazo de salida, comienza lo más complicado, el trabajo político que pasa despercibido incluso para los medios de comunicación. Pueblo a pueblo, casa por casa, con actos electorales de muy pocos asistentes, cuando se precisa constancia y coherencia, la hora de la dura realidad. Ese momento todavía no ha llegado, todavía estamos en los fuegos de artificio. Y además en el PP, deberán tomar buena nota de que el actual presidente autonómico José Bono no ha comenzado a actuar. Su inteligencia política, que no es poca, le está llevando a reservarse, a mantenerse en la retaguardia a la espera del candidato. Bono sabe de qué va la política y que estas presentaciones de brillantina y luces de colores se acaban y se desvanecen. Él es de recorrido largo y, antes de entrar en acción, quiere saber sí el candidato tiene fundamento o es un "globo" soportado desde Madrid. Sí Suárez Illana no se desinfla solo, Bono entrará en acción.
Por ahora estamos en el territorio festivalero y en esa parcela todo es artificial, prefabricado. Que nadie olvide que todavía queda un año para las elecciones, mucho tiempo, durante el que pueden ocurrir demasiadas cosas.

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