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HISTORIA

La División Azul

Xavier Moreno Juliá ha escrito una historia de la División Azul. Teniendo en cuenta que Moreno se ha formado en la Universidad de Barcelona y ha ejercido la docencia en la UNED y en la Universidad Rovira i Virgili, instituciones fabricantes de farfolla historiográfica (no sólo producen farfolla, claro está, pero sí mucha, demasiada), podría esperarse el habitual enredo progre. Pero se trata de un libro bastante bueno, en algunos aspectos excelente; si bien no en todos: eso no sería humano.

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Empezaré por los menos excelentes. Tratándose de una unidad militar, esta faceta debiera haber sido tocada de modo prioritario, articulando el conjunto, pero se echa de menos un análisis más pormenorizado de la situación afrontada por la División Azul, de la relación de fuerzas en los distintos momentos, etcétera. En cambio, encontramos una atención excesiva, con detalles a menudo irrelevantes o no bien aclarados, a las cuestiones burocráticas y a otras secundarias.
 
También chocan en el enfoque observaciones que sólo cabe calificar de pintorescas, como frases lastimeras sobre los muertos (se trataba de una expedición militar, no turística) o sobre el número de bajas (un 50% entre muertos, heridos, congelados, enfermos, desertores y prisioneros, subraya el autor, con lo que no resultó tan malparada, pues, vistas así las cosas, los alemanes, los franceses, los japoneses y otros tuvieron casi un 100%). Considerada una fuerza de primera línea en un frente durísimo y frente a un enemigo por lo general superior en número y material, habría sido más ilustrativo contrastar el número de muertos, por ejemplo, no con los millones de bajas del frente ruso, como hace el autor, sino con el de otras divisiones similares.
 
Y no menos instructivo resultaría un estudio comparativo con las Brigadas Internacionales, con las que guarda bastantes semejanzas la División Azul: cuerpos básicamente de voluntarios en país extranjero, con un tiempo de combate parecido y con un número similar de hombres (45.000 pasaron por la DA, y unos 35.000, oficialmente, por las BBII). Según los cálculos de Castells, que parecen por ahora los más cuidados, habrían muerto 10.000 brigadistas, es decir, el doble que los divisionarios, proporción increíble, y sorprendente por cuanto la permanencia de los divisionarios en el frente parece haber sido más constante que la de los brigadistas, y el frente ruso, desde luego, mucho más duro.
 
Detalle de la portada de LA DIVISIÓN AZUL.Pero la cifra de muertos brigadistas debe incluir a bastantes españoles alistados también en dichas brigadas, y debe tenerse en cuenta asimismo el elevado número de ellos hechos fusilar por sus propios jefes, sin parangón posible con la DA. Sugiero a algún historiador joven e interesado ese estudio comparativo, no necesariamente largo, entre ambas unidades.
 
El mayor interés del libro reside, a mi juicio, en la exposición del trasfondo político y de las rivalidades entre la Falange y el Ejército, en las que éste llevó casi siempre las de ganar, demostrándose una vez más que, contra la imagen propagandística, el componente digamos fascista en el régimen de Franco siempre resultó menor y subordinado. La posición de Serrano Suñer queda asimismo examinada con neutralidad.
 
También trasciende, aunque no de modo explícito, el realismo y la extraordinaria habilidad de Franco, servido por unos excelentes diplomáticos, para evitar entrar en la guerra pese a las presiones, a veces brutales, de los alemanes y los anglosajones (ambos estuvieron muy cerca de invadir España, cada cual en su momento). Interesantes también las alusiones a las actividades del servicio secreto británico para provocar descrédito y descontento popular hacia la división. Y así bastantes otros puntos tratados con objetividad bastante alejada, como indiqué al principio, de la habitual farfolla que quiere pasar por historiografía en muchas universidades.
 
El análisis del autor sobre el peso de la DA en la política interior y exterior franquista es igualmente valioso, aunque quizá valdría la pena examinar el valor indirecto de la división como posible factor disuasorio ante una invasión aliada: una lección de la Guerra Mundial fue que un fuerte espíritu de resistencia, incluso con fuerzas mal pertrechadas, podía convertir a un país en un infierno para el invasor, como ocurrió a los alemanes en Yugoslavia. Nada indicaba que, pese a las penurias que atravesaba España, una invasión del país fuera a resolverse en un paseo militar, y la experiencia de los voluntarios en Rusia podría indicar algo a quienes planearan tal cosa. También podría algún historiador serio extenderse sobre estas cuestiones.
 
Pues aunque, como observa Moreno, la División Azul constituía, por sus dimensiones, sólo una parte mínima de los ejércitos desplegados en el terrible frente ruso, tuvo un comportamiento militar más que notable, brillante. En reconocimiento a su acción colectiva, su primer general, Muñoz Grandes, recibió la Cruz de Hierro con hojas de roble, condecoración que al parecer sólo fue concedida a otro general no alemán.
 
Muñoz Grandes.Tanto Hitler como Model consideraron a la DA una de las unidades mejores de la Wehrmacht, apreciación significativa no sólo por las pretensiones de superioridad de los "arios", sino porque los especialistas suelen considerar al ejército alemán de la II Guerra Mundial como uno de los mejores de la historia, si no el mejor.
 
Los soviéticos, lógicamente, no estaban tan felices. Declararon a Muñoz Grandes y a algunos combatientes españoles "criminales de guerra". Pero, por todo lo que sabemos, la conducta de los divisionarios con la población civil rusa fue buena, lo que provocó algunos encontronazos con los alemanes. Hace unos años algunos veteranos recorrieron en plan de turismo los lugares de sus combates juveniles, y los viejos del lugar los acogieron con gran afecto.
 
Hubo un cierto grado de coacción en los últimos alistamientos, y se apuntaron a la DA algunos izquierdistas con la intención de pasarse a los rusos. La suerte no les sonrió excesivamente, pues quienes lograron su propósito fueron igualmente internados en campos de trabajo, en las penosísimas condiciones normales en tales lugares. El total de prisioneros no parece haber pasado del medio millar, un número sorprendentemente bajo para el de soldados comprometidos, y teniendo en cuenta que al final llevaron la peor parte, como todo el ejército alemán. La mayoría de ellos volvieron a España en el famoso barco Semíramis, en 1954.
 
Aunque con algunas perogrulladas y tics progres, muy difíciles de evitar en el pesado ambiente universitario actual, puede decirse que el libro de Moreno constituye una aportación de verdadero valor a la historiografía sobre nuestro pasado reciente, todavía muy lastrada por el peso de una propaganda tan persistente y eficaz como falsa.
 
 
Xavier Moreno Juliá, La División Azul. Sangre española en Rusia, 1941-1945, Barcelona, Crítica, 2004, 568 páginas.
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