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Barcelona

¿La ciudad que fue?

Recordemos la célebre queja de Maragall (no el politicastro, sino el apreciable escritor):

¡Yo, que quería ser poeta como Byron o Heine y tirarme a mujeres casadas y que me amasen, y tener cara ombrageuse y frente rêveur y correr mundo y no vivir más que para la Belleza y el Arte! ¡Ah! Barcelona, Barcelona, ciudad burguesa, húmeda y aplanadora; ¡ah! burguesía, ¡ah! muletones y manteros, género tuyo de poca consistencia; ¡ah! medianía en riqueza, en posición, en todo; ¡ah! símbolo de toda medianía, tú, Barcelona, ¡¡¡bien me has jodido!!!

Pero aun con eso y con toda su convulsa trayectoria desde finales del siglo XIX hasta 1939, Barcelona tiene un historial en conjunto brillante.

Otra buena época de la ciudad fue la de los años 70, que narra Jiménez Losantos en su bello y triste libro: bello porque los relatos de juventud suelen serlo, y triste por el testimonio de la rápida conversión –no completa, por fortuna– de Cataluña en Catalufia, mediante una mezcla de terrorismo administrativo, terrorismo sangriento –menor pero práctico– a la sombra del terrorismo mayor de la ETA, y de ataques masivos a la libertad de expresión de los disidentes y a la cultura catalana, a la que se pretende mutilar de su parte quizá mejor, la escrita en el español común, e infectar con la plomiza, hortera y embustera retórica nacionalista. Tropelía realizada por alianza factual entre la derecha pujoliana y los comunistas primero, los socialistas enseguida.

Sin embargo, observa García Domínguez, La ciudad que fue describe un mundo que solo parcialmente fue así. Hubo, desde luego, una gran efervescencia cultural –como en Madrid con diferencias mucho menores de lo que suele pretenderse, si exceptuamos la proximidad de Francia, utilizada masivamente para ver cine pornográfico–. Pero uno aprecia mucho trueno y poca lluvia cuando reflexiona sobre los frutos, como los posteriores de la movida madrileña (o la viguesa y demás movidas), con todo su folklore "libertario", "trasgresor" "irreverente", etc. Se trató de movimientos artística e intelectualmente medianillos, de los que se salvan muy contadas obras y figuras. Entre éstas destaca precisamente Jiménez Losantos, un fenómeno cultural y mediático de primer orden, sin el cual el siniestro panorama catalufo ya se habría extendido, con toda probabilidad, sobre el país entero. Y el autor se salva, precisamente, porque su especial talento le ha permitido renunciar o dejar muy atrás, intelectual sino sentimentalmente, aquellas movidas de tanta espuma para tan poca cerveza, mucho más dispuestas de lo aparente a aceptar la "normalización" separatista y a cooperar con ella.