Opinión
Noticias y opinión en la red
Unión Europea

Nacionalismo y europeísmo

"Nacionalismo" es una de esas palabras que sirven para un roto como para un descosido, a gusto del consumidor. En principio es la doctrina democrática, reciente históricamente, según la cual la soberanía reside en la nación, en el pueblo. De ahí que muchos confundan nación con nacionalismo: la primera es muy anterior al segundo.

También se le suele asimilar al patriotismo, un sentimiento natural ligado a la nación, al que muchos consideran, en un análisis superficial, generador de guerras. Cabe señalar que el nacionalismo fue visto en sus orígenes como garantía contra las guerras, puesto que estas, se decía, tenían interés para algunas oligarquías y monarcas, mientras que el "pueblo" sería por naturaleza pacífico, y en cuanto tuviera la soberanía se habrían acabado los conflictos. Esta clase de bobadas ha gozado y goza de amplia difusión.

También suele equipararse nacionalismo a imperialismo, otro concepto muy difuso. Todos los imperios se han cimentado sobre alguna base nacional, con nacionalismo o sin él, pero muchas naciones no han generado imperios. El sentimiento nacional, tanto en sentido democrático como patriótico, es muy intenso en Suecia o Suiza, los países exteriormente más pacíficos de Europa, junto con España, desde principios del siglo XX. El nacionalismo useño, por el contrario, ha sido muy expansivo y belicoso. Como lo han sido, en Europa, los nacionalismos francés y alemán, cuyos choques desde 1870 han incidido con fuerza en el destino del continente.

Pero tanto en Alemania como en Francia el nacionalismo ha marchado muy unido al europeísmo, aunque dentro de este cada una aspirase a la hegemonía. No es fácil decir si las mutuas agresiones han venido más de un exclusivismo nacionalista o de su designio europeísta. Por otra parte, el europeísmo no deja de ser un fuerte nacionalismo ante el surgimiento de potencias del tamaño de Usa, Rusia o China.

La II Guerra Mundial hizo surgir un nuevo nacionalismo europeo que trata de superar los conflictos francoalemanes convirtiendo a ambos países en el eje decisivo de una Europa unida. Fue un designio cristianodemócrata, con raíces en el Sacro Imperio Romano Germánico, intento político-religioso de unificar a la cristiandad –a Europa–, un resto del cual subsistió en el Imperio austrohúngaro. Después, el europeísmo adquirió el actual tono socialdemócrata. El designio invierte política y culturalmente toda la historia y la tradición europea desde la caída del Imperio romano de Occidente, un rasgo en el que quizá no se ha reflexionado bastante y que a España le plantea la duda de si le convendrá tal empresa. Cuestión digna de mayor reflexión y análisis en un país que parece funcionar desde hace mucho a base de tópicos.

Acceda a los 11 comentarios guardadosClick aquí