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De la Primavera Negra a indignados

El problema cubano que hereda Rajoy es un problema más creado por los socialistas. Un problema mínimo, lo sabemos, comparado con lo que dejaron en el país, pero un problema humano que hay que resolver de cualquier manera.

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El pasado gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero tuvo a bien negociar con la tiranía castrista, a través de la iglesia católica castrista en Cuba, la excarcelación y destierro de una buena cantidad de presos políticos cubanos entre los que se incluyen, considerándose los principales, aunque todos son importantes, los de la Primavera Negra del 2003. Esa negociación entre el gobierno español de Zapatero la llevaron a cabo el antiguo ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, la ministra Trinidad Jiménez, y el propio presidente del Gobierno con el Cardenal Jaime Ortega y Alamino y Raúl Castro.

Todos recordarán que a los presos se les sacaron de las celdas, se les vistió de cuello y corbata y, sin pasar por sus casas, los introdujeron en unos ómnibus dentro de los cuales fueron conducidos a las escalerillas de los aviones que los llevarían a España; allí, antes de subir los peldaños de los aviones, se volvieron a abrazar con los familiares que ellos escogieron por teléfono desde las cárceles para que les acompañaran en lo que fue una deportación sin garantías firmadas, con muchas promesas, eso sí, pero al parecer todas de boca para fuera.

Algunos de estos hombres y mujeres llegaron a España en edad de retiro, muy enfermos, y después de haber pasado siete años y medio o más (15 años en algunos casos) en cárceles de máxima seguridad. Se sabía que una vez en España les costaría trabajo adaptarse a las nuevas condiciones de vida, se suponía que para ellos no sería nada fácil. 

Para ellos no ha sido fácil nunca, ni allá, ni aquí; tampoco aquí como para cualquier exiliado cubano o de otra parte del mundo. Sólo que a ellos, el gobierno español les prometió villas y castillos, y negoció con el régimen de La Habana sus vidas, y las vidas de sus familiares, un arreglo que hasta ahora desconocemos en qué consistió. Ellos no lo pidieron, ellos una vez más fueron víctimas de la macabra manipulación de los políticos.

Lo cierto es que esa ayuda se acaba, los presos en su gran mayoría no han podido resolver trabajos, dada la crisis que vive España en la actualidad, y debido a esos recortes, necesarios en épocas de crisis, les han anunciado que los echarán a las calles si no pagan los alquileres, y que no recibirán ninguna ayuda más. Ellos se han movilizado, y personas amigas también lo han hecho; sin embargo ahora tendrán que pedir una prórroga de esas ayudas al nuevo gobierno de Mariano Rajoy, al PP, que no han tenido nada que ver con la negociación del anterior gobierno.

El problema cubano que hereda Rajoy es un problema más creado por los socialistas. Un problema mínimo, lo sabemos, comparado con lo que dejaron en el país, pero un problema humano que hay que resolver de cualquier manera.

Entre las personas que se encuentran en una situación sin salida hay una anciana muy enferma, al borde de la muerte, también niños menores en edad escolar de primaria, adolescentes; todos necesitan del apoyo del gobierno español. No creo que esa promesa deba olvidarse y dejarse de cumplir.

Sin embargo, creo que el PSOE, aunque no esté en el poder debe asumir este error que cometió –si es que ahora lo consideran error, en el momento en que lo aprobaron creyeron al parecer que solucionaban el tema de la falta de libertad en Cuba–. El PSOE debe solucionar con ayudas económicas esta situación. De manera tal que estos hombres que merecen todo el respeto de nosotros y del mundo libre, que lucharon por la democracia y la libertad de Cuba, sean recibidos como lo que son: hombres y mujeres de honor.

Cuando vemos todavía el derroche de dinero que se gasta el PSOE en reuniones intrascendentales y en apilar gestiones burocráticas sería correcto pensar y aprobar que estos presos y sus familias les exijan lo que ellos les deben: un exilio digno. Que les renueven las ayudas, que las paguen con el dinero que tiene el PSOE, y que les consigan puestos de trabajo asequibles a sus necesidades. Urge que estas personas sean tomadas en cuenta, por ellos, por los mismos que los embarcaron en semejante aventura solamente para ganar votos y mantenerse unos meses más en el poder.

De lo contrario, yo si fuera ellos, me plantaría frente a las residencias de Moratinos, Jiménez, Zapatero, y la sede del PSOE, como hicieron hoy en la sede del PP, convocando no solamente a la prensa española, sino también a las agencias extranjeras y a los embajadores de diferentes países del mundo libre. ¡Indignaos, ustedes con mayor razón que nadie!

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