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Una nación entera que seguía la tragedia del derrumbamiento de la mina de Utah era golpeada por la tragedia adicional de otro desprendimiento en la misma mina, que mató a los hombres que habían accedido al subsuelo para intentar rescatar a los mineros allí atrapados. La segunda tragedia era evitable. Pero solamente si estamos dispuestos a hablar de la vida humana en términos de sacrificio. Nuestra sociedad se ha hecho demasiado endeble para hacerlo.
Conforme pasaban los días, sin señal alguna de que los mineros atrapados estuvieran aún con vida, y con probabilidades cada vez más reducidas cada día de que permanecieran con vida incluso si de alguna manera hubieran sobrevivido al desprendimiento, en algún punto deja de tener sentido arriesgar más vidas para intentar salvarlos. “¿Pero qué pasaría si su hermano o su padre estuvieran ahí abajo?" dirán algunos. "¿Querría usted dejar de buscar si hubiera alguna posibilidad remota de que pudieran estar aún con vida?”. La respuesta breve es: ¿qué pasaría si su hermano o su padre tuviera que arriesgar su vida en un intento de rescate subterráneo?
Los sacrificios son ineludibles en todo aspecto de la vida, pero cualquiera que hable de sacrificios cuando la vida está en peligro es probable que sea denunciado como carente de compasión, por no decir cruel. La sensiblería se confunde con humanidad con demasiada frecuencia, pero la consecuencia de la sensiblería puede ser el sufrimiento innecesario y las muertes innecesarias.
Muchos asesinos a sangre fría han salvado su vida porque la gente con demasiados remilgos con las ejecuciones imagina que es más moral o más humano encerrarlos de por vida, o hasta que escapan o son condonados algún día cuando un gobernador aún más melindres sale elegido. La gente adicional asesinada por criminales convictos forma parte del elevado precio pagado por tal delicadeza.
Pueden resultar asesinados mientras están en prisión o fuera, quizá durante uno de esos "permisos" para presos tan en boga entre aquellos que se precian de ser pensadores más avanzados que el resto de nosotros. El precio de su vanidad puede ser muertes más terribles que las ejecuciones que califican de demasiado crueles para llevarse a cabo.
Algunas de las víctimas de nuestra debilidad mueren inadvertidamente porque sus muertes no se consideran tan de interés general como las muertes de las víctimas de derrumbamientos en minas o de asesinato. Miles de personas mueren cada año esperando un trasplante de órganos que nunca llega, y algunas de estas muertes llegan al final de meses o años de sufrimiento y convalecencia.
En algunos países es legal adquirir órganos para trasplantes. Algunas personas gastan más de 100.000 dólares para ir a esos países en busca de una operación de trasplante cuando no pueden recibir un riñón o un hígado u otro órgano aquí. ¿Por qué es ilegal la venta de un órgano aquí? Porque muchas personas tienen demasiados remilgos en materia de tales transacciones.
Muchas de estas personas sensibleras tienen buena salud y probablemente nunca necesiten un trasplante de órganos. Pero otras que no son tan afortunadas tienen que sufrir y morir porque estas personas físicamente sanas tienen demasiados escrúpulos con que se compren y vendan órganos. No hay duda de que es más probable que la gente pobre venda un riñón que la gente que es rica, de modo que la oposición a tales transacciones se puede disfrazar entre la retórica de "la justicia social".
¿Pero qué es exactamente negar a algunas personas una oportunidad para salir de la pobreza y negar a otras la posibilidad de salir del sufrimiento y la convalecencia que solamente pueden terminar en la muerte? No todas las ventas de órganos tendrían que proceder de gente viva, igual que la mayor parte de los trasplantes de órganos hoy no proceden de gente viva.
La gente podría vender el derecho a que se extraigan sus órganos después de la muerte o vender los derechos a los órganos de miembros familiares muertos, si quieren. Nada es más fácil que evocar horribles escenarios que podrían resultar de la venta de órganos. Pero el motivo mismo de tener leyes desde el principio es porque pueden ocurrir cosas horribles de lo contrario en cualquier aspecto de la vida.
Se necesitan más órganos para trasplantar, y la gente tiende a suministrar más de cualquier cosa cuando se le paga más; especialmente cuando se les paga algo en lugar de no pagarle nada. Pero aquí, como en otras partes, tenemos primero que superar los sentimentalismos. Y el primer paso es dejar de confundirlos con ser humanos.
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