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Suecia admite el fracaso de la "discriminación positiva"

En 2003 en Suecia tuvieron la genial idea de privilegiar a los hombres en el acceso a la universidad porque el 60 por ciento de las estudiantes eran mujeres. Los resultados han sido tan catastróficos que hasta en este país, paradigma de las políticas igualitaristas, han tenido que dar marcha atrás.

Que las políticas de "discriminación positiva" producen efectos perversos, mucho más perniciosos que las supuestas desigualdades que pretenden combatir no es ninguna novedad. El economista estadounidense Thomas Sowell ya demostró el fracaso de las políticas aplicadas a partir de los años 60 para favorecer a la minoría negra de EEUU. Vinculado a instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Stanford o la Hoower Institutuion, Sowell, que es negro, ha dedicado buena parte de su obra a combatir estas medidas, a las que responsabiliza de las miserias endémicas que han padecido durante años los de su raza.

En Suecia no leen a Sowell. Mucho menos nuestros gobernantes. Es precisamente este estado nórdico uno de los modelos favoritos que suelen citar Bibiana Aído o Rodríguez Zapatero. Es lo que gustan llamar un "Estado avanzado". Mientras aquí nos apuntamos a cualquier disparate que lleve el marchamo del igualitarismo, parece que los suecos se están cayendo del guindo.

Cuenta el diario local Stockholm News que el Gobierno sueco ha decidido suprimir las cuotas por sexo (o género, de acuerdo con el lenguaje políticamente correcto) para acceder a la universidad. Y es que en 2003 ante el mayor porcentaje de mujeres universitarias, un 60 por ciento, algún burócrata entusiasta decidió atajar tamaño problema estableciendo una cuotas de acceso en las que se "discriminaba positivamente" a los hombres. El resultado: el 95 por ciento de las solicitudes de acceso rechazadas son de mujeres que, en su mayoría, tenían una mejor cualificación y expediente académico que los hombres, admitidos por el mero hecho de ser varones.

Así lo reflejaba el propio ministro de Educación Superior, Tobias Krantz en un artículo publicado en el periódico sueco Dagens Nyheter el pasado 12 de enero. Probablemente la ausencia del prejuicio feminista, al ser los hombres los privilegiados, haya contribuido a esta rectificación que el ministro argumentaba en que "el sistema educativo debería abrir puertas, no cerrarlas en las narices de las jóvenes motivadas".

El conflicto ha surgido en aquellas titulaciones con una mayor demanda en las que el número de aspirantes con altas cualificaciones es superior a las plazas ofertadas: Veterinaria, Odontología, Medicina o Psicología. Además, al ser sensiblemente superior el número de mujeres con buenas notas que el de hombres, la distorsión ocasionada por las cuotas se ha agravado sensiblemente.

Recientemente un tribunal de justicia sueco dio la razón a 44 mujeres que habían sido rechazadas en la carrera de Veterinaria por su sexo. La Corte sentenció que era un caso de discriminación ilegal y condenó al Estado sueco a pagar una indemnización de 3.400 euros a cada una. Está pendiente de sentencia un caso similar de 31 chicas rechazadas en una facultad de psicología en 2008.

Desde el Centre for Justice, una organización no gubernamental que defiende las libertades individuales han aplaudido la decisión del Gobierno de suprimir las cuotas. En declaraciones al Stockholm News, el abogado Gunnar Strömmer, miembro de esta organización, expresó su "alegría" porque, de esta forma, "miles de jóvenes" evitarán que la admisión este condicionada por su sexo. Además, remarcó que la sentencia ya citada considera ilegal este tipo de discriminación.

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Bibiana Aído. (Archivo)

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