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La muerte accidental de Alfonso de Borbón cuando Juan Carlos manejaba una pistola

Ocurrió hace 60 años, tragedia ahora recordada por el Rey emérito.

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Ocurrió hace 60 años, tragedia ahora recordada por el Rey emérito.
Los dos hermanos | Archivo

Por vez primera, públicamente, don Juan Carlos de Borbón se ha referido a la trágica muerte de su hermano menor, Alfonso, acaecida en la tarde del Jueves Santo, 29 de marzo de 1966, cuando el primero sostenía una pistola, que se disparó accidentalmente, originando la muerte del benjamín de los Condes de Barcelona. Un suceso del que la prensa española de la época informó con escasos detalles. El hoy Rey emérito, transcurridas seis décadas, ha declarado para el documental "Yo, Juan Carlos, Rey de España", emitido por la televisión francesa el pasado 16 de febrero, que "lo echo mucho de menos, estábamos muy unidos, era muy simpático…".

En la mirada de don Juan Carlos podía atisbarse perfectamente una gran tristeza, que nos atrevemos a señalar parece que no le haya abandonando nunca desde aquel funesto día; controló sus lágrimas ante las cámaras de la televisión gala, pero con evidente esfuerzo pues parecía estar a punto de llorar. Televisión Española, que ha colaborado en la producción de dicho documental, no ha querido emitirlo, por decisión de su anterior director, acaso porque cuando se grabó don Juan Carlos era todavía Rey de España y ahora, tal vez, ese programa pudiera considerarse inoportuno en los aledaños del Palacio de la Zarzuela.

En vísperas de la Semana Santa de 1956 los Condes de Barcelona, exiliados en su residencia de Estoril (Portugal) ante la prohibición del General Franco de que residieran en España, esperaban con ansiedad la llegada de sus dos hijos varones, Juan Carlos (al que siempre llamaron Juanito, siendo su nombre compuesto decisión del Jefe del Estado para que así fuera conocido), y Alfonso. El mayor procedía de la Academia General Militar de Zaragoza y el menor, de Madrid, donde estudiaba en el colegio Santa María de los Rosales. En "Villa Giralda", nombre elegido para el chalé que tenían alquilado antes de su adquisición don Juan de Borbón y doña María de las Mercedes, se acogió con inmensa alegría la presencia de todos sus hijos reunidos en esas fechas religiosas, que la familia celebraba con fervor católico.

Así, todos asistieron a los Santos Oficios y al regreso, Juan Carlos y Alfonsito, que tenía catorce años, cinco menos que aquél, se entretuvieron en jugar en su habitación. Y entre bromas e indecisión para elegir algún juego, decidieron pedirle a su madre que les dejara entretenerse con una pistola "Long Automatic Star", calibre 22, que un compañero de Academia le había regalado al entonces infante Juan Carlos. Arma que previamente, don Juan de Borbón, nada más tenerla entre sus manos, había pedido a su esposa que la guardara convenientemente bajo llave en un cajón. Accedería a duras penas doña María de las Mercedes en entregarle la pistola a Juan Carlos, siempre en la creencia de que estaba descargada. La escena, que no pudo presenciar nadie más que ellos dos, pudo ser la de un simulacro de película del Oeste, apuntando uno sobre el otro con la pistola. Que se encasquilló, en tanto ambos imaginaban una falsa pelea y en el forcejeo, un disparo acabó con la vida de Alfonsito.

En seguida acudieron los padres y las dos hermanas, Pilar y Margarita y cuando el doctor Abreu llegó a "Villa Giralda", el infante adolescente se había ido de este mundo. No hay unanimidad sobre en qué brazos reposó durante sus últimos instantes de vida, parece que en los de su hermano, aunque se asegure que don Juan retuvo junto a su pecho a Alfonsito, entre incontenibles sollozos. Tan dramática escena pudo haber sido contemplada también tanto por doña María de las Mercedes y por sus dos hijas.

La embajada de España en Lisboa, que ostentaba Nicolás Franco, hermano del Caudillo, elaboró un breve comunicado dando cuenta del suceso, que sería el que publicó la prensa. No se hizo autopsia del cadáver; tampoco se realizaría una investigación oficial. Don Juan de Borbón arrojó el arma al mar. Enterrado el infante, don Juan Carlos regresó a la Academia General Militar de Zaragoza. Con el semblante más triste de su vida, víctima de una terrible depresión que tardaría, muy lentamente, en superar. Se asegura que tuvo deseos de ingresar en un convento, decisión que se vio obligado a no llevar a cabo, por los deberes a los que estaba sujeto por su rango y el futuro que le esperaba.

Don Juan de Borbón y su hijo Juan Carlos | Efe

Para sus padres, ya nada les sería igual, al punto de que empezaron a distanciarse. Doña María de las Mercedes confesaría: "Se me paró la vida después de la muerte de Alfonsito". Que era un adolescente vivaz, ocurrente, que hizo las delicias de cuantos lo conocieron. Lo llamaban "Senequita" sus amigos, reconociéndole más preparado que todos ellos. Había dejado, como una premonición en su cuaderno de notas en forma de diario, estas frases en vísperas de su inesperada muerte: "Los caminos del Señor son inescrutables… Pido a Dios que me dé una buena muerte y que vaya al Cielo".

Enterrado en el cementerio de Nuestra Señora de Guía aquel 31 de marzo de 1956, sus restos reposan en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial desde el 15 de octubre de 1992, cumpliendo un deseo de don Juan. Contaba mi buen amigo y compañero, el periodista extremeño Juan Antonio Pérez Mateos en su biografía Un rey bajo el sol, lo siguiente: "Un día, don Felipe jugaba con una pistola de juguete, sobre la que le dijo a su padre que era para matar a los hombres malos. Doña Sofía le instó a que nunca más tuviera un arma en la mano, aunque fuera de juguete".

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