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Las mujeres que perdieron a Pepe Sancho

La viuda del gran actor muerto hace cinco años, Pepe Sancho, escribe un libro sobre su vida... o más bien sobre su pérdida.

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Se han cumplido cinco años del fallecimiento de Pepe Sancho. Víctima de un cáncer fulminante, el gran actor era consciente de su irremediable mal, que sólo conocía su segunda esposa, Reyes Monforte y quizás algún otro íntimo amigo de la feliz pareja, que había decidido ocultar la noticia. Cuando sucedió el óbito causó, como es natural, la lógica sorpresa de cuantos conocían al galán valenciano quien, pese a su controvertido carácter, gozaba desde luego de un merecido reconocimiento por su talento interpretativo y el cariño de sus más conocidos. Porque el valenciano era un tipo visceral, que no se mordía la lengua cuando quería expresar algunos de sus sentimientos. Los "paparazzi" lo despreciaban en igual medida al trato que él les infería. En otras ocasiones, Pepe Sancho sabía corresponder a otros reporteros, sin negarles una entrevista. Fuimos de estos últimos.

Los últimos años que vivió junto a María Jiménez, su primera mujer, fueron de amor-odio. Una pareja turbulenta que después de separarse volvió a reunirse celebrando un segundo desposorio. Pero eran caracteres opuestos, con una educación distinta. Se enfrentaban incluso públicamente. Era conocida la atracción que Pepe sentía hacia las mujeres y más de un vez engañó a María, mujer de armas tomar cuando se lo proponía. Estaba en su papel cuando descubrió que era imposible impedir que su marido se fuera tras unas faldas, incluso con una de las mejores amigas de la cantante. Y ya la lucha fue definitiva entre ambos hasta alcanzar el divorcio.

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Pepe Sancho encontró, después de su ruptura definitiva con María Jiménez, a una hermosa mujer que hacía tiempo se había propuesto conquistar: la periodista radiofónica Reyes Monforte. Ella lo había entrevistado en alguna ocasión y él quedó prendado del encanto de la locutora, con la que trató de fijar más de una cita, sin conseguirlo. Recibía por respuesta la misma: "No salgo con señores casados". Hasta que Pepe la convenció de que lo suyo con María Jiménez había concluido para siempre y que habían solicitado el divorcio. Procuraron Reyes y Pepe huir de los reporteros que ya habían captado el amor que los unía. Después de dos años de relaciones el 1 de julio de 2006 contrajeron matrimonio civil en Bétera (Valencia), con asistencia justa de sus mejores amigos, advirtiéndoles previamente que no utilizaran cámaras ni móviles al desear una ceremonia nupcial íntima sin posible reflejo en las revistas. Desecharon la oferta de ¡Hola!, muy jugosa. Sólo una invitada no pudo resistir la tentación de obtener una imagen de la boda, pero inmediatamente le afearon la conducta otros invitados. Desde un hotel contiguo al del lugar del desposorio un "paparazzi" obtuvo un material fotográfico de dudosa calidad, del que sólo pudo vender alguna instantánea. Pero quedó claro que Pepe y Reyes no deseaban comercializar con sus sentimientos. De acuerdo con su pasado, Pepe Sancho no tuvo inconveniente alguno en reconocer públicamente que en otras ocasiones sí que había vendido otras exclusivas; pero cuando a él le pareció oportuno. Estaba en su derecho, por supuesto. Y añadía: "como tampoco me arrepiento de haber estado en la cárcel". Y era verdad, así de sincero fue siempre.

Pepe Sancho encontró en Reyes Monforte la mujer que tanto había deseado. Comprensiva, inteligente, cómplice de cuantos deseos le iba expresando él. Buscaban rincones donde amarse sin que fueran perseguidos por ningún fotógrafo, caso de la isla de Taormina, donde sellaron más que nunca el amor que les unía. No habían transcurrido seis años cuando la salud de Pepe comenzó a quebrarse. Ella lo arropó cuanto pudo; pensaban que saldrían adelante venciendo la cruel enfermedad. No pudo ser. Y Reyes Monforte, a partir de aquel amargo 3 de marzo de 2013 entró en una espiral de angustia perenne, un pozo negro del que le era imposible salir. Hasta que un editor amigo la convenció para que escribiera todos sus pensamientos, los recuerdos, la vida junto a su marido muerto.

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Con Reyes Monforte | Archivo

Lo que hizo Reyes Monforte fue pergeñar una novela, La memoria de la lavanda, aparecida semanas atrás, en la que optó por lo siguiente: "No me gusta engañar a nadie y menos a los lectores; esta novela no es la historia vivida junto a mi marido –quizás eso sería demasiado fácil-, aunque su pérdida fue el desencadenante de todo. Es una novela sobre cómo se vive en mitad de la pérdida, y cómo se gestiona la ausencia, el dolor, la compañía, el vacío, los afectos, los odios, las traiciones, la amistad, la familia".

En resumen, la obra de Reyes Monforte tiene un destinatario: "… José, el amor de mi vida. También dedicada a todas esas personas que arrastran la pérdida de un ser querido y espero que cuando se acerquen a ella encuentren el mismo alivio que hallé yo en aquel café compartido donde arranqué con "La memoria de la lavanda", mi homenaje a la envidiable emoción de amar y ser amado".

Tiene Reyes Monforte amén de una irreprochable carrera ante los micrófonos una sensibilidad especial como escritora. No es el suyo un caso como el de quienes gozan de cierta popularidad en su profesión y publican un libro de usar y tirar. En ella hay madera de novelista que sabe transmitir sensaciones a sus lectores.

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