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El verdadero final de Los Chichos

Los Chichos comienzan su gira de despedida este verano. 

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Los Chichos | Gtres

El más popular de los grupos rumberos de los años 70 anuncia su retirada definitiva. Los Chichos, que comenzaron con su primera formación en 1973, inician su gira de despedida. Este sábado 30 de junio dicen adiós en su única actuación en una sala madrileña, para continuar este verano por otras ciudades españolas. Son ya cuarenta y cinco años interpretando rumbas, algunas de las cuáles no han dejado de escucharse desde su estreno: "Quiero ser libre", "Ni más ni menos", "Amor de compra venta", "Mujer cruel", "Esto sí que tiene guasa"… Y así, hasta más de doscientos títulos. Vendieron alrededor de veinte millones de discos. Y han sido imitados, al ser pioneros en su estilo. En su vida artística y personal hay momentos de euforia, y otros dramáticos. Cara y cruz de quienes ganaron muchos millones de pesetas, dinero que poco a poco se les fue entre las manos, por su incapacidad para el ahorro y por la época negra que vivieron a merced de las drogas. Con el trágico final de uno de ellos, que no supo atajar a tiempo su consumo.

Emilio y Julio González, hermanos de las gentes de bronce vivían en Ciudad Real hasta instalarse en un Madrid marginal, rodeados de chabolas. Malos tiempos para ellos, que se ganaban la vida entre chatarras del barrio del Pozo del Tío Raimundo, donde conocieron a otro calé, vallisoletano, Juan Antonio Jiménez, al que apodaban "Jero", que vendía telas por las casas con los suyos. Cantaban rumbitas, copiando a Bambino, a Peret, que son los que estaban de moda hacía años. Los escuchó un día el padre de Paco de Lucía, Antonio Sánchez, llevándolos a la misma casa de discos donde grababa su hijo. Y ahí iniciaron su imparable carrera, su cambio radical de vida. Hasta entonces habían pasado penurias. Y "Jero", incluso, fue a la cárcel tres días, en la Dirección General de Seguridad que estaba entonces en la Puerta del Sol, en el edificio actual de la Comunidad de Madrid, porque lo pillaron como "trilero", engañando a incautos con unos cubiletes y un dado. La música le libró de futuras visitas "al talego".

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¿Y por qué se hacían llamar Los Chichos? Mote que le puso a Emilio un primo suyo de Salamanca. Un avispado representante artístico, Eduardo Guervós los fue convirtiendo en una atracción aflamencada. Como eran medio analfabetos y apenas sabían leer y escribir, Eduardo tomaba notas de cuanto improvisaban, o les corregía algunos apuntes mal pergeñados en algún arrugado papel. "Jero" se distinguió desde un principio como el más prolífico componiendo. Las letras de Los Chichos reivindicaban valores de las gentes del arroyo. Contaban historias del presente, con ligero acento social pero sobre todo un ritmo contagioso. Rumbas urbanas que en sus voces eran repetidas por sus seguidores, no sólo los de baja extracción económica. Y así fueron también a actuar a Francia. En su primera y única aventura americana lograron asimismo ser reconocidos, pero la nostalgia de sus respectivas familias obligó a su representante a suspender actuaciones, regresando urgentemente a España. Nunca más volvieron. "Estados Unidos está muy lejos", decían.

Si bien al principio de su carrera Los Chichos se dieron conocer a través de la radio y de los miles de "cassettes" que se vendían como rosquillas en las gasolineras, necesitaban el apoyo de la televisión, todavía en blanco y negro. Sus mentores hallaron muchas dificultades porque en Prado del Rey no los querían ver ni en pintura. Hasta que José María Íñigo les dio su gran oportunidad a través de su popularísimo programa Estudio abierto, en la entonces llamada Segunda Cadena. Qué pinta tendrían Los Chichos que al llegar a las puertas de Televisión Española una pareja de la guardia civil no les quiso franquear el paso. Hasta que el propio recientemente desaparecido presentador bilbaíno tuvo que llegarse hasta la caseta donde habían retenido al trío gitano para identificarlos ante los muy severos vigilantes del orden.

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Emilio se había casado con Rosario y tuvieron familia numerosa. "Jero" matrimonió con Araceli, cuando él contaba los diecisiete y ella sólo catorce, que le dio dos churumbeles, uno de ellos conocido ya de jovencito como "Chaboli", que en caló significa "primogénito", en tanto Julio no quiso saber nada de papeles de por medio y optó por fugarse en Barcelona con una muchacha aún adolescente, María, con la que convivió ocho años. Dos hijas fueron el fruto de aquel amor.

No se crean que Los Chichos conquistaron la popularidad rápidamente. En sus comienzos los vetaban simplemente por ser gitanos y por su aspecto: no iban muy bien arreglados que digamos, para después, sintiéndose modernos, lucir pantalones campanas, camisas abiertas para exhibir medallones llamativos, con un aire inequívocamente hortera, o patibulario a base de exageradas patillas de bandolero. Pero como sus rumbas alegraban las noches de discoteca o las fiestas de pueblo, acabaron por ser aceptados fueran como quisieran ir vestidos. Para la población privada de libertad compusieron "Quiero ser libre". Se ofrecieron para cantar gratis a los presos del penal de Ocaña. A los que además regalaron quinientos "radiocasetes", que pagaron a cuenta de los royalties de su discográfica, filial de la Philips. En su recorrido carcelario dieron con Juan José Moreno Cuenca, alias "El Vaquilla", que los admiraba. Era éste un peligroso delincuente, que acabaría sus correrías con su temprana muerte. Había protagonizado la película Yo, el Vaquilla, basándose en un libro biográfico que él mismo dictó al director, J.A. de la Loma.

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Los Chichos eran también generosos con su "clan" familiar y vecinal, regalando "Jero", a cuenta de los abultados derechos de autor que cobró, un lote de neveras a quienes necesitados habitaban su mismo barrio de Vallecas. Donde siempre quisieron vivir en vez de proporcionarse una vivienda en zonas más acomodadas de la capital. Eran al principio muchachos sencillos, de vida apegada siempre a sus raíces. La popularidad y el dinero que a espuertas les fue llegando les pasarían factura, pues cayeron en el proceloso mundo de las drogas. Del que en 1993 pudieron evadirse los hermanos Emilio y Julio, no así "Jero". Éste, cambió su carácter, se tornó caprichoso y huidizo con sus compañeros, al punto de que rompieron su relación de muchos años. Época en la que quiso triunfar como solista, sin conseguirlo en los dos discos que sacó al mercado; por cierto, anunciado con una ese al final de su sobrenombre: "Jeros".

Y una mañana de domingo, al volver del Rastro, decidió acabar con su vida, como ya había intentado alguna otra vez. Se tiró por una de las ventanas de su piso de Entrevías, aprovechando que su mujer había salido a la calle. Murió en el acto. Era el 22 de octubre de 1995.

Los Chichos, rotos de dolor, tuvieron que continuar, buscándole un sustituto. Nadie mejor que el segundo de los cinco hijos de Emilio, "Junior". Con el que han seguido hasta el momento, con algunos parones en su prolongada carrera artística, que ahora, como han anunciado, toca a su fin.

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