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La tormentosa vida de María Callas, la gran diva de la ópera

Se cumple el centenario del nacimiento de la gran diva María Callas.

Se cumple el centenario del nacimiento de la gran diva María Callas.
María Callas con Onassis en 1967. | Cordon Press

Centenario de María Callas, que nació el 2 de diciembre de 1923 en Manhattan, Nueva York. En cualquier referencia lírica su nombre ya hace tiempo es historia al ser consagrada como la mejor soprano del siglo XX. Con sus altibajos a veces; los enfados. La pérdida progresiva de su voz, cuando el amor con Onassis le fue esquivo. En su vida privada fue muy dócil con los dos hombres que la llevarían a la desesperación y al fracaso paulatino, como diva y como mujer. Se han escrito muchas biografías sobre ella, estrenados unos cuantos documentales y en los próximos meses se exhibirá una película dirigida por el chileno Pablo Larraín, "María", con Angelina Jolie. En este biopic, del que ya se han difundido algunas imágenes, la ex de Brad Pitt aparece casi irreconocible, transformada por efectos del maquillaje y otros trucos técnicos cinematográficos, para parecerse más a la Callas.

María Anna Cecilia Sofía Kalogeropulu era su nombre completo. Hija de unos emigrantes griegos que arribaron hasta la estatua de la Libertad, estableciéndose en Manhattan, donde el cabeza de familia abrió una farmacia y adaptó su complicado apellido, acortándolo en Callas. Separados sus progenitores, María no conocería Grecia hasta 1937 cuando con su madre se establecieron en Atenas, donde comenzó sus estudios musicales en el Conservatorio Nacional. Allí, un profesor quiso violarla, sin conseguir sus propósitos, pero dejando en ella el consiguiente temor.

Vivió una adolescencia y primera juventud penosamente, sin el cariño materno. En plena II Guerra Mundial, entre el hambre y la miseria, su madre, que se acostaba con los soldados italianos y alemanes para ganar unas monedas, instaba a sus hijas a practicar la prostitución. María se negó y lo único que hizo para obtener algún dinero fue cantar para los militares que se acercaban a ella. Contó con la ayuda de su profesora de canto y buena amiga, la soprano española Elvira de Hidalgo. En aquella época, pese a las carencias alimenticias, María escuchaba los insultos de su madre, llamándola gordinflona y miope. Cierto que era poco atractiva. Con exceso de peso. En 1950 acabó por romper con ella.

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María Callas | Archivo

Acabó el conflicto mundial y María se estableció en Nueva York, donde para subsistir hubo de aceptar trabajos bien alejados de su profesión: niñera, camarera y colaboradora de un tenor ya retirado. Época en la que se relacionó con un gángster, que estaba casado con la cantante de ópera Louise Caselotti, de quien recibió lecciones de bel canto. Con aquel mafioso tuvo serios problemas hasta que se alejó de él. En unas audiciones trabó contacto con el director artístico del Festival de Verona, quien la contrató para una temporada en dicha capital italiana. Con un ridículo sueldo. Allí, en 1949 conocería a un industrial italiano, fabricante de ladrillos, Giovanni Battista Meneghini, treinta años mayor que María, a la que embaucó para ser su representante artístico y después su marido. Deseaba ser madre. La estafó cuanto pudo, mientras ella iba escalando puestos entre las divas y se consagraba en la Scala milanesa.

La pareja aceptó una invitación en agosto de 1959 del naviero griego Aristóteles Onassis para pasar unos días de recreo en su majestuoso yate "Christina". Para entonces, "la Callas" ya había advertido que su esposo era un canalla, un ladrón que despilfarraba el dinero tan duramente ganado por ella en los coliseos operísticos, amén de que se había sacrificado varios años para adelgazar. Rivalizaba con otra gran diva, Renata Tebaldi, también extraordinaria soprano. Al encontrarse con su compatriota Aristóteles Onassis, María cambió su vida. Vivió desde luego unos años deslumbrada por él, pero ese amor que hoy se diría tóxico, sería causa de la caída, poco a poco, de su carrera hasta ser una sombra de lo que empezó a ser en los primeros años 50. Un mito de la ópera que no supo controlar sus emociones, sus pulsiones sexuales, quizás porque en el fondo de su ser perseguía ser amada, con su deseo de tener un hijo, olvidándose así, poco a poco, de cuanto conlleva estar en primera línea de su condición de "prima donna". Así recordaba a su amante.

"Lo conocí en 1957 y nos hicimos en seguida amigos. Me hacía sentirme la reina del mundo – evocaba así María la figura del multimillonario Onassis – con su irresistible picardía. Me convirtió en su animal domesticado. No me amaba a mí – concedía – sino a lo que yo representaba".

Todavía casada con Meneghini, María Callas comenzó su apasionado romance con Aristóteles Onassis, al que en la intimidad llamaba Aristo. Él la presionaba para que ingiriera un sedante hipnótico, metacualona, del que María acabó siendo adicta. Todo eso porque así consideraba el naviero que podía practicar mejor el sexo. Era un hombre enfermizo respecto a sus relaciones con mujeres, estando ya casado incluso, que frecuentaba cuando se encontraba en París la casa de citas de madame Claude.

María Callas sufrió un aborto. Puede que alguno más. Quería casarse con Onassis, pero él le iba dando largas, hasta negarse a ello. Eso hizo sufrir mucho a ella, quien, insistimos, deseaba tener una familia tradicional y ser madre. Nunca lo consiguió. Vivió, eso sí, un mundo que nunca había gozado, con fiestas continuas. Onassis la colmaba de regalos, joyas y pieles carísimas. Lo que en principio fascinó a María, hasta darse cuenta que lo que no tenía era afecto, cariño, amor en una palabra, a pesar de que ella se entregó desde el primer día al multimillonario griego.

El 20 de octubre de1968 es la fecha que María no olvidaría nunca, pues ese día Onassis la abandonó para casarse con Jacqueline Kennedy, la viuda del asesinado Presidente de los Estados Unidos. Nunca pudo perdonarle la cantante esa indignidad. Y cuando el nuevo matrimonio de Onassis comenzó "a hacer aguas", aún sin divorciarse todavía de Jackie, quiso volver junto a María, mas ella no se lo permitió cuando se reencontraron en París.

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María Callas | Archiva

Desde que se convirtió en amante de Onassis, María Callas, que había triunfado en los grandes escenarios operísticos de todo el mundo en la década de los 50, tras un tiempo retirada, comenzó como anteriormente decíamos su declive musical. Y en la etapa final de su carrera, ya alejada de Aristóteles, tomaba somníferos y barbitúricos continuamente.

Trató de rehacer su deteriorada carrera musical, rodando una película con el director Franco Zefirelli, que fue un fracaso. Tampoco le fue bien en su última temporada operística junto al gran tenor Giuseppe Di Stéfano, con quien mantuvo relaciones sentimentales, estando él casado y con una hija enferma de cáncer. María le instaba a que abandonara a su esposa. Al no estabilizar ese romance, continuó su destructiva vida, tomando cierta substancia que mezclada con alcohol podía ser muy peligrosa. Se la facilitaba un pianista griego, que fue al parecer su último amante. Lo que la llevó a la muerte el 16 de septiembre de 1977. Su médico certificó el fallecimiento a causa de una crisis cardíaca, pero quedó siempre la duda de si el óbito se había producido por su propia voluntad. Uno de los que pensaron que se había suicidado fue el ya citado cineasta, su admirado Franco Zeffirelli, el gran director cinematográfico quien, siendo homosexual y amante unos años de Luchino Visconti, admitió que la única mujer de la que estaba enamorado era María Calllas. La comunidad gay siempre tuvo a la diva como un icono, probablemente evocándola en "La Traviata", una de sus óperas más representadas, donde aparecen cuatro homosexuales disputando unas relaciones frustradas.

Fue incinerada, y sus cenizas enterradas en una urna en el cementerio del Père Lachaise, que luego fue robada. Al ser encontradas, esas cenizas se arrojaron finalmente al mar Egeo.

El ex esposo de María Callas, Giovanni Battista Meneghini, publicó en 1981, cuatro años después de la muerte de ella, la biografía "María Callas, mi mujer". Se supo que cuando Aristóteles Onassis agonizaba, pedía insistentemente que María fuera a verlo. Esos dos hombres, los únicos a los que estuvo unida, le hicieron un daño inmenso. María, en definitiva, pese a sus muchos éxitos como cantante en todo el mundo, tuvo una vida sentimental tortuosa. No fue feliz. Ya lo había pronosticado muchos años atrás: "La felicidad no es para mí".

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