Los mensajes entre Mette-Marit y Epstein que sugieren demasiada intimidad entre ambos
La Crónica Rosa, presentada por Federico Jiménez Losantos e Isabel González, ha contado con la colaboración de Daniel Carande y Bea Miranda.
La Casa Real de Noruega continúa lidiando con una de las polémicas más incómodas de su historia reciente: el vínculo entre la princesa heredera Mette-Marit y el fallecido magnate Jeffrey Epstein. Lo que inicialmente se presentó como una serie de encuentros fortuitos ha derivado en un análisis exhaustivo de la naturaleza de su relación, especialmente tras conocerse detalles sobre la frecuencia de sus reuniones y la aparente naturalidad con la que la futura reina se integró en los círculos sociales del financiero estadounidense años después de que este fuera condenado por delitos sexuales.
La Crónica Rosa de Es la mañana de Federico, presentada por Federico Jiménez Losantos e Isabel González, con la colaboración de los periodistas Daniel Carande y Bea Miranda, ha analizado esta relación, que se desarrolló principalmente entre los años 2011 y 2013, y que ha puesto en entredicho los protocolos de seguridad y de inteligencia de la monarquía noruega. Según las informaciones que han trascendido, Mette-Marit y Epstein coincidieron en numerosas ocasiones, incluyendo encuentros en residencias privadas y cenas en las que se trataron temas relacionados con proyectos de salud global y filantropía. La controversia radica no solo en el contacto en sí, sino en el hecho de que en aquellas fechas Epstein ya era una figura marcada por la justicia tras su primera condena en 2008, lo que hace que la "excesiva familiaridad" sugerida por sus detractores sea vista como una grave negligencia institucional.
A diferencia de otros miembros de la élite mundial que negaron cualquier vínculo, la princesa Mette-Marit optó por una estrategia de transparencia reactiva. En 2019, a través de un comunicado oficial que dio la vuelta al mundo, la heredera expresó su más profundo arrepentimiento por haber mantenido este contacto. En sus declaraciones, admitió que debería haber investigado con mayor rigor el pasado del hombre con el que compartía foros sociales, asegurando que, de haber conocido la magnitud real de sus crímenes, jamás habría permitido que ese vínculo prosperase. Sin embargo, para muchos analistas internacionales, la disculpa no termina de disipar las dudas sobre por qué una de las instituciones más protegidas del mundo permitió que su futura soberana frecuentara a un delincuente sexual convicto.
La Casa Real Noruega ha intentado pasar página reforzando la agenda social y humanitaria de Mette-Marit, pero la sombra de Epstein reaparece periódicamente cada vez que se filtran nuevos detalles sobre la agenda del magnate. Este episodio subraya la fragilidad de la corona frente a las amistades peligrosas y la dificultad de separar la esfera privada de la responsabilidad institucional en un mundo donde el pasado digital y los contactos personales son analizados minuciosamente.
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