Jacqueline Bisset, enemiga del matrimonio pero con muchos romances
A sus 81 años, la estrella de Bullitt reivindica la elegancia natural sin cirugía y la madurez femenina en el Festival Saraqusta.
La actriz británica Jacqueline Bisset pasó recientemente un fin de semana en Zaragoza, invitada a la gala del Festival Saraqusta de cine histórico, donde fue homenajeada por toda su carrera, en concreto por los personajes de Josefina Bonaparte y Jacqueline Kennedy, recibiendo el Dragón de Oro, el máximo galardón del certamen.
A sus ochenta y un años, natural de Surrey, Gran Bretaña, tiene una filmografía densa e interesante, de la que destacamos títulos como Bullitt (1968), Aeropuerto (1970), La noche americana (1973) y Class (1983). Ha sido dirigida por importantes realizadores: John Huston, George Cukor, Roman Polanski, François Truffaut...
Cuando tenía quince años, Winifred Jacqueline Fraser Bisset, hija de inglés y francesa, tuvo que cuidar a su madre, que se había divorciado y padecía esclerosis múltiple. Esa dedicación estimuló en ella una clase de sentimientos que mantuvo siempre, a la par seguramente de abandonar su padre el hogar, y sentir aversión al matrimonio. Muchos fueron sus amantes, pero no consintió casarse con ninguno.
Había trabajado como modelo fotográfica. Tenía unos ojos verdes que atraían a cualquiera que la mirara de frente, fijamente. Estuve a un metro de ella en un lejano Festival donostiarra y permanecí contemplándola un rato. No me extraña que la revista Newsweek la eligiera como "la actriz más atractiva de todos los tiempos". Puede que fuera una exageración. Quitémosle esa referencia última. Lo cierto es que siendo octogenaria puede presumir de hermoso rostro y figura, no en vano lleva con rigor su dieta alimenticia.
Ella misma se ha definido "como una mujer que lleva su edad con distinción y elegancia". También dice que "las mujeres somos más interesantes cuando envejecemos".
Fue en 2010 cuando la firma de cosmética Avon la eligió para prestarse a una campaña publicitaria donde anunciaba unos productos dirigidos a una clientela femenina de su edad. "Yo no escondo los años que tengo, mi piel, sí".
Jamás pensó someterse a ninguna operación de cirugía estética, algo habitual por otra parte en mujeres de su generación: "Si quieres tener buen aspecto tienes que perdonar a todo el mundo".
Su presencia tanto tiempo en la pantalla a partir de 1965, la ha convertido en una de las veteranas más bellas. En 1967 hizo una breve aparición en Dos en la carretera, deliciosa comedia a la que siguió otro papelito en Casino Royale, formando parte de esa larga lista de "chicas Bond". Fue en seguida favorecida con papeles de más enjundia, como en El detective, a mayor gloria de Frank Sinatra, papel que le llegó de chiripa, porque la elegida era Mia Farrow, que pasó por un mal momento íntimo, y Jacqueline la sustituyó. Y un salto definitivo en ese camino hacia la popularidad lo consiguió como pareja de Steve McQueen en Bullitt, un filme de acción interesante y taquillero. En tanto, en Aeropuerto era la azafata que mantenía relaciones con el capitán de la nave aérea interpretado por Dean Martin.
Si bien su carrera en el cine la desarrolló Jacqueline Bisset en gran medida en estudios norteamericanos (de hecho fijó su residencia en Los Ángeles), no se desentendió del todo de Europa, en la creencia de que en Gran Bretaña y Francia se rodaban excelentes películas. Admiradora de uno de los creadores e intelectuales del cine francés, renovador desde que escribía artículos en Cahiers du Cinéma, François Truffaut, trabajó a sus órdenes en La noche americana y entre plano y plano se enamoraron, viviendo un largo y apasionado romance.
Cuando en 1977 protagonizó Abismo no imaginaba que su presencia sensual en la pantalla luciendo una camiseta transparente iba a ser motivo de cierto escándalo. "No comprendo cómo se montó aquel jaleo y durante cuatro años sólo se hablaba de mis tetas. Aquel alboroto era aburrido y a mí me fastidió".
No fue nunca Jacqueline Bisset, pese a que su sex-appeal resultaba evidente, mujer que abusara de su físico para destacar en la pantalla. Su talento estuvo siempre probado. Y tampoco, pese a sus conquistas, la señalaron como actriz irresistible para sus compañeros, mas es bien cierto que con más de uno de ellos tuvo amores. En Abismo con Nick Nolte, por ejemplo. También cayó en los brazos de Michael Sarrazin, Vincent Pé Perez, el productor Víctor Drai, el bailarín y coreógrafo Alexander Godunov, formando una atractiva pareja que, para ella, resultó ilusionante, recordando que, de adolescente, practicó un tiempo la danza.
Han pasado los años suficientes para que aquel vaivén amoroso se haya calmado en su vida y ahora esté sola, sin que se le conozca desde hace tiempo idilio alguno. Sobre los hombres, decía: "No me gustan los débiles, pero tampoco los autoritarios".
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