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¿Interesa realmente al Gobierno de Pedro Sánchez ganar Eurovisión con "Zorra"?

"Zorra" va a Eurovisión con las mayores ambiciones. ¿Pero le interesa realmente al Gobierno ganar el festival?

"Zorra" va a Eurovisión con las mayores ambiciones. ¿Pero le interesa realmente al Gobierno ganar el festival?
Zorra a Eurovisión | EFE

Este sábado, 11 de mayo, se celebra en Malmö, Suecia, la sesenta y ocho edición del Festival de la Canción de Eurovisión. La representación española será con el dúo Nebulossa y su canción "Zorra". Sabido es que ese término tiene dos acepciones. La imaginación popular optó por pensar en una, y no precisamente la que expresa ser persona espabilada. Sin entrar en discusiones morales o puramente artísticas, la polémica está servida desde que esa pieza fue designada vencedora en el concurso celebrado en el Benidorm Fest, con el apoyo incondicional de TVE. Fue en 1956 cuando la Unión Europea de Radiodifusión creó el Eurovisión Song Contest, que entre nosotros llamamos, simplemente, Festival de Eurovisión, o Eurofestival, que sólo solemos utilizar los periodistas y no el público.

Cuando nuestro país pasó a pertenecer a la red eurovisiva, en 1961, fue la primera vez que optamos al certamen, con la canción de Augusto Algueró "Estando contigo" interpretada por Conchita Bautista, clasificada en el noveno puesto. No obstante, fue un tema de éxito, sobre todo porque Marisol lo incluyó en una de sus películas, y aún se escucha de vez en cuando. Es obligado mencionar que en 1968 Massiel ganó el Festival con "La,la,la", original del Dúo Dinámico, por cuanto sucedió en torno a su participación en Londres, toda vez que Joan Manuel Serrat, que era el elegido primeramente, presionado por sectores nacionalistas catalanes, declaró que ya no tomaría parte si no se le permitía hacerlo en su lengua vernácula. En muy pocos días, Massiel, que se encontraba en México, voló a España, se aprendió la canción y luciendo un modelo minifaldero del francés Courréges se impuso a la favorita, que defendía Cliff Richard.

Antes de que tuviera lugar esa edición festivalera, un directivo de programas de Televisión Española, el austriaco Arthur Kaps (que viniera a España con su compañía de variedades "Los Vieneses" huyendo de la Alemania nazi) se encargó de promover en Centroeuropa la mentada "La,la,la". Primero, consiguiendo que el prestigioso compositor austriaco Bert Kaempfert (autor de "Extraños en la noche") hiciera los arreglos. Y además, Kaps mantuvo contactos con varias televisiones europeas, autorizado para adquirirles programas. ¿A cambio de qué? Es fácil de adivinarlo: votos de sus jurados a la hora de emitirlos la noche del Festival, a favor de "La,la,la". Nada de esto, como se comprenderá, pudo nunca demostrarse. Una presunción con visos de ser real. Lo que no supone descalificar tanto los méritos de sus compositores como de la bravía interpretación de la cantante madrileña.

Las bases del Festival de Eurovisión establecen que el país ganador ha de organizar la edición siguiente a la de su victoria. De ese modo Televisión Española lo hizo con la complacencia del Ministerio de Información y Turismo representado por Fraga Iribarne. En una época donde el régimen franquista, año 1969, no era precisamente "bien visto" en la Europa democrática. Los centenares de enviados especiales de la prensa internacional fueron generosamente atendidos por las autoridades españolas. El gobierno invirtió cien millones de pesetas, cantidad muy elevada entonces, para su campaña de promoción político-turística. Fue la cifra estimada, puesto que no se constató oficialmente, que supuso organizar el Festival. Y la noche del certamen en el Teatro Real de Madrid se dio la circunstancia de que cuatro países, entre ellos España, resultaron empatados para la victoria final; Salomé, catalana, con su "Vivo cantando".

En adelante, hasta nuestros días, España ya no volvió a ganar el Festival de Eurovisión, aunque a punto estuvo en dos ocasiones. Una de ellas en 1971, cuando Karina quedó en segundo puesto con "En un mundo nuevo", que le escribió su entonces prometido, Tony Luz, con música de Rafael Trabuchelli. Presencié esa velada en el mismo teatro Gaiety dublinés donde tuvo lugar y, cuando me disponía a abandonarlo, escuché nítidamente al representante de Televisión Española comentar a sus acompañantes: "¡Uff!, menos mal que no hemos ganado!" Evidente era que el Gobierno español no quería de ninguna manera encargarse otra vez de organizar el evento por lo mucho que costaba en términos económicos. No sería la primera vez que pasaron sus directivos otro susto. Ocurrió en 1979. A España le correspondió actuar en último lugar, representada por la peruana Betty Missiego con "Su canción". Encabezaba, minutos antes de intervenir, la clasificación. Israel le seguía, a un punto de diferencia. A la hora de que el jurado español votara, en vez de hacerlo con cualquier otro país contrincante, otorgó ¡diez puntos a Israel! En una palabra: dio el triunfo a su principal competidora, renunciando de esa manera al triunfo. Betty Missiego quedó desolada.

Desde el palacio de la Moncloa se obligó al jurado español a actuar de aquella manera. El gobierno presidido por Adolfo Suárez no quiso estar obligado a organizar el festival del año siguiente, en caso de no haber tomado la decisión de esa decena de puntos regalados, incomprensiblemente para los televidentes, a los israelíes. Camilo Sesto fue en su día solicitado para participar en Eurovisión, negándose. Pero al final, convencido por los directivos de Televisión Española de que su triunfo estaba asegurado, aceptó acudir al Festival de la OTI. Y no ganó: quedó segundo. Contado todo esto, se comprenderá por qué España no volvió a ganar en esos festivales, donde calidad aparte de sus canciones, se impone la lucha de cada país por hacerse con el primer puesto. Hay política en el Festival de Eurovisión, solo que solapada. En la larga lista de actuantes españoles, hay que recordar a Raphael ("Yo soy aquel" y "Hablemos del amor"), Julio Iglesias ("Gwendolyne"), Mocedades ("Eres tú", la mejor de todas las canciones de Eurovisión), Peret ("Canta y sé feliz"), Azúcar Moreno ("Bandido"), Sergio Dalma ("Bailar pegados"), Rosa ("Europe´es living a celebration"… Y para olvidar, la payasada de Rodolfo Chikilicuatre, un cómico catalán, con "Baila el Chiki-Chiki" en 2008.

No hay en el presente siglo después ninguna pieza, al menos de España en Eurovisión, que merezca la pena ser recordada. Y haciendo memoria, el cuarteto sueco Abba, con "Waterloo", puede decirse que, amén de su victoria en 1974, consiguió en toda la historia hasta la fecha del Festival de Eurovisión, que su tema haya sido el más escuchado. Si "Zorra" se alzara con la máxima puntuación (sin ser adivinos, no apostamos ni en broma por esa posibilidad que se nos antoja lejana), ¿lo celebraría el dictador del fango, el bulo y la mentira? Sin aprobarse los presupuestos, ¿le importaría mucho distraer del dinero de todos los españoles una millonada para organizar el año que viene el Eurofestival? ¿Creen nuestros lectores que merecería la pena? Les dejo el interrogante.

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