
El millonario experimento de RTVE con David Broncano parece haber entrado en una fase de agotamiento prematuro que ya nadie en la corporación pública puede maquillar. Lo que se vendió como la gran revolución del access prime time ha terminado por estrellarse contra el muro de la realidad esta semana, registrando cifras que cuestionan no solo el millonario contrato de La Revuelta, sino la idoneidad de un formato que parece haber perdido el pulso de la audiencia generalista. El desplome del miércoles 21 de enero, con un ínfimo 9% de cuota de pantalla, no es solo un bache estadístico: es el peor dato del programa desde el 9 de julio del año pasado, una caída que devuelve al espacio a sus niveles de irrelevancia estival en pleno invierno.
La complacencia de los directivos de Prado del Rey, que durante meses se escudaron en el "consumo joven" para justificar el desembolso de dinero público, se queda ahora sin argumentos ante una fuga de espectadores que tiene difícil retorno. Mientras su competidor directo, El Hormiguero, sigue demostrando una robustez de hierro con datos que superan cómodamente el 14% y el 16% de share, la propuesta de Broncano se ha diluido en una estructura repetitiva y una falta de invitados de calado que ha terminado por aburrir incluso a sus seguidores más acérrimos. La humillación para TVE fue total esta semana cuando, en la franja de estricta coincidencia, La Revuelta se vio relegada a una tercera posición, siendo superada incluso por los retales de los realities de Telecinco.
A este preocupante hundimiento en las audiencias se suma un descontento creciente por la gestión del tiempo y la calidad de los contenidos. Las críticas en redes sociales han arreciado tras entrevistas marcadas por la improvisación vacía y la falta de respeto a los tiempos de promoción de los artistas, como ocurrió recientemente con la ganadora de Operación Triunfo. Para una televisión pública que debería aspirar a la excelencia y a la representatividad, ofrecer un producto que languidece en el unidígito y que se aleja cada vez más de la barrera de los dos millones de espectadores —cifra que no toca desde noviembre— empieza a oler a fracaso.
El problema de La Revuelta no es solo que haya perdido el liderazgo; es que ha perdido la relevancia. El factor novedad ha caducado y lo que queda es un programa que, financiado con el bolsillo de todos los contribuyentes, es incapaz de competir con la televisión comercial cuando esta saca músculo. La distancia de más de cuatro puntos con Antena 3 evidencia que el público prefiere la profesionalidad y el espectáculo de gran formato frente a la "chanza" interna y el bajo coste visual de la apuesta de RTVE.
Con estos datos sobre la mesa, la renovación automática por una tercera temporada —un escenario que se daba por hecho hace meses— queda ahora bajo la lupa de una opinión pública que exige resultados a la altura de la inversión. La cadena pública se enfrenta al dilema de seguir sosteniendo un formato en caída libre o admitir que la "revolución" de Broncano fue un espejismo de una sola temporada que ha terminado por marcar su mínimo histórico en el momento más inoportuno.
