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La cultura del ajetreo y el falso mito de la productividad constante: así daña al cerebro

La hiperconexión y la autoexigencia extrema derivan en estrés crónico. Los especialistas subrayan que el reposo es vital para el cerebro humano.

Pexels/CC0/Ketut Subiyanto

En un contexto marcado por la hiperconexión y la cultura del ajetreo, el descanso ha dejado de percibirse como una necesidad biológica para convertirse, en muchos casos, en una fuente de ansiedad. Sin embargo, los especialistas advierten de que esta mentalidad no solo es irreal, sino perjudicial para la salud mental y el rendimiento a largo plazo.

La cultura de la productividad constante ha instalado la idea de que el valor de una persona depende de su capacidad de generar resultados. Las redes sociales, donde se exhiben rutinas laborales intensas y logros continuos, refuerzan la sensación de que siempre se podría estar haciendo más.

A ello se suma la disponibilidad permanente que permiten los dispositivos móviles, que difuminan los límites entre el trabajo y el tiempo personal. El resultado es una dificultad creciente para desconectar sin sentir culpa.

Dismorfia de la productividad: nunca es suficiente

Este fenómeno se relaciona con lo que algunos expertos denominan "dismorfia de la productividad", un término que describe una percepción distorsionada de los propios logros. La persona siente que nunca ha hecho lo suficiente, incluso cuando cumple sus objetivos.

Entre sus características se encuentran la comparación constante con los demás, la autoevaluación excesiva, la negación de los logros alcanzados y el sentimiento de culpa al descansar. A diferencia del síndrome del impostor, donde se duda de las propias capacidades, aquí el problema radica en la incapacidad de reconocer el valor del trabajo realizado.

El impacto en la salud mental

Aunque la hiperproductividad puede generar resultados a corto plazo, mantener este ritmo de forma sostenida suele derivar en agotamiento físico y mental. El llamado burnout se caracteriza por fatiga persistente, desmotivación y una sensación de ineficacia.

La autoexigencia extrema y la imposibilidad de desconectar también favorecen la ansiedad y el estrés crónico. El descanso se percibe como una pérdida de tiempo, cuando en realidad es un proceso esencial para la recuperación del sistema nervioso y la consolidación de la memoria y el aprendizaje.

El descanso también es parte del rendimiento

La evidencia científica muestra que la capacidad de concentración profunda es limitada. Diversos estudios sobre rendimiento cognitivo señalan que solo unas pocas horas al día pueden considerarse realmente productivas. El cerebro necesita alternar períodos de esfuerzo con fases de recuperación para mantener su eficacia.

Durante los momentos de descanso se activan redes neuronales relacionadas con la creatividad, la integración de información y la regulación emocional. Lejos de ser tiempo improductivo, estas pausas permiten un mejor desempeño posterior.

Estrategias para romper con la culpa

Recuperar el derecho a no hacer nada

Los expertos insisten en que descansar no es un premio tras el trabajo, sino una condición necesaria para sostenerlo. Aprender a tolerar los momentos sin productividad aparente es clave para prevenir el agotamiento y mantener un bienestar psicológico estable.

En este sentido, el domingo puede convertirse en un espacio de recuperación real, en lugar de un terreno dominado por la culpa. Entender que el valor personal no depende de la actividad constante es un paso fundamental para construir una relación más saludable con el trabajo y con uno mismo.

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