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El hallazgo a casi 4.000 metros que cambia lo que sabemos del Ártico profundo

Una expedición científica detecta una filtración récord de hidratos de gas y un ecosistema activo en el fondo del Ártico.

Gusano de cerdas | Nature Communications

Una expedición científica en aguas profundas del Ártico ha identificado frente a Groenlandia la filtración de hidratos de gas más profunda registrada hasta ahora, un hallazgo que combina geología extrema y una sorprendente abundancia de vida marina en completa oscuridad.

Una señal inesperada bajo el hielo ártico

El descubrimiento se produjo durante la expedición Arctic Deep EXTREME24 del Censo Oceánico, liderada por investigadores de la Universidad Ártica de Noruega junto a otros centros internacionales. Mientras el buque científico navegaba al oeste de Groenlandia, los instrumentos detectaron una llamarada de gas ascendiendo en la columna de agua, señal inequívoca de actividad en el fondo marino.

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Ante esta anomalía, el equipo desplegó un vehículo operado remotamente (ROV) para explorar el origen de la emisión. A más de 3.640 metros de profundidad, el ROV encontró varios montículos expuestos de un material cristalino: hidratos de gas, una mezcla sólida de agua y metano estable gracias a la alta presión y las bajas temperaturas del océano profundo.

Los montículos Freya y su récord de profundidad

Las estructuras, bautizadas como montículos Freya, constituyen la filtración de frío de hidratos de gas más profunda documentada hasta la fecha. La mayoría de sistemas similares conocidos se localizan a menos de 2.000 metros bajo la superficie, lo que convierte este hallazgo en una excepción geológica.

El estudio, publicado en Nature Communications, describe cómo de estos montículos se filtran metano y, en menor medida, hidrocarburos más pesados, creando las condiciones necesarias para un ecosistema quimiosintético estable en un entorno sin luz solar.

Un oasis biológico a casi cuatro kilómetros de profundidad

Lejos de ser un entorno estéril, los montículos Freya albergan una diversidad notable de fauna de aguas profundas. Entre las especies identificadas figuran gusanos tubulares sibonídeos y maldánidos, caracoles skeneides y risoides, y anfípodos melítidos.

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Estos animales dependen de microbios quimiosintéticos que transforman el metano, el sulfuro y otros compuestos químicos en energía biológica. Según los investigadores, la composición del ecosistema es similar, a nivel familiar, a la observada en fuentes hidrotermales del Ártico situadas a profundidades comparables.

Un vínculo con la Groenlandia tropical del pasado

El análisis químico de los sedimentos reveló compuestos que apuntan a un origen antiguo del carbono. Los autores indican que el petróleo y parte de los gases podrían proceder de plantas con flores que crecieron en una Groenlandia cálida y boscosa durante el Mioceno, entre hace 23 y 5,3 millones de años.

Estos depósitos ricos en carbono explican tanto la persistencia de la filtración como la abundancia de vida asociada a los montículos Freya.

Implicaciones climáticas y económicas

A escala global, casi una quinta parte del metano del planeta se encuentra atrapado en forma de hidratos de gas en sedimentos marinos profundos. Comprender su estabilidad y liberación resulta clave para evaluar su papel en el ciclo del carbono y el cambio climático.

Al mismo tiempo, estos entornos despiertan el interés de la industria minera y energética, que ya observa el Ártico profundo como una posible fuente de recursos. Aunque, los autores advierten de que todavía es un gran desafío evaluar los hidratos de gas como recurso energético.

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