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Adiós al "gen de la ansiedad": Nature Genetics identifica 58 claves y perfila su mapa biológico

Un trabajo en Nature Genetics identifica claves biológicas —como el sistema GABA— y refuerza que genes y entorno actúan juntos.

Mujer en un casa. | Freepik

La ansiedad afecta a millones de personas y es ya el problema de salud mental más frecuente en Atención Primaria en España. Ahora, el mayor estudio genético realizado hasta la fecha, publicado en Nature Genetics, aporta un dato clave: no existe un "gen de la ansiedad", sino al menos 58 variantes genéticas que, sumadas, aumentan discretamente el riesgo.

El hallazgo señala además a un mecanismo cerebral concreto —la señalización GABAérgica— como una de las piezas centrales. En un país donde 111,3 de cada 1.000 habitantes tienen registrado un trastorno de ansiedad, entender su base biológica no es una curiosidad académica, sino una cuestión de salud pública.

Un estudio masivo para un problema frecuente

Los investigadores analizaron 122.341 pacientes con trastornos de ansiedad (generalizada, pánico y fobias) y los compararon con 729.881 personas sin diagnóstico, todos de ascendencia europea, mediante un estudio de asociación de genoma completo (GWAS), que examina millones de variantes genéticas.

Identificaron 58 SNP (polimorfismos de un solo nucleótido) asociados a mayor riesgo. Un SNP es un cambio en una sola "letra" del ADN. Son variaciones muy comunes y, aunque cada una tiene un efecto mínimo, en conjunto pueden aumentar la probabilidad de desarrollar el trastorno. La probabilidad de que los hallazgos sean fruto del azar es extremadamente baja (p < 5×10⁻⁸).

Para confirmarlo, repitieron el análisis en otra muestra aún mayor —más de 1,1 millones de casos y 1,9 millones de controles— y validaron 51 de las 58 asociaciones.

En total, las variantes comunes estudiadas explican aproximadamente el 10,1% del riesgo poblacional de ansiedad (error estándar 0,004), asumiendo que cerca del 20% de la población la desarrollará a lo largo de su vida. Es una contribución relevante, pero no determinista.

No hay un gen único: hay decenas de efectos pequeños

Uno de los mensajes centrales del estudio es que la ansiedad es altamente poligénica. Cada variante genética identificada tiene un efecto muy pequeño (odds ratios alrededor de 1,03–1,04 en muchos casos), es decir, ninguna "causa" ansiedad por sí sola.

Para entenderlo: no se trata de una mutación que rompe una pieza clave del motor, sino de pequeños ajustes que, sumados, hacen que el sistema de alarma cerebral sea más sensible. Si a esa vulnerabilidad biológica se añaden factores ambientales estresantes, el riesgo aumenta.

El sistema GABA: el freno cerebral bajo la lupa

Entre los hallazgos biológicos más relevantes destaca la señalización GABAérgica. El GABA (ácido gamma-aminobutírico) es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro: si el sistema nervioso fuera un coche, sería el freno.

Cuando se activan los circuitos de amenaza —amígdala, corteza prefrontal y redes límbicas— el GABA ayuda a modular y reducir esa respuesta. Si este sistema inhibidor funciona peor, el "volumen" de la alerta puede mantenerse más alto de lo necesario.

No es casual que ansiolíticos clásicos como las benzodiacepinas potencien los receptores GABA: genética y farmacología apuntan a la misma vía biológica.

Además, los análisis mostraron expresión genética relevante en todas las grandes regiones cerebrales, lo que refuerza que la ansiedad no depende de un único circuito, sino de redes distribuidas.

Ansiedad y depresión comparten parte del riesgo

El estudio confirma una realidad clínica conocida: la ansiedad suele coexistir con depresión. Mediante regresión de desequilibrio de ligamiento (LDSC), los autores hallaron correlaciones genéticas sustanciales entre ansiedad, depresión mayor y rasgos como el neuroticismo.

En términos simples, comparten parte del "cableado biológico". No son el mismo trastorno, pero sí comparten componentes genéticos, lo que ayuda a explicar los síntomas mixtos en muchos pacientes.

La prevalencia tampoco es menor: hasta el 25% de la población desarrollará algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida, según el propio artículo.

España: una epidemia silenciosa en Atención Primaria

Los datos nacionales refuerzan la magnitud del problema. Según el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2024, publicado en diciembre de 2025, el 35,6% de la población tiene registrado algún problema de salud mental en Atención Primaria, siendo los más frecuentes los trastornos de ansiedad con 111,3 casos por cada 1.000 habitantes.

En menores de 25 años, la ansiedad alcanza 34,6 por 1.000 habitantes, y ha aumentado un 36,4% desde 2016.

Dado que el genoma poblacional no cambia en menos de una década, este incremento no puede atribuirse a genética. Lo que ha cambiado es el entorno: presión académica, hiperconectividad, precariedad, alteraciones del sueño, incertidumbre económica. La genética marca vulnerabilidad; el ambiente actúa como detonante.

Genes no son destino

Los estudios de gemelos sitúan la heredabilidad de la ansiedad entre el 30% y el 50%, lo que implica que al menos la mitad del riesgo depende de factores no genéticos.

La Organización Mundial de la Salud ha señalado el impacto del estrés crónico y los determinantes sociales en la salud mental (WHO, 2022). Además, metaanálisis recientes en The Lancet Psychiatry muestran que la actividad física regular reduce de forma significativa los síntomas de ansiedad, con tamaños de efecto clínicamente relevantes.

Desde el punto de vista neurobiológico, el ejercicio mejora la plasticidad sináptica y modula el equilibrio entre neurotransmisores excitadores e inhibidores. Es decir, fortalece el sistema de regulación emocional.

Un avance relevante, pero no definitivo

El trabajo publicado en Nature Genetics supone un avance decisivo en la comprensión biológica de la ansiedad: identifica 58 señales genéticas, confirma el papel del sistema GABA y muestra su solapamiento con otros trastornos internalizantes.

Pero también deja claro que la ansiedad no está "escrita en el ADN". Surge de la interacción entre múltiples variantes de efecto pequeño y un entorno que puede potenciar o amortiguar esa vulnerabilidad.

En un país donde más de un tercio de la población tiene registrado algún problema de salud mental y la ansiedad lidera las consultas, entender su base biológica es clave para abordarla mejor.

Porque si el cerebro dispone de un sistema de alarma, la cuestión no es solo qué genes lo regulan, sino en qué condiciones sociales estamos obligándolo a permanecer encendido.

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