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Fujifilm X-E5: probamos una de las cámaras más bonitas del mercado y os explicamos por qué nos gusta tanto

Nos llevamos la X-E5 al centro de Madrid y por Londres para probar una de las cámaras más interesantes del mercado fotográfico.

Es pequeña, elegante, divertida de usar y más potente de lo que podría pensarse a priori: Libertad Digital prueba la Fujifilm X-E5 por Madrid y por Londres para ofreceros una visión general y sin excesivos tecnicismos de una de las cámaras más bonitas e interesantes de una de las empresas que está haciendo apuestas más diferentes en el mercado fotográfico.

Se trata de una cámara perfecta para llevarla casi siempre encima, por su tamaño y también por su estética, para eso que se llama "fotografía callejera" –aunque es más habitual usar el término en inglés, street photography–, y que resulta también perfecta para los viajes. Su diseño tipo telemétrico, con visor lateral y líneas limpias, no sólo la hace visualmente atractiva, sino que también favorece una experiencia discreta a la hora de fotografiar en espacios urbanos, algo fundamental en este tipo de disciplina.

La X-E5 es una cámara de tamaño compacto, de óptica intercambiable y con un sensor X-Trans CMOS 5 HR, la última generación de los sensores de Fujifilm, de 40 megapíxeles y tamaño APS-C. Este sensor destaca no sólo por su elevada resolución, sino por el patrón de color X-Trans, diferente al clásico Bayer, que reduce la aparición de moiré y mejora la reproducción del detalle fino sin necesidad de un filtro de paso bajo. El resultado son imágenes muy nítidas, con una excelente reproducción cromática y un rango dinámico amplio, especialmente útil en escenas de alto contraste como las que encontramos en calles soleadas o interiores con iluminación complicada.

La cámara incorpora además el procesador X-Processor 5, que no sólo agiliza el rendimiento general, sino que mejora el enfoque automático gracias a sistemas de detección de fase integrados en el sensor y a algoritmos basados en inteligencia artificial capaces de reconocer sujetos como personas, animales o vehículos. En la práctica, el enfoque es rápido, preciso y fiable incluso en condiciones de luz escasa, algo que hemos podido comprobar tanto en exteriores nocturnos como en interiores.

La hemos probado además con el objetivo Fujinon XF23mm F2.8 R WR, creado específicamente para esta cámara y que ofrece una distancia focal equivalente a 35mm en formato completo, una de las focales más versátiles para fotografía callejera y documental. Su característica más destacada puede ser, no obstante, su tamaño muy reducido que lo ubica en la categoría de lo que en fotografía se denomina pancake, es decir, objetivos "tortita" que sobresalen muy poco del cuerpo de la cámara y convierten nuestro equipo en uno extremadamente compacto. A pesar de su tamaño, ofrece una gran calidad óptica, buena nitidez desde aperturas medias y un comportamiento muy equilibrado en cuanto a distorsión y aberraciones.

Además, una de las cosas que nos ha dejado claro probar la cámara es que ambos elementos técnicos funcionan muy bien en conjunto: se nota que el objetivo está pensado para trabajar con ese sensor de alta resolución, y el resultado son imágenes con gran nivel de detalle, colores muy característicos y una sensación de tridimensionalidad muy atractiva.

En términos de construcción, la X-E5 transmite robustez pese a su tamaño. El cuerpo combina aleaciones metálicas y un diseño cuidado que refuerza su carácter premium. La ergonomía está bien resuelta: el agarre, aunque discreto, es suficiente para un uso prolongado, y la disposición de los diales –velocidad, compensación de exposición y el dial frontal configurable– permite trabajar de forma muy intuitiva. La cámara también cuenta con pantalla trasera abatible, útil para disparar desde ángulos bajos o altos sin llamar demasiado la atención.

Uno de los elementos más distintivos es el dial dedicado a las famosas simulaciones de película de Fujifilm. Estas simulaciones –como Provia, Velvia, Astia o Classic Chrome– forman parte del ADN de la marca y permiten obtener imágenes con una estética muy definida directamente en JPG. No se trata sólo de filtros, sino de interpretaciones cuidadas del color y el contraste inspiradas en emulsiones químicas históricas de la propia Fujifilm. Para quienes disparan en RAW, estas simulaciones pueden aplicarse posteriormente en programas como Lightroom, manteniendo una base de trabajo coherente y flexible.

En el apartado de vídeo, aunque no es su enfoque principal, la cámara ofrece grabación de alta calidad, con buena definición y perfiles de color avanzados como F-Log, lo que amplía sus posibilidades para creadores híbridos que combinan fotografía y vídeo en un mismo equipo.

En conjunto, se trata de una cámara muy recomendable, que aporta calidad de imagen, personalidad estética, carácter propio y un tamaño perfecto para estar siempre con nosotros. La Fujifilm X-E5 no es sólo una herramienta técnica competente, sino también un objeto que invita a salir a la calle y disfrutar del acto de fotografiar, algo que, al final, es uno de los mayores valores que puede ofrecer una cámara.

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