El feminismo ha muerto. ¡Viva el mulierismo!
La deriva del feminismo lo ha convertido en su propia antítesis: un movimiento que infantiliza a las mujeres y las convierte en clientela electoral de un Estado paternalista.
Es una paradoja –desde Hannah Arendt a Carmen Martín Gaite pasando por Ayn Rand– que las mujeres más feministas son las que declaran que no son feministas.
Arendt, Rand y Martín Gaite eran mujeres que pensaban por ellas mismas en cuanto individuos, no como sectarias seguidoras de unas iluminadas que, como Simone de Beauvoir, tratan de decirle a las mujeres cómo hablar, comportarse y pensar.
Creo que hay que reivindicar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres ya que sigue habiendo ámbitos de discriminación y misoginia, no digamos en países fuera de Occidente, pero el término "feminismo" ha sido capturado por la izquierda hegemónica hasta convertirse en lo contrario de lo que pretendía. Ser feminista de izquierda es hoy una forma de machismo inverso, que trata a las mujeres como una mezcla entre discapacitadas y menores de edad mental que necesitan de la guía del Estado, convertido en un patriarca burocrático.
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