Arman es en realidad Armando Pedro Fernández. Un artista nacido en Niza en 1928 influenciado por las costumbres mediterráneas de su madre – nacida en España – y orientado hacia las artes por su padre, pintor aficionado y violonchelista de profesión.
Considerado como una de las figuras más sorprendentes del arte del siglo XX, Arman se introdujo en los círculos artísticos de la década de los ´60 gracias a la provocación de sus composiciones, en las que introdujo elementos como cubos de basura, combustiones y acumulaciones de objetos reciclables. Las creaciones, incomprensibles para muchos, son para Arman una metáfora del consumismo y sus fases: producción, acumulación y destrucción.
El periodo de acumulación, que ocupa las primeras salas del recorrido expositivo, cuenta con la presencia de las manos de muñecas en “Así son, son...” (1960), las cámaras fotográficas de la obra “Clic-clac Kodak, hurra” (1961) o las muletas del irónico y desgarrado “En Lúrdes”, composición de 1962.
La fase de almacenamiento cuenta con piezas como “Maratón en Nueva York” – esta obra de 1978 presenta en una pared una reiteración de zapatillas -, y la última etapa, la de destrucción, expone composiciones como “NBC Rabia” (1961) y “Acorde mayor” (1962). En esta parte del proceso creativo Arman rompe una acumulación de objetos que, en la mayoría de los casos, suelen ser instrumentos de música.
El estilo de Arman se aproxima mucho a movimientos artísticos como el Surrealismo y la poesía visual.
