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EN DOS VOLÚMENES

Editan una biografía sobre la vida desconocida de Gaudí

La especialista Ana María Ferrin ha completado una biografía del arquitecto Antonio Gaudí, que recoge documentos e imágenes inéditas fruto de quince años de investigación y en la que reconstruye pasajes nada conocidos de su vida, como el noviazgo con una joven de Mataró.

L.D. / EFE.- Ferrin, empresaria informática y gaudinista de vocación, ha comentado a Efe que esta biografía, estructurada en dos volúmenes, "Gaudí. De piedra y fuego" y "Gaudí, la huella del genio", es "un trabajo que arranca de la fascinación que Gaudí y su obra me produjo en mi infancia y que se concretó con una investigación sistemática desde 1986".

Las pesquisas de Ferrin se iniciaron en la ciudad natal del arquitecto, Reus, también en Riudoms, y "allí encontré pequeñas referencias de un amor imposible que tuvo en su juventud". Este rastro, ha añadido, le condujo a Mataró, donde ha podido encontrar imágenes gráficas de este amor platónico, Josefa Moreu Fornells, la Pepeta, quien "no sólo respondió con una negativa a las peticiones de matrimonio del joven Gaudí, sino que después se casó con otros tres hombres". En la biografía se incluyen numerosas fotografías de la Pepeta desde cuando tenía 25 años hasta los 80 años, así como de sus hijos y otros descendientes.

Ferrin ha desvelado asimismo otro episodio oscuro, la estancia de Gaudí en Vic, adonde llegó tras una larga depresión y de la que surgieron dos obras importantes que luego se demolieron. La autora ha conseguido fotografías de la familia que le acogió y del lugar donde estuvo, una habitación de un palacete del siglo XVII.

La biógrafa analiza también la "fobia" que Gaudí tenía a Castilla y los castellanos, y que atribuye, como ha podido documentar en el archivo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, a las trabas que la administración puso a Gaudí cuando trabajaba en la remodelación del Palacio Episcopal de Astorga (León). "Fueron tantas las dificultades que la administración puso a Gaudí, obligándole a modificar los planos, que finalmente acabó sin cobrar y sin acabar toda la obra", apunta. De aquella mala experiencia, quedó, según Ferrin, "un poso de resentimiento que duraría toda la vida, hasta el punto de que al final de su vida se negaba a hablar en castellano, incluso en la visita del rey Alfonso XIII a Barcelona".

Ironías del destino quisieron que Gaudí, que nunca escondió su fijación "contra las gentes del norte y los uniformados", fue atendido cuando fue atropellado por un tranvía por un hombre que le acompañó hasta el Hospital de Sant Pau, un hombre que -según la autora- era gallego y guardia civil recién destinado a Barcelona".

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