L.D. / EFE.-
La reedición de su poemario "Así se fundó Carnaby Street", que publica ahora Huerga y Fierro, y la lectura de sus versos -esta jueves en el Círculo de Bellas Artes- le han permitido a Panero (Madrid, 1948) salir unas horas del Clínico de San Carlos, un tiempo que aprovechó para "derrumbarlo todo", incluso, su propia obra, porque "la biología, la política, la psiquiatría o la fe son mentiras siniestras del lenguaje". "Yo, me creí un poeta del pueblo o un poeta novel, y no he sido ninguna de las dos cosas", dijo Panero, un escritor que no quiere hablar del pasado, -"no guardo las muescas de mis pistolas", señala- y que increpa a críticos y lectores para que no confundan sus versos con su "torpe biografía". Es más, "me arrepiento de mi vida", dice.
"He matado a Luis Rosales, me hubiera cargado a la Humanidad entera... Pero Dios me perdona... Además, el que tiene que ir a juicio soy yo", comenta Panero mientras enciende un cigarro con otro y se arroja sin querer un refresco más sobre la camisa. "La coca cola nunca me falla como la censura", dice entre risas este poeta, uno de los grandes autores de la poesía contemporánea española descubierto por Gimferrer en la antología de los "Nueve Novísimos".
"Los locos no son como los hipócritas, sino que tienen la perniciosa manía de decir siempre la verdad", sentencia Panero cuya obsesión literaria se encuentre precisamente ahí, en los límites entre verdad y ficción, locura y realidad, vida y muerte.
Autor de "Poemas del Manicomio de Mondragón y Teoría", "Narciso", "Last River together" y traductor de Lewis Carroll o Edgar Allan Poe, Panero -quien dice que no se quiere "arriesgar a querer a nadie" porque un día conoció a un joven "suave como el peligro"-, está convencido de que le "han querido quitar la vida eterna para que no resucitara y todo, por una ficticia apariencia de normalidad".
Por eso, y aunque él dice no estar loco, aunque achaque sus prolongadas estancias en los manicomios de Canarias, Madrid o Mondragón a su cirrosis, comenta que la esquizofrenia le hace ver la realidad y comprender que ya no le queda "nada, ni amigos, ni obra ni espíritu" y saber que, como decía Dante, "la destrucción fue mi Beatriz, la muerte es mi Beatriz".
Panero comentó que sigue escribiendo y que entre sus proyectos están varios poemarios, uno titulado "Madreselvas en flor", otro "Teoría del miedo" y el más cercano a publicar "Estudio sobre el estiércol". Sin embargo, no está a gusto. "Me quiero ir de este país de locos y escribir 'La Odisea' en París", comenta sobre España el poeta al que la crítica ha tildado de "apocalíptico", un país en donde "viven fracasados y mediocres, bolcheviques y mencheviques". "Puedo decir lo que quiera, hasta que el Papa viene a España para ver si se muere entre ladrones. A los locos se les habla pero no se les escucha. No es que sea el oráculo de Delfos pero me gusta el enigma de la vida", una vida que, eso sí, pide a Dios que sea "muy larga".
"He matado a Luis Rosales, me hubiera cargado a la Humanidad entera... Pero Dios me perdona... Además, el que tiene que ir a juicio soy yo", comenta Panero mientras enciende un cigarro con otro y se arroja sin querer un refresco más sobre la camisa. "La coca cola nunca me falla como la censura", dice entre risas este poeta, uno de los grandes autores de la poesía contemporánea española descubierto por Gimferrer en la antología de los "Nueve Novísimos".
"Los locos no son como los hipócritas, sino que tienen la perniciosa manía de decir siempre la verdad", sentencia Panero cuya obsesión literaria se encuentre precisamente ahí, en los límites entre verdad y ficción, locura y realidad, vida y muerte.
Autor de "Poemas del Manicomio de Mondragón y Teoría", "Narciso", "Last River together" y traductor de Lewis Carroll o Edgar Allan Poe, Panero -quien dice que no se quiere "arriesgar a querer a nadie" porque un día conoció a un joven "suave como el peligro"-, está convencido de que le "han querido quitar la vida eterna para que no resucitara y todo, por una ficticia apariencia de normalidad".
Por eso, y aunque él dice no estar loco, aunque achaque sus prolongadas estancias en los manicomios de Canarias, Madrid o Mondragón a su cirrosis, comenta que la esquizofrenia le hace ver la realidad y comprender que ya no le queda "nada, ni amigos, ni obra ni espíritu" y saber que, como decía Dante, "la destrucción fue mi Beatriz, la muerte es mi Beatriz".
Panero comentó que sigue escribiendo y que entre sus proyectos están varios poemarios, uno titulado "Madreselvas en flor", otro "Teoría del miedo" y el más cercano a publicar "Estudio sobre el estiércol". Sin embargo, no está a gusto. "Me quiero ir de este país de locos y escribir 'La Odisea' en París", comenta sobre España el poeta al que la crítica ha tildado de "apocalíptico", un país en donde "viven fracasados y mediocres, bolcheviques y mencheviques". "Puedo decir lo que quiera, hasta que el Papa viene a España para ver si se muere entre ladrones. A los locos se les habla pero no se les escucha. No es que sea el oráculo de Delfos pero me gusta el enigma de la vida", una vida que, eso sí, pide a Dios que sea "muy larga".
